Otoño, una pira bestial

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Hay días que una foto es más que mil colores. También huele. Pero no a leña chamuscada ni a monte quemado como hoy apesta en Galicia, Asturias y Portugal. Quizá, si le echamos imaginación al asunto, la imagen de arriba podría obsequiarnos con su aroma de naturaleza viva. El bosque húmedo en otoño es un lujo bestial y, por fin, ha llegado. Llueve y el paisaje se enciende como una pira imponente.

El poeta Octavio Paz escribió: “En llamas, en otoños incendiados, arde a veces mi corazón, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta!”.

Así es. Estamos en el inicio de esta estación multicolor. Momento para abrirse a todo lo que suena y se mueve. Preparados para lo mucho que huele y para todo lo que puede saborearse. Días de luz suave y de humedad, el tiempo nos ofrece una oportunidad para recuperar el sentido de los sentidos, o como dijo el naturalista Joaquín Araujo “serás de la vida como la vida es del tiempo”. Aprovechemos esta lluvia y este sol con su luz crepuscular para acercarnos al invierno gélido.

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Refugiados, el gran fracaso europeo

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OZAN KOSE/AFP

Aunque las señales del fracaso aparecieron el mismo día de la votación, nadie pensó que de los 160.000 refugiados que la UE se comprometió a reubicar entre 2015 y 2017 sólo alcanzaría a 28.242, el 18% del número de personas inicialmente acordado. Ayer concluyó el plazo del acuerdo vinculante firmado por todos los estados europeos, excepto República Checa, Hungría, Eslovaquia y Rumanía, y sólo Malta, cuya cuota era de 137 personas, ha cumplido su palabra. Finlandia se ha quedado cerca, con un 92% de las personas reubicadas respecto a la cuota establecida. Estas cifras evidencian el rotundo fracaso del compromiso adoptado por la UE para atenuar el drama que cada día golpea a miles de refugiados que esperan agolpados en campos improvisados de Grecia e Italia. En el otro extremo se encuentran, además del bloque de países centroeuropeos, España, Francia y Austria que no alcanzan ninguno de ellos ni el 20% de las cuotas de reubicación que tenían asignadas. Llama la atención el caso español que de los 17.337 refugiados que se comprometió a acoger en 2015 sólo ha recibido a 1,910 personas, el 14% de su cuota.

Desde hace algunos meses, el decepcionante desenlace era esperado por organizaciones que trabajan sobre el terreno como el Comité español de ayuda al refugiado (CEAR), Médicos sin Fronteras (MSF), Intermón Oxfam o Acnur. “Claramente es una vergüenza que pone de manifiesto la falta de voluntad de los Estados para asumir un compromiso de colaboración para aliviar la situación en Grecia e Italia y un drama humanitario”, censuró ayer la responsable de CEAR, Estrella Galán.

El compromiso de acoger a 160.000 refugiados confinados en campos de reclusión de Grecia e Italia se tomó en el Consejo Europeo pocas semanas después de la espeluznante imagen del niño sirio Aylan Kurdi, ahogado ante los ojos atónitos del mundo en la orilla de una playa turca. La crudeza de la fotografía tuvo un efecto punzante sobre la conciencia de las autoridades europeas que decidieron sacar adelante la iniciativa pese al voto en contra de países como Hungría y Polonia. A golpe de tragedia y de emergencia humanitaria, se creó un complejo mecanismo de reubicación de refugiados que trataba de redistribuir a las miles de personas que en 2015 seguían llegando, como Aylan, a través del Mar Egeo entre Turquía a Grecia, y por el Mar Mediterráneo desde Libia a Italia. Se impuso que cada uno de los 28 estados aceptara la acogida de una cifra específica de refugiados en función del peso de su PIB en el conjunto de la UE. A España, por ejemplo, le correspondieron 16.231 personas; a Alemania, algo más de 31.000; y a Francia, 24.000.

De forma paralela, los países confirmaron el compromiso no vinculante de reasentar a más de 20.000 personas refugiadas en campos de Jordania, Líbano y Turquía donde hoy habitan casi dos millones de seres humanos huidos de las guerras. El Gobierno de España aprobó traer a 1.449 personas pero, de momento, sólo han llegado 631.
El principal argumento difundido en el seno de la UE para justificar el fracaso de esta política ha sido la baja cifra de personas preparadas para ser reubicadas. Sin embargo, organizaciones como Acnur han criticado los “férreos requisitos” que los Estados receptores están imponiendo a los solicitantes de refugio para que puedan beneficiarse del programa. Además, según CEAR, también se ha bloqueado la reubicación a personas de nacionalidades que superaban una tasa de reconocimiento de protección internacional. Este criterio ha favorecido a las personas originarias de Siria, Eritrea o Yemen pero se ha convertido en un obstáculo insalvable para otros en similares situaciones procedentes de Afganistán, Irak, Sudán o Nigeria. Por este motivo, hay unos 10.000 procedimientos de asilo paralizados sobre la mesa de las autoridades de migración europea.

En un comunicado urgente difundido ayer, la Comisión Europea recordó a los países que se comprometieron en septiembre de 2015 a reubicar a 160.000 refugiados que “es apremiante que los Estados miembros sigan con el proceso incluso después del 26 de septiembre”. Desde las organizaciones humanitarias son más críticos. CEAR considera que “los países de la UE parecen haber dejado de lado el derecho de asilo. Y no sólo aquellos gobiernos con un discurso claramente xenófobo sino casi todos. Hay una falta de voluntad política para cumplir con ese compromiso”.

Publicado en El Telégrafo

La xenófoba Afd amarga la victoria de Merkel

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La eurodiputada de AfD, Beatrix von Storch. FOTO:Reuters

El avance de la extrema derecha en Alemania ensombrece el panorama de alianzas a las que deberá que enfrentarse la victoriosa Angela Merkel para gobernar sin sobresaltos. Por primera vez desde la II Guerra Mundial, un partido racista y xenófobo como Alternativa para Alemania (AfD) irrumpe en el Bundestag tras las elecciones federales y lo hace con una fuerza arrolladora: con el 13% de los votos y 93 de los 690 diputados. Con estos resultados sobre la mesa, no resulta extraño que se hayan accionado todas las alarmas en un país hipersensibilizado con las ideologías que exaltan la pureza de la raza aria y su destino manifiesto, especialmente las de la minorías turcas y judías que ven en su florecimiento una especie de resurrección del nazismo.

La AfD, que ayer juró y perjuró que los mensajes xenófobos difundidos durante la campaña no van dirigidos contra judíos ni musulmanes sino contra la migración descontrolada, se ha felicitado por el éxito en medio de profundas divisiones internas. La más evidente se produjo durante la rueda de prensa de ayer cuando su copresidenta, la empresaria Frauke Petry, anunció por sorpresa que no formará parte del grupo parlamentario de su partido. Petry se levantó de la silla que ocupaba y dejó plantados a sus compañeros de formación en el preciso momento en el que trataban de responder a los recelos que sus resultados han provocado en la sociedad alemana. Con cara de palo, el candidato ultraderechista a la cancillería germana, Alexander Gauland, sólo acertó a decir amenazante que “vamos a acosar al gobierno. Vamos a por Angela Merkel”.

Los analistas se estrujaban ayer las meninges para dar una explicación razonable sobre el espectacular crecimiento electoral de la ultraderecha y la conclusión más generalizada es que la mayoría de los votantes de la AfD no son simpatizantes neonazis “sino gente desencantada con Merkel y que está contra la migración y el sistema político en general”, explicaba ayer en su edición especial la prestigiosa revista Der Spiegel.

Divididos o no, la irrupción de la ultraderecha en el Bundestag ha supuesto un trago amargo para la indiscutible ganadora, la CDU de Angela Merkel, debilitada en esta ocasión por la política migratoria. Los optimistas democristianos celebraban ayer que, pese al desgaste sufrido por la Canciller, el suyo ha vuelto a ser una contundente victoria, la cuarta desde 2005. El 33% de los votos y los 239 escaños logrados, permiten al CDU volver a formar un gobierno de coalición pero ahora con las opciones limitadas a una única combinación, la que presumiblemente alcanzará con los liberales del FDP, 10,4 % de votos y 77 diputados; y Los Verdes, 9% y 65 asientos.

Los socialdemócratas del SPD se autoexcluyeron de cualquier alianza con la CDU tras conocer su estrepitosa debacle, el 20,8% de los sufragios emitidos y 150 diputados, cinco puntos menos que en 2013. El descalabro sufrido Martin Schulz, cuyo resultado es el peor de la SPD desde 1945, deja en una situación crítica al partido más antiguo de Alemania y el referente ideológico para toda la socialdemocracia europea. Al igual que está sucediendo en otros países europeos en los últimos años de crisis social en el seno de la UE, el electorado ha vuelto a escorarse hacia los partidos extremistas de derecha. En la izquierda, sólo la fuerza radical Die Linke, que obtuvo el 9% de los votos y 66 escaños, logró aguantar el tipo ante el retroceso apabullante del bloque progresista.

Todos daban por descontado que Angela Merkel consolidaría su cuarta victoria consecutiva al frente del partido conservador. Después de doce años de gobierno, muchos auguraban un descenso de apoyo pero el 33% cosechado por la Canciller%, ocho puntos menos que en 2013, es el peor resultado de su dilatada historia y el más bajo de la CDU desde 1949. Todo un síntoma de que la agonía puede haber comenzado.
Pero Merkel es un panzer político que parece crecerse ante las adversidades. En su primera comparecencia tras la jornada electoral anunció que su objetivo inmediato es “recuperar el millón de votos que han ido a parar a la ultraderecha a través de una buena política que soluciones los problemas de la gente”. Sonriente, la canciller indicó con una seguridad apabullante que sabrá encajar las piezas del puzzle para formar un gobierno estable.

Publicado en El Telégrafo

Alemania, a las urnas

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Contra las apariencias y leyendas que acompañan al pueblo germano, la experiencia no lo es todo en Alemania. Eso debe pensar Martin Schulz, el candidato del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) a ocupar la Cancillería de su país tras las elecciones de hoy, al comprobar que ni la destreza mostrada en sus cinco años al frente de la Eurocámara ni la asombrosa capacidad de adaptación de su partido le están sirviendo para recortar la distancia sideral que le lleva Ángela Merkel en todos los sondeos. “Quien se guía por las encuestas, renuncia a sus principios y se acomoda. Yo no hago eso”, declaró hace unos días en una entrevista al canal internacional germano Deutsche Welle.

Pero las cifras no admiten discusión. Los sondeos sitúan al partido de Schulz entre el 20% y 24% de los votos, una cruel horquilla que separa el hundimiento total de una dulce derrota pero derrota al fin y al cabo. Si hoy no supera el récord negativo de 23 puntos obtenidos por el SPD en 2009 será su tumba política pero si iguala el 25% logrado por Peer Steinbrück hace cuatro años le quedará el consuelo de culpar a los efectos perniciosos de haber sido el socio minoritario de los gobiernos de Merkel durante los últimos 12 años. Pese a que en política nadie puede dar por perdida unas elecciones de antemano, lo de plantar cara a la democristiana CDU de Merkel se antoja para la SPD de Schulz como un sueño irrealizable. Su desventaja alcanza ya guarismos desorbitados, hasta de 16 puntos, que sitúan a la socialdemocracia germana al borde del despeñadero.

A falta de argumentos convincentes para mantener la moral de su tropa persuadida con la remontada, el ex presidente de la Eurocámara ha comenzado a atizar la quimera de los indecisos, un ejército de votantes que, según el instituto Allensbach, representan el 40% del electorado. Schulz defiende que gran parte de esas boletas inciertas finalmente caerán de su lado para convertirle hoy en el nuevo canciller de Alemania.

No deja de parecer la reacción de un náufrago sentenciado. Un rotativo alemán comparaba esta semana su afán de superación con la que mostraba Hitler en una escena de la película El ocaso en la que, con todo perdido, explicaba a su Alto Mando como los soldados del general Wenck podían romper el sitio definitivo del Ejército Rojo sobre Berlín y ganar la guerra.

Más allá de comparaciones más o menos acertadas, el problema que ha encontrado el SPD para convertirse en una fuerza real de gobierno en Alemania no ha sido la figura un tanto desgastada de Schulz ni siquiera la falta de credibilidad de su desesperado mensaje por recuperar los principios de justicia social que encumbraron a la socialdemocracia como la mejor alternativa al liberalismo estadounidense y al comunismo soviético después de la II Guerra Mundial. Los analistas no dudan que el pecado mortal del SPD es que ha sido socio minoritario de Merkel en la Grasse Koalition (Gran Coalición) durante dos legislaturas. Es más, algunos de los más reputados especialistas en política germana aseguran que si la actual canciller se convirtió en 2005 en la primera mujer en llegar al poder en la historia del país se debió, en parte, al descontento provocado en la clase trabajadora los severos recortes al Estado del Bienestar realizados por su antecesor, Gerhard Schröder.

Aunque a principios de este año se anunció que el candidato del SPD sería Martin Schulz, los socialdemócratas vivieron un renacer maravilloso donde incluso los sondeos llegaron a ponerles casi a la par del bloque conservador que representan el CDU y el CSU liderado por Merkel. Pero todo resultó como la eclosión de flores en primavera. Transcurridas unas pocas semanas el efecto Schulz se evaporó y prueba de ello fueron los resultados catastróficos obtenidos por el SPD en tres elecciones regionales de indudable importancia moral para los socialdemócratas. Desde entonces, el esfuerzo del ex presidente del Parlamento europeo ha sido colocar en el centro del debate la justicia social aunque con escaso éxito.

Por su izquierda hay un partido que le ha despojado de ese discurso como el Die Linke, que se juega el tercer puesto en el Bundestag, el Parlamento alemán, con el Partido Demócrata Liberal (FDP), la derechista y xenófoba AfD, y los ecologistas Verdes. Por si fuera poco, los socialdemócratas alemanes han seguido cayendo en la misma indecisión de sus últimas y sonoras derrotas sobre su propuesta concreta de cambio en la política social, quizás, para no ahuyentar al electorado más centrista del partido. Y a nivel interno, ni siquiera se plantea la fórmula de intentar buscar una alianza de gobierno con los Verdes y Die Linke. Una opción que muy probablemente existirá en el Bundestag tras la reconfiguración de 630 escaños que emanen de las elecciones de hoy. Una alternativa matemática pero no política. Y es que la mayoría de los que casi 45 millones de alemanes que acudan a las urnas defienden esta peculiar estabilidad que encarna la canciller Angela Merkel. Incluso se inclinan por la continuación de la Gran Coalición.

El único debate televisado entre los dos principales candidatos celebrado hace dos semanas, la actual jefa de Gobierno y su principal rival dejaron claro que sus respectivos partidos están atrapados en la alianza que forjaron en 2005. Al SPD de Martin Schulz le falta fuerza propia y al CDU/CSU de Merkel un poco de coraje para romper ese consenso.

Publicado en El Telégrafo

Wanders inaugura hoy el Zinemaldia

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El Festival de Cine de San Sebastián acoge desde hoy y por espacio de nueve días el certamen cinematográfico más atractivo que se lleva a cabo en España. Creado hace 64 años con la ingenua idea de promocionar el talento creativo de realizadores subyugados por la dictadura franquista, y de paso aportar también un cierto glamour fílmico a una aplatanada ciudad tras el verano, el Zinemaldia ha terminado dando cobijo a una lluvia de estrellas como una forma de reclamo más rentable aún que la cirugía. Este año habrá más películas, más secciones y también más invitados.

Por la alfombra roja de este año desfilarán actores como Ricardo Darín, la encantadora Monica Bellucci, el arrollador Arnold “Terminator” Schwarzenegger, que llega al certamen con un documental sobre la contaminación de los fondos marinos; el californiano James Franco, que presenta su divertido film The disaster artist; John Malkovich, un asiduo a este certamen que, además, preside el jurado en esta edición; y directores como el fascinante Wim Wenders, cuya última película, Submergence, y su actriz principal, la sueca Alicia Vikander, inauguran el festival y concurren al gran premio del festival, la Concha de Oro, con otros 18 trabajos de diferentes lugares del mundo.

Por supuesto, también habrá representación de América Latina aunque no de Ecuador. La producción latinoamericana tiene aquí un apartado especial, destinado a que cineastas desconocidos se hagan con un lugar al sol de este proceloso negocio. En total, nueve días de puro cine con 213 películas programadas en diez secciones diseñadas para hacer volar los sueños.

Cada año, se lo ponen más difícil al cinéfilo es este certamen si no quiere perderse un título sabroso en la maratón. Entre las favoritas está Handia, una producción vasca que narra la historia de un gigante de más de dos metros de estatura en un mundo rural envuelto en colinas verdes y rebaños de ovejas. Tendrá como rivales duros de pelar a Life and Nothing More, de Antonio Méndez Esparza, el drama familiar de un joven con exceso de responsabilidad; y The wife, una producción sueca interpretada por Glenn Close y Jonathan Pryce. El jurado de Malkovich tiene una compleja tarea por delante.

Mucho glamour a partir de hoy en Donostia pero sin menoscabar la calidad en un certamen que ya ocupa el octavo lugar entre los 14 festivales catalogados de categoría A que hay en el mundo. 40 de las películas que se podrán ver en esta edición serán estrenos mundiales, 12 internacionales, 22 europeos y 55 españoles, datos muy parecidos a los del año pasado y que demuestran que el Zinemaldia sigue teniendo músculo cinematográfico. La prueba es que las 60.000 entradas que salieron a la venta el primer día se agotaron al atardecer. Largas colas para conseguir un lugar en la sala oscura que tanto hace soñar.

De hecho, pasear por las calles de San Sebastián durante estos días es sumergirse en la capital mundial del cine. Se respira por los poros que ha abierto el festival. Hasta el veterano cineasta británico Terence Davies ha anunciado que arribará a la ciudad durante esta semana para presentar su nueva película A Quiet Passion, como ya hiciera el pasado año con la lírica Sunset Song. “Iré porque es mi festival favorito del mundo”, asegura el realizador.

Y claro, los organizadores descuentan los segundos que faltan para el inicio de la ceremonia cinematográfica más internacional de España. Todo sea por devolver al entusiasta público la vibrante excitación de la espera. “El cine es el único arte capacitado para desgarrar las costuras de la razón y de hacernos entender mediante la emoción”, escribió una vez el genio ruso, Andrei Tarkovski. Pues que así sea.

Publicado hoy en El Telégrafo

 

Catalunya, 20 de septiembre

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La detención de 14 altos cargos del Gobierno catalán provocó ayer un incendio social en Cataluña que a estas horas parece fuera de control. Miles de personas salieron a las calles de Barcelona y de otras ciudades como Madrid para protestar contra lo que consideran “el mayor ultraje a los derechos civiles cometidos por una democracia en Europa”.

La orden de arresto contra los miembros del Govern -entre los que se encuentran el número dos del departamento de economía, el secretario de Hacienda y el máximo responsable del Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CCTI) de Cataluña- y destacados colabores partió a primera hora del día de un juzgado de Barcelona que consideró que el momento de cortar por lo sano “con un proceso de sedición”, penado con hasta 15 años de prisión en España, ha llegado. La reacción de miles de personas, a favor o en contra de la independencia catalana pero defensores “del derecho a decidir” fue agolparse en torno a los edificios administrativos autonómicos para impedir la entrada de policías dispuestos a proceder a los registros e incautaciones de documentos ordenados por el juez.

Mientras esto sucedía en la capital catalana, en Madrid, el presidente del gobierno Mariano Rajoy daba cumplida cuenta en el Congreso de su acerada posición de impedir la celebración del referéndum el 1 de octubre. Sordo al clamor de un parte nada desdeñable de ciudadanos, en su propio suelo y en Cataluña, que le exigen la apertura de un diálogo para limar asperezas en este encarnizado conflicto territorial, Rajoy se limitó a explicar que la barrida practicada ayer contra el independentismo “se ha hecho por decisión del juez para que se cumpla la ley”.

Horas después de la caótica sesión parlamentaria con la que tuvo que lidiar, el presidente español anunció la convocatoria de una reunión de urgencia en La Moncloa con los líderes de dos de los tres principales partidos de la oposición, el socialista Pedro Sánchez y el neoliberal Albert Rivera. A la cita no fue invitado Unidos Podemos, tercera formación del país y partidaria de negociar un referéndum de autodeterminación en Cataluña, ni tampoco ninguna de las fuerzas nacionalistas con representación parlamentaria. El objetivo era ablandar la postura del PSOE y conformar un monolítico bloque alrededor del gobierno y sus decisiones.

Tras la sesión celebrada el martes en el Congreso, donde la propuesta a favor de la unidad de España, propuesta por Ciudadanos sufrió una auténtica debacle, Pedro Sánchez vuelve a encontrarse en medio de una agonía política digna de Hamlet, con divisiones internas entre los partidarios de defender un diálogo y los que sólo ven en la aplicación de las leyes la panacea de todo.

Desde Barcelona, el president Carles Puigdemont leyó un durísimo comunicado institucional en el que citando directamente al gobierno de España, trató de demostrar que el arresto de 14 miembros de su gabinete es la prueba que enmascara “la suspensión de facto del régimen autonómico” y su sustitución por un “Estado de excepción”. Con profusión de epítetos hacia los registros policiales practicados en centros públicos y domicilios privados, el president catalán concluyó que el Estado está intentando sojuzgar a su pueblo de forma implacable y pone en serio riesgo la democracia de España. “Lo estamos viviendo hoy en Cataluña no se vive ningún otro estado de la Unión Europea”, señaló ante una sala abarrotada y expectante, donde destacaban todos los miembros de su gobierno.

Aunque no lo citó expresamente en su declaración, Puigdemont también se refería al desmesurado celo mostrado por las fuerzas de seguridad en la búsqueda y captura de papeletas y propaganda sobre una consulta suspendida por los tribunales de justicia. En medio del operativo policial realizado ayer también se requisaron en una nave industrial de la pequeña localidad barcelonesa de Bigues i Riells 10 millones de papeletas impresas para votar el 1 de octubre. Ante la magnitud del destrozo político que está causando este enfrentamiento entre legalidad y legitimidad sobre el derecho a decidir en Cataluña, las alcaldesas de las dos principales ciudades de España, la barcelonesa Ada Colau y la madrileña Manuela Carmena, pidieron conjuntamente diálogo a todas las partes porque “haya o no referéndum, todos saldremos perdiendo en las actuales circunstancias”.

El presidente del gobierno también calificó ayer que la actual tesitura es “desagradable” y pidió a su homólogo catalán que ponga la marcha atrás para evitar males mayores, en clara advertencia de que otras medidas de fuerza no han sido en absoluto descartadas.

Publicada en El Telégrafo, Ecuador

Nanga Parbat, la montaña desnuda

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Nanga Parbat significa “Montaña desnuda” en urdu, la lengua pakistaní, debido a que no rivaliza en altitud con otros grandes picos. Este monte es un gigante aislado en la coordillera del Karakórum. Es la novena cumbre más alta del planeta y una de las tres más difíciles de someter. De hecho, junto al K2, jamás ha podido ser escalada en invierno.

Hace más de un año escribía sobre esta montaña para rememorar la hazaña que cinco de los más grandes escaladores del mundo, los polacos Adam Bielecki y Jacek Czech, el vasco Alex Txikon, el italiano Daniele Nardi y el pakistaní Muhammad Ali Sadpara se disponían a realizar bajo unas condiciones meteorológicas extremas. Un reto descomunal y muy arriesgado. Hoy repito algunos de aquellos párrafos para recordar a dos grandes himalayistas como el alavés Alberto Zerain y el argentino Mariano Galván, desaparecidos hace siete días cuando encaraban la arista Mazeno, una complicada cresta de nueve kilómetros de longitud. Si se confirman los nefastos presagios del equipo de rescate que rastrea la zona para localizarlos, ambos murieron el pasado sábado aplastados por una avalancha.

Nanga Parbat, esa piedra nevada que el hombre de la foto observa con admiración y respeto, es una trampa silenciosa de 8.125 metros de altitud. Txikon y Bielecki, dos portentos del montañismo actual, lo intentaron siguiendo la vertiente Diamir, la pared que puede observarse a la derecha de la pirámide rocosa de la foto y que es conocida como la ruta Kinshofer. Es la vía normal, la más protegida de los glaciares que amenazan con descolgarse como bloques de cemento y que el gran Reinhold Messner descartó en el año 2000 por seguir la huella que el británico Albert Mummery dejó impresa en la cara norte antes de desaparecer junto a dos gurkhas en 1895 .

Messner recorrió la montaña de oeste a norte, desde Diamir a Rakhiot, un esfuerzo sobrehumano para conectarse a la misma ruta que utilizó el austriaco Hermann Buhl durante la primera conquista. Fue en vano. La nieve le dejó bloqueado a 7.500 metros de altitud, justo donde arranca el acceso directo hacia la cumbre. Sin embargo, a juicio de Messner, el sueño de Mummery había quedado completado. Mintió el tirolés, o mejor dicho, exageraba. Porque hasta los más grandes exageran. En realidad, ni él ni nadie la ha recorrido en su totalidad. El italiano Simone Moro y el kazajo Denis Urubko lo intentaron en 2014 pero desistieron. Esta montaña come hombres se puso terca y cerró la entrada con temperaturas despiadadas y vientos que sonaban como el relincho de mil potros bravos.

Ahora, de nuevo, el Nanga Parbat ha mostrado su deslumbrante contradicción, la de poseer una belleza magnética que, en ocasiones, reviste de ese silencio sepulcral que precede a un ajuste de cuentas. La expedición de Alberto Zerain y Mariano Galván formaba parte del equipo 2x14x8000, un ambicioso proyecto liderado por Juanito Oiarzabal que intenta repetir por segunda vez la escalada a las 14 montañas más altas de la Tierra.

Para Zerain, hubiera sido su undécimo ochomil. Para Galván, el octavo. Pero la gran montaña se ha obcecado, una vez más, en guardar su inaccesible secreto. Nanga Parbat. La virgen desnuda.