Los gobiernos de Moodys

Me gustaría que me consultaran lo que pienso de la Gran Recesión que padecemos. O sobre el poder que ejercen las agencias de calificación como Moodys sobre las políticas económicas de Estados soberanos. O sobre el dinero público que el Gobierno de España desvía por decreto a una institución privada como la Iglesia católica. ¿Por qué no me consultan sobre el  presupuesto que los Ejecutivos central y autonómicos destinan a sanidad, a la cohesión social, al I+D, a la cultura, a la educación, a la lucha contra la pobreza, a la ciencia o a la caza de especuladores financieros y mafiosos que hacen negocios con la penuria ajena? 
Sí, exijo participar en la configuración de los próximos presupuestos del Estado. Estoy hasta el gorro de que próceres sin rostro amenacen con bajar las calificaciones a España, Grecia o a Extremadura porque sólo insuflan miedo a quienes poco o nada tienen. Estoy hasta la coronilla del déficit porque observo que la venta de coches de lujo se ha incrementado. Estoy hasta las cartolas de que cierren periódicos y empresas, de ver a mis amigos cada día más angustiados, de notar como mis vecinos se vuelven dóciles con las migajas del conformismo que otros les obsequian. Repudio la perversión del lanzamiento de dinero desde un helicóptero. Estoy hasta las pelotas de leer lo que está bien y lo que está mal, de que sólo en el mercado libre reside la esperanza porque en realidad es la muerte de la esperanza misma. No es el ideal de la democracia sino el de una dictadura enmascarada. Me asquea Milton Friedman. 
Por eso quiero participar en la configuración de los presupuestos generales del Estado. Eso sí que sería patriótico. Pero jamás me lo permitirán. No, claro. Es tarea de especialistas. De gente a la que se le llena la boca con decisiones impositivas trascendentales para colocar a todos en trance. No me divierte el juego que ha abierto este capitalismo salvaje. La economía siempre ha sido un área egocéntrica pero es que ahora se ha vuelto visceral: si pierdo, intervengo y te expulso del mundo. ¿Y si gana? Con dos cojones. 
Por lo demás, todo va de puta madre.
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