Intrascendencia súbita

Nada como el inicio de un año para hacer promesas deslumbrantes. Y aún más si, como es este 2011 que acaba de arrancar, es electoral. O sea, nada de actos de contrición sobre los excesos del pasado no vaya a ser que se liberen los aguafiestas habituales antes de la hora y no cejen con sus canciones sobre qué es España, qué es la familia o cómo solucionar esta crisis general. 
Estoy convencido de que durante los próximos meses viviremos un tiempo ambientado por el estribillo de la economía y la cultura del éxito. Alcanfor hasta en la sopa. Los principales intercambios verbales, las acusaciones e incluso los titulares de prensa más formidables llevarán de fondo esta banda sonora. Pensarlo me da un poco de grima. Repele más que esnifar ácido clorhídrico porque lo cierto es que nada ha variado con este cambio universal de dígito.


Durante las navidades estuve a punto de enviar una carta a los reyes magos pidiéndoles cosas realmente imposibles. La misiva empezaba así:

-“Queridas majestades. Como a los políticos de hoy ya nadie les cree, me gustaría que me trajeran otros nuevos pero éstos con certificados de calidad porque los de ahora nunca cumplen con sus promesas”.
Quería mandarla por correo certificado. Para estar seguro de que sería recibida por sus destinatarios y convencerme de que la magia existe de verdad ya que la de 2010, al menos la que conocí yo, solo fue un simple juego de manos. Les dejo una bonita canción que encontré junto a una lámpara maravillosa. 
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