A mi tío Iñaki, in memoriam

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Si supiera que esta fuese la última vez

Que te veo salir por esa puerta,

Te daría un abrazo, un beso

Te llamaría de nuevo para darte más…

Si supiera que esta fuera la última vez

Que voy a oír tu voz

Grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas

Una y otra vez indefinidamente…

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo

Diría te quiero

Y no asumiría tontamente

Que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida

Nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien,

Pero por si me equivoco

y hoy es todo lo que nos queda

Me gustaría decirte cuanto te quiero

Que nunca te olvidaré…

“Si supiera”, Gabriel García Márquez

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Cae la noche

“Entre la idea y la realidad, entre la emoción y el acto, cae la sombra” T.S. Eliot

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El día se consume en África y un grupo de jirafas parece prepararse para llorarlo. La luz de esa luna menguante siluetea sus espigadas figuras. Están de retirada. Anochece en la sábana y los animales buscan un refugio seguro donde dormir. Aquellos más vulnerables, como los herbívoros, se agrupan en grandes manadas que se alejan de los lugares húmedos y despejados, de los ríos y de las zonas desarboladas.

Su visión se reduce considerablemente y muchos quedan a merced de los hambrientos cazadores. La noche africana dicta sus propias leyes y sus habitantes saben escucharlas: Una, sin duda, son los amenazadores ruidos de las bestias ocultas bajo una cúpula celeste decorada con miles de estrellas. La belleza contrasta con la vulnerabilidad. Por lo que se ve y por lo que no se acierta a ver.

Pero el día toca a su fin. Los últimos dedos de luz se despiden de una jornada abrasadora y salvaje. Es entonces cuando las cautelas levantan sus cuarteles, con los ojos abiertos y los oídos bien afinados. Para la vida es ahora cuando comienza la hora bruja de los secretos.

Sí, yo estuve allí. Yo he jugado a rugby

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Reconozco que fui admirador de Serge Blanco. Admito que veía los partidos de Francia por él, un zaguero con visión universal del juego, de esos que parecen haber nacido bajo una conjunción cósmica que les hace portentosos. Su equipo, plagado de estrellas como Sella, Lagisquet, Charvet, derrotaba a rivales con la complacencia de quien se bebe una copa de champagne. Blanco era venezolano, negro y jugaba a rugby con Francia.

Hoy que empieza el torneo VI Naciones, el más emocionante del mundo, merece la pena recordarlo. Como también lo que significa este deporte para alguien que lo ha practicado. Por ejemplo, no sé bien quien escribió la leyenda de que el rugby es un deporte de bestias jugado por caballeros. Es falso. El rugby es un juego de bestias practicado por bestias que dirimen su condición física en un ambiente hostil. Es una batalla descomunal que dura 80 minutos. Una diversión con los valores deportivos sublimados a la propia vida, a la amistad verdadera.

Quien haya estado alguna vez en una melé, en un ruck, en un agrupamiento, quien haya logrado concluir una carrera de 20 metros sin ser placado y haya conseguido un ensayo, conoce el orgullo al que me refiero. “Sí, yo estuve allí. Yo he jugado a rugby”. Si existe un momento para dejar de practicar este deporte es antes de empezar, nunca después. Se lo aseguro.

Y hoy, pasada ya mi hora de esplendor, es un día perfecto para mirarme al espejo y exaltar la utopía que me empuja a regodearme en lo que me gusta. El rugby es una experiencia profunda, una felicidad que no me la ha aportado ningún otro deporte. Basta con eso. Así sentimos. Así vivimos.

 

Solsticio de Invierno

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Aunque esta noche haya sido la más larga del año, estos dos oseznos pardos se decidieron a salir de su guarida para dar un paseo por el campo. Bien juntitos, tomados de la zarpa, como cachorros bien educados en el invierno boreal. Probablemente, su madre no ande lejos y así continuará hasta que los dos benditos de la fotografía cumplan un año y medio de vida. Entonces, cada cual se irá por su cuenta, en soledad, a buscarse la vida por los bosques canadienses o las zonas inaccesibles de Suecia y Noruega, su gran paraíso. Pero aun es pronto para pensar a tan largo plazo.

El tiempo de los plantígrados, como el del hombre de hoy, también se mide en horas, en días, en minutos, a veces también en segundos, y no permite albergar esperanzas. Los protagonistas de la imagen nacieron en marzo, en la osera que su preñada madre preparó para hibernar. Ahora se acicalan para encarar con garantías un nuevo invierno, frío y seco, en Sprucedale, Ontario, Canadá, donde un grupo de conservacionistas ha creado un estupendo santuario para la rehabilitación de estos imponentes animales.

Y mientras su sufrida madre se devana los sesos para llenar la despensa corporal que les servirá de escudo invernal, los dos ingenuos ositos siguen como si nada, ajenos a la lucha a brazo partido de su progenitora contra los elementos y la huella del hombre. Ellos dos jugarán y jugarán hasta que caigan rendidos. Sin embargo, hacerlo es para ellos un ejercicio necesario. Así aprenden a cazar, desarrollan los impresionantes músculos de la mandíbula y, lo más importante, agudizan un instinto olfativo implacable para la búsqueda futura de alimento. La vida es sueño, o juego, según se mire. Aunque visto desde otras latitudes, por ejemplo Europa, resulta cada día más difícil mirar con ojos benevolentes el devenir de los tiempos.

La vida se ha tornado mercadería y el invierno, que a partir de hoy camina confiado hacia su fin, nos anima a postrarnos en una profunda hibernación.

Otoño, una pira bestial

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Hay días que una foto es más que mil colores. También huele. Pero no a leña chamuscada ni a monte quemado como hoy apesta en Galicia, Asturias y Portugal. Quizá, si le echamos imaginación al asunto, la imagen de arriba podría obsequiarnos con su aroma de naturaleza viva. El bosque húmedo en otoño es un lujo bestial y, por fin, ha llegado. Llueve y el paisaje se enciende como una pira imponente.

El poeta Octavio Paz escribió: “En llamas, en otoños incendiados, arde a veces mi corazón, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta!”.

Así es. Estamos en el inicio de esta estación multicolor. Momento para abrirse a todo lo que suena y se mueve. Preparados para lo mucho que huele y para todo lo que puede saborearse. Días de luz suave y de humedad, el tiempo nos ofrece una oportunidad para recuperar el sentido de los sentidos, o como dijo el naturalista Joaquín Araujo “serás de la vida como la vida es del tiempo”. Aprovechemos esta lluvia y este sol con su luz crepuscular para acercarnos al invierno gélido.

Wanders inaugura hoy el Zinemaldia

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El Festival de Cine de San Sebastián acoge desde hoy y por espacio de nueve días el certamen cinematográfico más atractivo que se lleva a cabo en España. Creado hace 64 años con la ingenua idea de promocionar el talento creativo de realizadores subyugados por la dictadura franquista, y de paso aportar también un cierto glamour fílmico a una aplatanada ciudad tras el verano, el Zinemaldia ha terminado dando cobijo a una lluvia de estrellas como una forma de reclamo más rentable aún que la cirugía. Este año habrá más películas, más secciones y también más invitados.

Por la alfombra roja de este año desfilarán actores como Ricardo Darín, la encantadora Monica Bellucci, el arrollador Arnold “Terminator” Schwarzenegger, que llega al certamen con un documental sobre la contaminación de los fondos marinos; el californiano James Franco, que presenta su divertido film The disaster artist; John Malkovich, un asiduo a este certamen que, además, preside el jurado en esta edición; y directores como el fascinante Wim Wenders, cuya última película, Submergence, y su actriz principal, la sueca Alicia Vikander, inauguran el festival y concurren al gran premio del festival, la Concha de Oro, con otros 18 trabajos de diferentes lugares del mundo.

Por supuesto, también habrá representación de América Latina aunque no de Ecuador. La producción latinoamericana tiene aquí un apartado especial, destinado a que cineastas desconocidos se hagan con un lugar al sol de este proceloso negocio. En total, nueve días de puro cine con 213 películas programadas en diez secciones diseñadas para hacer volar los sueños.

Cada año, se lo ponen más difícil al cinéfilo es este certamen si no quiere perderse un título sabroso en la maratón. Entre las favoritas está Handia, una producción vasca que narra la historia de un gigante de más de dos metros de estatura en un mundo rural envuelto en colinas verdes y rebaños de ovejas. Tendrá como rivales duros de pelar a Life and Nothing More, de Antonio Méndez Esparza, el drama familiar de un joven con exceso de responsabilidad; y The wife, una producción sueca interpretada por Glenn Close y Jonathan Pryce. El jurado de Malkovich tiene una compleja tarea por delante.

Mucho glamour a partir de hoy en Donostia pero sin menoscabar la calidad en un certamen que ya ocupa el octavo lugar entre los 14 festivales catalogados de categoría A que hay en el mundo. 40 de las películas que se podrán ver en esta edición serán estrenos mundiales, 12 internacionales, 22 europeos y 55 españoles, datos muy parecidos a los del año pasado y que demuestran que el Zinemaldia sigue teniendo músculo cinematográfico. La prueba es que las 60.000 entradas que salieron a la venta el primer día se agotaron al atardecer. Largas colas para conseguir un lugar en la sala oscura que tanto hace soñar.

De hecho, pasear por las calles de San Sebastián durante estos días es sumergirse en la capital mundial del cine. Se respira por los poros que ha abierto el festival. Hasta el veterano cineasta británico Terence Davies ha anunciado que arribará a la ciudad durante esta semana para presentar su nueva película A Quiet Passion, como ya hiciera el pasado año con la lírica Sunset Song. “Iré porque es mi festival favorito del mundo”, asegura el realizador.

Y claro, los organizadores descuentan los segundos que faltan para el inicio de la ceremonia cinematográfica más internacional de España. Todo sea por devolver al entusiasta público la vibrante excitación de la espera. “El cine es el único arte capacitado para desgarrar las costuras de la razón y de hacernos entender mediante la emoción”, escribió una vez el genio ruso, Andrei Tarkovski. Pues que así sea.

Publicado hoy en El Telégrafo

 

Maldito fuego

 

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Llevamos semanas asistiendo consternados a una concatenación de incendios en la península ibérica que han arrasado 35.000 hectáreas de bosque y matorral.

Dicen que el tiempo cura este tipo de heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perdurarán. Con el tiempo, la naturaleza se cubrirá de cicatrices pero el dolor causado nunca desaparece del todo cuando el fuego se alimenta de lo vivo. El de Portugal, por ejemplo, se cobró la vida de 64 personas. Por fortuna, Doñana corrió mejor suerte. Aquí, no hubo muertos pero sí imágenes emocionantes donde las víctimas mostraban la alegría inconmensurable de quien vuelve a nacer.

Una de ellas la tienen ustedes en la foto superior. Es una de las hembras de lince que los responsables del Centro de Cría de El Acebuche lograron rescatar cuando las llamas iban a su encuentro.

Para los bomberos y voluntarios, fueron tres días de batalla sin cuartel contra el fuego y la gasolina del viento. Un sinfonía pavorosa de chasquidos de maderas consumidas y gritos estremecedores de personas, animales y plantas atrapadas en un feroz incendio orquestado, al parecer, por un hombre embrutecido, el pirómano.

Qué paradoja de tribu. Unos luchando contra el fuego y otros excitándose viendo un bosque arder. El desastre de la cultura, el desarraigo de una mente trastornada.

Pero volvamos a la escena. Entre la premura por escapar de la densa y asfixiante niebla que les cercaba, un operario de El Acebuche escuchó un lamento. Se giró y vio a esta hembra de lince aterrada en una esquina, cubriendo con su lomo a varios cachorros. No se lo pensó dos veces. Metió a las crías en una bolsa, agarró entre sus brazos a la paralizada madre y salió de aquel infierno. Con cuidado, para que el estrés no reventara su pequeño corazón como había sucedido minutos antes con ‘Homer’, su prima-hermana en la delicada función de preservar el futuro de esta amenazada especie.

Una vez puestas madre y cachorros a buen recaudo, el operario continuó con su tarea durante varias horas más hasta localizar a los 13 ejemplares restantes, los que aterrados por el ruido y el calor habían huido de aquella ardiente encerrona.

Tras varias noches sin tregua, el incendio logró ser sofocado el martes con los primeros rayos de sol. Un amanecer carbonizado en Doñana. Cansado, el operario se sentó para reponer fuerzas y beber, y probablemente hastiado de las incongruencias que comete el hombre con su propio destino.

El fuego no sólo había acabado con Homer y con un número incalculable de crías de lince que viven en libertad. También fulminó espacios tan mágicos como el Abalario y el Asperillo, donde existen estanques cristalinos, dunas móviles de litoral y densos bosques de pinos donde anidan las sabinas y el enebro costero. Aves únicas como el alcaraván, la culebrera europea, el milano negro, el águila calzada, la totovía o la cogujada montesina buscan a estas horas un lugar donde rehacer sus vidas.

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