Plaza de Catalunya

 Cuando la imaginación conspira, el Poder se pone el uniforme
Observemos a esa joven sentada en la Plaza de Catalunya que levanta sus manos blancas en señal de paz, al chaval que pide a los Mossos un poco de piedad, a la señora indignada ante semejante brutalidad. Escuchemos los golpes secos de las porras contra los cuerpos indignados de tanto sol de agresividad. Miremos a esos policías huérfanos de sueños para que los que el nuevo Sol les impide comprender nada. Escuchemos también a su gélido comandante, al conseller Felip Puig, hablando de limpieza y de fútbol mientras una de sus bestias nos rompe la cara sin reparar en los estragos. 
Aturdido, un ciudadano anónimo trata de cubrirse el cuerpo en una posición inútil. Agredidos por el espanto, los acorralados se resisten al envilecimiento de su conducta, a aceptar el envite de que tras una carga policial ciega, tras esos brutales porrazos, siempre habrá una respuesta pareja. Craso error.
Despreciado conseller Puig y salvajes policías, hablemos pues de los golpeados, de los racimos de cuerpos tatuados que habéis desparramado por el asfalto con vuestras armas. Ellos, los heridos, y nosotros, los indignados, juzgaremos la envidia que acarrea vuestra violencia. Porque es rencor lo que os purga las entrañas, resentimiento corrosivo al ver cómo compartimos la vida de un sueño mientras vosotros os dedicáis a conservar a golpes los restos de un sistema que se hunde bajo los pies. 
No, repudiado conseller; no, humillados Mossos. Ahora no es el momento de hablar de fútbol ni de limpieza. Vuestra razón está enjaulada, encerrada tras una mordaza de servil vileza. Nihilismo es el lenguaje que utilizásteis, al fin de cuentas. ¿De qué sirve golpear a un padre y a su hija, a una pareja de enamorados que un instante antes se comía a besos?. Sois las sombras de un sistema donde los sueños intentan ser relegados. Teméis a las masas conscientes, a las manos silenciosas que se agitan al cielo, a perder vuestra porra. Tenéis pánico a la unión.
Y ustedes, ilustrísimos políticos ganadores en las urnas, los que guiáis tan felizmente nuestra condición de ciudadanos, ¿cómo podéis envolveros en banderas de división? Resulta turbador observar vuestra inquietud por el poder. Olvidáis que también vosotros necesitáis espejos donde encontrar unión en lugar de espesas sombras. 
No queremos cerrar filas entorno a gestos de afirmación porque el sueño de hoy no reclama líderes. ¿Qué pensarían vuestros abuelos que lucharon por recuperar la justicia y la libertad? A estas horas, de vuestras bocas sólo emanan palabras que queman. Luchas internas que ahondan vuestra condición de derrotados. Mensajes secos como porrazos. Palabras incapaces de vencer el desasosiego que habéis sembrado. Por eso golpeáis. Es el recurso de quienes no tienen respuesta. 
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