Néctar de la vida

La fotografía fue tomada por Himanshu Vyas cerca de la ciudad de Jodhpur, Rajastán, estado situado al noroeste de India. Vyas salió con su cámara en busca de una rumor sorprendente: hacía días que en su pueblo corría la noticia de que un cervatillo huérfano había sido adoptado por una mujer Bishnoi, una comunidad regida bajo unas firmes creencias ecológicas, casi religiosas. El caso era el foco principal de cuentos de pueblo. 
Suponemos que a Vyas le pudo la curiosidad de ilustrar la realidad y, de paso, zanjar algunos chismes burlescos. Al fin la encontró. En una choza de barro, observando atentamente a sus hijos jugar con un pequeño ciervo. Cuando tenían hambre, la mujer amamantaba a todos ellos, si pudor, con la naturalidad de un personaje arrancado de un relato de Kipling más que de Steinbeck. Aquí no se trata de hambre como una maldición, sino de apetito sostenible.
La imagen resulta impactante por estas latitudes. Es normal. La moral occidental nos impide mezclar churras con merinas. El cervatillo es visto como carne de cañón, alimento para hoy, alguien con corazón pero sin alma. Para los Bishnoi es todo lo contrario. 
Curiosa comunidad en tiempos de uvas de la ira. Mantienen intacto un estricto modo de vida basado en el cumplimiento de 29 normas entre las que se encuentran la higiene personal y la salud, la de cuidar a las mujeres y a los bebés especialmente tras el parto, pensar bien lo que se va a decir antes de hablar y, sobre todos ellos, la preservación natural y la convivencia ecológica con la vida que les rodea. 

Un ejemplo de su tenacidad medioambiental sucedió en el año 1730 cuando se enfrentaron al poder político para salvar un bosque. Un grupo de mujeres se ató a los árboles y aunque muchas fueron sacrificadas, lograron salvar aquel entorno de las hachas de los leñadores. Después de aquella batalla, alimentar así a un cervatillo es un pequeño acto de compasión natural. 
Esta mujer de la foto aflojó su “saree” y descubrió sus pechos. Primero se acercó el niño. Luego el cervatillo. Sus dedos se movieron entre el pelo de su hijo y acariciaron con delicadeza la cabeza del animal. Levantó la vista. Sus labios se juntaron y dibujaron una sonrisa misteriosa.

La foto de Himanshu Vyas fue elegida por el blog de Más que Ciencia y comentada en su facebook y twitter

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