Trabajar gratis, la última carcajada

Para no entrar en dilemas existenciales como el fútbol o la caza de elefantes, hablemos de la crisis y los políticos. Cada día amanecemos con la misma cantinela de que sólo en los recortes públicos está la salvación pero leemos que España se hunde cada hora un poco más en el lodo de la Recesión (con mayúscula, como Depresión o Guerra Civil) Lo único real de este curioso país es que mantenemos a salvo un aceptable sentido del humor.

La última carcajada me la acaba de proporcionar una reflexión emanada del nuevo pensamiento capitalista laissez-faire. “Quienes trabajan gratis tienen más ambición, más hambre que aquellos que perciben un salario”, dice el periódico Expansión. Vamos que eso no lo firma ni el guardián de la ortodoxia neoliberal en curso, el Wall Street Journal. Ya les adelanto que sugerencias laborales como esta que han leído será artillería fina para disparar contra todo aquel que se oponga a tan excelsas pretensiones de crecimiento aunque para ello tengan que rescatar la Ley de vagos y maleantes de 1954 y modificar la Carta Magna.

Alguien se preguntaba en el twitter la semana pasada: “¿Qué es eso de la resistencia pasiva?” Otro le respondía: “Pues carne de subvención, que comen tapas de boquerones y se ponen morados a fino en las plazas de las ciudades”. Ya puestos a ser graciosos podríamos añadir que lo de la desigualdad social en España es un cuento chino que se ha inventado la izquierda para hacerles la pelota a los ricachones del barrio, que son los que tienen la panoja. O que los ancianos son unos beneficiados de cuidado, no te jode.

Al menos tenemos la certeza de que el Gobierno comienza a hablar claro de una vez. Para ellos, una cosa son los aparcacoches de la Maestranza y otra muy distinta que la Sanidad esté dirigida por Médicos sin Fronteras que como se pasen de la raya corren el riesgo de sufrir la misma política que la inmigración irregular, es decir, se les corta la asistencia médica de raíz y se acabó el problema. Y luego añaden que la gente carga injustamente todas las culpas sobre el PP. No importa que se postularan para guiarnos en la salida de una crisis de la que ahora no saben si saldremos algún día.

No les duele España, señores. Lo que les duele de verdad son los pelmazos que ocupan las bancadas de la oposición en el Parlamento -con alguna excepción- que ponen cara de Snoopy cuando les preguntan por el cambiazo que han realizado con el Estatuto de la radiotelevisión pública o por la amnistía fiscal a los grandes y numerosos defraudadores que habitan en este país. Nos aconsejan ser positivos, reír, bailar, discutir de fútbol, ver la nueva y divertida televisión.

Bastante tienen ellos con digerir esta maldita democracia que han heredado. Media España pone velas a los republicanos asesinados en la Guerra Civil y ¿qué pasa? Nada de nada. Eso es democracia. Por eso ahora repiten como un mantra que aquí todo está muy exagerado y lo que se necesita de verdad es gente como Mariano Rajoy, que todo lo resuelve a la velocidad de un parpadeo pero en plan guiñol. Desde luego España es un país del sur de Europa donde la mayoría -la que no voto al PP- siempre tiene la culpa. Pues eso.

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