DAFO (por decir algo) sobre el recorte de Zapatero

1. Debilidades
La incertidumbre social, la inconsistencia de Zapatero y el deterioro de su credibilibilidad. Es indudable que el recorte salarial anunciado traerá consecuencias imprevisibles para el futuro de su Gobierno. En primer lugar, la argamasa progresista que el presidente logró formar entorno a su persona comienza a diluirse. Varias de sus banderas electorales, entre las que se encontraba la de mantener el gasto social, han ido a parar a la papelera más cercana. Su decisión ha provocado una zozobra emocional en las clases medias y ha confirmado a los conservadores sus problemas de liderazgo para estructurar una alternativa audaz que reforme el viejo sistema financiero -especulativo-. Ante estos hechos, su imagen ha comenzado un lento e inevitable deterioro hacia la nada. De no variar esta deriva esquizofrénica, Zapatero abandonará La Moncloa cuando el Auténtico Poder despierte. Y lo hará bastante solo, por cierto.
2. Amenazas
Primero, la posible burbuja energética. De Zapatero dependerá que los tránsfugas indemnes del crash inmobiliario que han visto en este sector una nueva veta de oro para forrarse especulando, abandonen idénticas tentaciones como las que iniciaron en España en 1985 y reventaron sin piedad en 2007. Segundo, las inclinaciones oscuras de ciertos sectores económicos para que el sistema financiero español continúe fuera del control del Estado. Modificar este proceso no depende sólo de Zapatero, sino de muchísimos agentes más, entre ellos un aparato judicial desastroso. Y para que todo esto prospere urge  racionalizar el frágil sistema económico español, blindarlo de manejos especulativos -empezando con las cuentas blancas en paraísos fiscales- y reaccionar con rapidez ante los impulsos voraces del mercado.
3. Fortalezas
Un sistema impositivo potente y una moneda fuerte. Con estas dos premisas, la posibilidad de despojarse del  totemismo del déficit público es posible aunque lenta, sobre todo porque la coordinación de ambas variables garantizarían la compra de deuda pública. Por otro lado, la inutilidad de las recetas del FMI y del fundamentalismo de mercado favorecen un nuevo diseño del capitalismo. Es decir, la intervención del Estado en los mercados de valores y posiblemente la subida de los tipos de interés. Estas medidas debilitan a los especuladores, como se demostró en la crisis de Hong Kong, pero también podrían vigorizar la solidaridad del sistema, la única manera de fortalecerlo y alejarlo de las maniobras orquestales en la oscuridad de economía global.
4. Oportunidades
Esta debacle financiera brinda la oportunidad histórica de cambiar el capitalismo. Existen referentes históricos similares donde aprender. Primero, humanizando el idolatrado déficit público, el termómetro que mide la temperatura corporal de nuestro sistema actual. La prueba para relativizar este mantra está en el crash de 1929. Entonces, también se desechó la posibilidad de rebajar su importancia y la economía estadounidense derivó en la Gran Depresión. Segundo, frenando a los especuladores, los verdaderos gérmenes de la inestabilidad financiera. La crisis asiática de los noventa puede servir de inspiración. Tailandia fue el primero en caer por culpa de su codicia. Después vino Indonesia. Luego pusieron en la diana a Corea. Sin embargo, Hong Kong y Malaisia, que venían a continuación, tomaron medidas y decidieron defenderse con un fuerte ataque. Sufrieron pero derrotaron a los especuladores.
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