Tierra, aire, agua y fuego

“Desarrollo sostenible no significa producir menos sino hacerlo de otra manera. Significa tratar los recursos como hacen los jardineros”. Stéphane Hessel
Atardecer en la Amazonía. La imagen resulta turbadora y placentera. El sol tiñe de azul un escenario fantástico y, por lo que sabemos, único en el Universo. Ahora bien, si la cámara de la NASA hiciera un rapidísimo “zoom in” hacia la superficie terrestre es posible que nuestra mágica apreciación se derrumbara. Bajo esa capa gaseosa tan evocativa se distinguen decenas de chimeneas de humo. Las huellas de la desolación. Pequeñas agujas de fuego clavadas en el pulmón de la Tierra que parece derramar una sangre pálida. Algunos son incendios accidentales aunque la mayoría retrata la batalla del hombre contra una naturaleza intrincada y hostil pero abrumada de riquezas. Fue sacada un día cualquiera de 2013.
Sumidos en plena incertidumbre por el futuro de un sistema depredador, el mundo continúa empantanado en un debate sobre el significado del Progreso, sobre cómo conciliar el desarrollo sostenible con el consumo desaforado, sobre los recursos para unos pocos y la pobreza extrema. Complejas respuestas que requieren compromisos planetarios, imaginación a raudales y decisión individual. 
Un ejemplo de la contradicción humana es que hoy el petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para su futuro. La vida coloca la decisión en un trance: Elegir entre el presente y el futuro. Es díficil adoptar decisiones neutrales. Ni las  matemáticas ni la tecnología nos dan la certeza de que los sistemas extractivos no fallen en algún momento. Los sucesos con baja probabilidad también ocurren y las energéticas yerran, así que la esencia de este debate está en asumir o no si la sociedad acepta pagar destrucción ambiental por petróleo, es decir, dividendos monetarios, que en la actualidad sigue equiparándose a progreso en el estándar de vida occidental.
Pero hablemos de la Tierra, de esta foto de arriba. Hablemos de esa mujer que estudia sin desmayo para acabar con una enfermedad letal, del indígena que aprende a leer, del anciano sin dinero que sólo una buena atención pública es capaz de recuperar; pero también hablemos del tigre que atrapa una gacela, del árbol que da la bienvenida a un nuevo día. Hablemos, en fin, de la vida que encierra la fotografía satelital para dar un aspecto de irrealidad al preocupante presente y hacer de nuestra existencia (la de la Tierra), la foto de abajo, una realidad futura.

Hablemos pues para que este frio mundo tan huérfano de estrellas pueda terminar en un deshielo que arrastre las pesadillas. Hablemos de cómo tratamos este ensueño que llamamos Tierra, sus mares, sus montañas, sus grandezas, a quienes en aras de un discutido progreso rompemos la cara y hacemos estragos. Ante este panorama, puede que este bello atardecer se cubriera de sombras. ¿Qué utilidad tienen las cosas cuando pierden el frescor del rocío y el olor a naturaleza?

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