Herencia atómica (IV): De repente el Apocalipsis

Los eslavos siempre conocieron a Chernobil por el nombre de Ajenjo, quizá porque en sus tierras crece casi espontánea la planta de la que se obtiene la absenta. Sin embargo, Ajenjo también es la estrella mitológica citada en el libro Apocalipsis que supuestamente amargaría las aguas de la Tierra tras precipitarse desde el Cielo ardiendo como una antorcha. El destino fundió sus desgracias.
La gente dormía cuando el núcleo del reactor 4 sufrió la explosión. Desde ese instante cualquier sueño quedó pospuesto sin fecha y toda felicidad fue arrancada de cuajo. Sucedió como si el tercer ángel del Apocalipsis hubiera tocado la trompeta del mal y toda su ira cayera sobre sus habitantes hasta volver amarga su existencia.
Dos días después de la catástrofe había 174 heridos graves debido a la radiación. La cifra de muertos sigue siendo imposible de determinar. La lista aumenta cada día porque la radioactividad vaga libre por estos parajes inhóspitos.
Fotografía: ©Ángel Navarrete
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