Herencia atómica (I): El sarcófago nuclear

En noviembre de 2010, el fotoperiodista Ángel Navarrete me propone la difícil tarea de poner texto a su impresionante trabajo sobre las consecuencias del accidente nuclear más grave de la historia. Él acaba de regresar de la zona de exclusión de Chernobil y quiere que alguien le ayude a contar aquella tremenda historia. Le dije que sí. Ángel es uno de los pocos periodistas que ha logrado entrar en aquel anillo siniestro. El objetivo de su trabajo es refrescar una memoria colectiva demasiado flaca, demasiado cómplice del silencio, demasiado concentrada en no complicarse la vida. Por desgracia, Fukushima lo ha estropeado todo y aquel lejano recuerdo ha regresado de las llamas del olvido. 
Hoy, a punto de cumplirse 25 años del accidente atómico ucraniano, nos encontramos envueltos en una apasionante cruzada cargada de una razón muy humana: Queremos exponer este trabajo. Buscamos que alguien nos invite a mostrar este reportaje en una sala. Nos encantaría y creemos que merecerá la pena.

“Amanecer soleado en Pripyat, la ciudad prohibida. Entre los tenues rayos del sol puede apreciarse lo que queda en pie del monstruo radioactivo. La dependencia energética de esta planta nuclear era tan grande en la URSS que los próceres que gobernaban el país tuvieron la brillante idea de mantener abiertos los tres reactores no siniestrados tras producirse el accidente. Y decidieron prolongarlo durante 14 años. A cambio, accedieron a sellar el núcleo dañado con 5.000 toneladas de arena, arcilla, plomo, dolomita y boro mientras cavaban un túnel para implantar un sistema de refrigeración bajo el reactor fundido. Este túnel fue construido por reservistas del ejército ruso, jóvenes de entre 20 y 30 años que terminaron muriendo pocos años después. Las obras duraron 206 días. Pero fue en vano. 
El sistema de refrigeración jamás logró ser instalado y el túnel tuvo que ser rellenado con hormigón para evitar que el núcleo se hundiera por el peso de los materiales que le aislaba del mundo exterior. Fue el primer intento de frenar aquella vergüenza. Desde 2004 se lleva a cabo la construcción de un nuevo sarcófago que entierre para siempre el cadáver deshecho de un reactor que aún palpita como una bestia agónica”
Tanto la fotografía como el texto están protegidos por Derechos de Autor
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