Perder la esperanza

Se que leer alguna historia más sobre Rodrigo Rato, Miguel Blesa y toda esa caterva de carotas que se han forrado a cuenta de muchos ciudadanos puede encajarse como un puñetazo entre los ojos. Pocos son los que no describen a este equipo de desfalcadores profesionales como carne de cañón, abandonados a su suerte, solos y apestados. Es lo que hay en esta España desvencijada de hoy cuando a uno le cazan con las manos en la bolsa. Resulta que Alí Babá y sus 40 ladrones pretenden ahora convencernos de que han entendido el mensaje, de que van a portarse bien y, por lo tanto, que confiemos de nuevo en ellos.
Por todo eso, era de esperar que los fontaneros mediáticos sacaran su caballería para atenuar el inevitable impacto contra el suelo de los partidos políticos, llamémosles, tradicionales. Salvo alguna brillante excepción somos testigos de una medición de fuerzas entre periódicos online y diarios en papel por iluminar o tamizar los rostros que surgen de las sombras del sistema. La jeta de Rato, tan afligido que cuesta pensar que haya roto un plato; la de Blesa, que ya parece una visa oro; la de Rajoy, de no enterarse por donde viene el viento; la de Pedro Sánchez, como Kent esperando a Barbie.


El ébola, el 9-N y el “peligroso” crecimiento de Podemos son los dragones recurrentes que debían despertar al San Jorge del actual sistema político. Es la democracia (o sea, ellos) contra el populismo (es decir, Podemos), dicen. “El pragmatismo frente a la utopía”, escriben algunos tragasables que no saben donde tienen su mano derecha pero opinan de todo. Y así se arma un nuevo debate con su camisita y su canesú. En realidad, son armas arrojadizas que los dueños de las palabras sacan del cajón cuando interesa y lo repiten como un mantra. Ya ocurrió en el pasado con ETA y ahora ha vuelto a suceder. 

Quienes así maniobran son los mismos que retratan la crisis moral que gobierna España como una partida de cartas. E insisten, al final, “él no tomó la decisión (de robar)”. Parecería a comedia bufa si no fuera porque quien escupe semejantes sandeces vive apoltronado en un despacho con el respaldo de una familia (político-económica) protectora detrás. Vamos, catetos como Eduardo Inda que da toda la impresión de tener a la Nintendo por el fin de la historia.

La incompetencia intelectual y formativa de semejantes personajes son demasiado excelsas para reconocerse como voceros de los que aspiran a heredar un poder destartalado. No leen y piensan lo justo, es decir, hasta donde llega la punta de sus zapatos. Más allá sólo hay donuts de chocolate.

Los mesiánicos de la seguridad democrática tienen que ser más elegantes, cojones. Y lo de reirse de los perroflautas con un vaso de cerveza a la sombra de una sombrilla… mmmm… pues muy mal hecho, fascistoides sin conciencia. ¿Qué pueden decir de ustedes que no cejan de descalificar en base a sus exigencias?

Aplíquense, por favor, si quieren meter en vereda a estos desgraciados del 15M. En la batalla de las ideas estáis perdidos. Son ustedes demasiado obtusos aplaudiendo sus propios desvaríos desde hace tanto tiempo. Nos conocemos muy bien. Les aconsejo abrir las compuertas porque insistir con el raca-raca de que los deseos reales de sus oponentes políticos es ganar dinero para vivir sobre la misma miseria moral en la que subsisten ustedes, ya no cala. Perdéis apoyos porque ven lo que vosotros, pobres superficiales, no sois capaces de contemplar cuando os colocáis frente al espejo. Sois carne de subvención y criticáis el gasto público. Qué miseria.

Exigís justicia social bajo las normas que a vosotros os viene mejor. Camuflais la verdad porque habéis fracasado. ¿Puede eso llamarse igualdad de oportunidades? No, por supuesto. 

Lo que pasa es que hay mucho cantamañanas en vuestras filas. Peña que dice que estos perroflautas que protestan son fardos de complicaciones. No me duele España. Lo que me duele de verdad son los tipos con principios fascistas y cara de Snoopy que preguntan por la tragedia de la inmigración y dan consejos contra la crisis mientras comparten hamburguesas en un club de gilipollas. También ponen velas a la virgen en honor de los niños de Haití.

Qué coñazo es perder la esperanza. 
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