Refugiados, el gran fracaso europeo

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OZAN KOSE/AFP

Aunque las señales del fracaso aparecieron el mismo día de la votación, nadie pensó que de los 160.000 refugiados que la UE se comprometió a reubicar entre 2015 y 2017 sólo alcanzaría a 28.242, el 18% del número de personas inicialmente acordado. Ayer concluyó el plazo del acuerdo vinculante firmado por todos los estados europeos, excepto República Checa, Hungría, Eslovaquia y Rumanía, y sólo Malta, cuya cuota era de 137 personas, ha cumplido su palabra. Finlandia se ha quedado cerca, con un 92% de las personas reubicadas respecto a la cuota establecida. Estas cifras evidencian el rotundo fracaso del compromiso adoptado por la UE para atenuar el drama que cada día golpea a miles de refugiados que esperan agolpados en campos improvisados de Grecia e Italia. En el otro extremo se encuentran, además del bloque de países centroeuropeos, España, Francia y Austria que no alcanzan ninguno de ellos ni el 20% de las cuotas de reubicación que tenían asignadas. Llama la atención el caso español que de los 17.337 refugiados que se comprometió a acoger en 2015 sólo ha recibido a 1,910 personas, el 14% de su cuota.

Desde hace algunos meses, el decepcionante desenlace era esperado por organizaciones que trabajan sobre el terreno como el Comité español de ayuda al refugiado (CEAR), Médicos sin Fronteras (MSF), Intermón Oxfam o Acnur. “Claramente es una vergüenza que pone de manifiesto la falta de voluntad de los Estados para asumir un compromiso de colaboración para aliviar la situación en Grecia e Italia y un drama humanitario”, censuró ayer la responsable de CEAR, Estrella Galán.

El compromiso de acoger a 160.000 refugiados confinados en campos de reclusión de Grecia e Italia se tomó en el Consejo Europeo pocas semanas después de la espeluznante imagen del niño sirio Aylan Kurdi, ahogado ante los ojos atónitos del mundo en la orilla de una playa turca. La crudeza de la fotografía tuvo un efecto punzante sobre la conciencia de las autoridades europeas que decidieron sacar adelante la iniciativa pese al voto en contra de países como Hungría y Polonia. A golpe de tragedia y de emergencia humanitaria, se creó un complejo mecanismo de reubicación de refugiados que trataba de redistribuir a las miles de personas que en 2015 seguían llegando, como Aylan, a través del Mar Egeo entre Turquía a Grecia, y por el Mar Mediterráneo desde Libia a Italia. Se impuso que cada uno de los 28 estados aceptara la acogida de una cifra específica de refugiados en función del peso de su PIB en el conjunto de la UE. A España, por ejemplo, le correspondieron 16.231 personas; a Alemania, algo más de 31.000; y a Francia, 24.000.

De forma paralela, los países confirmaron el compromiso no vinculante de reasentar a más de 20.000 personas refugiadas en campos de Jordania, Líbano y Turquía donde hoy habitan casi dos millones de seres humanos huidos de las guerras. El Gobierno de España aprobó traer a 1.449 personas pero, de momento, sólo han llegado 631.
El principal argumento difundido en el seno de la UE para justificar el fracaso de esta política ha sido la baja cifra de personas preparadas para ser reubicadas. Sin embargo, organizaciones como Acnur han criticado los “férreos requisitos” que los Estados receptores están imponiendo a los solicitantes de refugio para que puedan beneficiarse del programa. Además, según CEAR, también se ha bloqueado la reubicación a personas de nacionalidades que superaban una tasa de reconocimiento de protección internacional. Este criterio ha favorecido a las personas originarias de Siria, Eritrea o Yemen pero se ha convertido en un obstáculo insalvable para otros en similares situaciones procedentes de Afganistán, Irak, Sudán o Nigeria. Por este motivo, hay unos 10.000 procedimientos de asilo paralizados sobre la mesa de las autoridades de migración europea.

En un comunicado urgente difundido ayer, la Comisión Europea recordó a los países que se comprometieron en septiembre de 2015 a reubicar a 160.000 refugiados que “es apremiante que los Estados miembros sigan con el proceso incluso después del 26 de septiembre”. Desde las organizaciones humanitarias son más críticos. CEAR considera que “los países de la UE parecen haber dejado de lado el derecho de asilo. Y no sólo aquellos gobiernos con un discurso claramente xenófobo sino casi todos. Hay una falta de voluntad política para cumplir con ese compromiso”.

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La xenófoba Afd amarga la victoria de Merkel

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La eurodiputada de AfD, Beatrix von Storch. FOTO:Reuters

El avance de la extrema derecha en Alemania ensombrece el panorama de alianzas a las que deberá que enfrentarse la victoriosa Angela Merkel para gobernar sin sobresaltos. Por primera vez desde la II Guerra Mundial, un partido racista y xenófobo como Alternativa para Alemania (AfD) irrumpe en el Bundestag tras las elecciones federales y lo hace con una fuerza arrolladora: con el 13% de los votos y 93 de los 690 diputados. Con estos resultados sobre la mesa, no resulta extraño que se hayan accionado todas las alarmas en un país hipersensibilizado con las ideologías que exaltan la pureza de la raza aria y su destino manifiesto, especialmente las de la minorías turcas y judías que ven en su florecimiento una especie de resurrección del nazismo.

La AfD, que ayer juró y perjuró que los mensajes xenófobos difundidos durante la campaña no van dirigidos contra judíos ni musulmanes sino contra la migración descontrolada, se ha felicitado por el éxito en medio de profundas divisiones internas. La más evidente se produjo durante la rueda de prensa de ayer cuando su copresidenta, la empresaria Frauke Petry, anunció por sorpresa que no formará parte del grupo parlamentario de su partido. Petry se levantó de la silla que ocupaba y dejó plantados a sus compañeros de formación en el preciso momento en el que trataban de responder a los recelos que sus resultados han provocado en la sociedad alemana. Con cara de palo, el candidato ultraderechista a la cancillería germana, Alexander Gauland, sólo acertó a decir amenazante que “vamos a acosar al gobierno. Vamos a por Angela Merkel”.

Los analistas se estrujaban ayer las meninges para dar una explicación razonable sobre el espectacular crecimiento electoral de la ultraderecha y la conclusión más generalizada es que la mayoría de los votantes de la AfD no son simpatizantes neonazis “sino gente desencantada con Merkel y que está contra la migración y el sistema político en general”, explicaba ayer en su edición especial la prestigiosa revista Der Spiegel.

Divididos o no, la irrupción de la ultraderecha en el Bundestag ha supuesto un trago amargo para la indiscutible ganadora, la CDU de Angela Merkel, debilitada en esta ocasión por la política migratoria. Los optimistas democristianos celebraban ayer que, pese al desgaste sufrido por la Canciller, el suyo ha vuelto a ser una contundente victoria, la cuarta desde 2005. El 33% de los votos y los 239 escaños logrados, permiten al CDU volver a formar un gobierno de coalición pero ahora con las opciones limitadas a una única combinación, la que presumiblemente alcanzará con los liberales del FDP, 10,4 % de votos y 77 diputados; y Los Verdes, 9% y 65 asientos.

Los socialdemócratas del SPD se autoexcluyeron de cualquier alianza con la CDU tras conocer su estrepitosa debacle, el 20,8% de los sufragios emitidos y 150 diputados, cinco puntos menos que en 2013. El descalabro sufrido Martin Schulz, cuyo resultado es el peor de la SPD desde 1945, deja en una situación crítica al partido más antiguo de Alemania y el referente ideológico para toda la socialdemocracia europea. Al igual que está sucediendo en otros países europeos en los últimos años de crisis social en el seno de la UE, el electorado ha vuelto a escorarse hacia los partidos extremistas de derecha. En la izquierda, sólo la fuerza radical Die Linke, que obtuvo el 9% de los votos y 66 escaños, logró aguantar el tipo ante el retroceso apabullante del bloque progresista.

Todos daban por descontado que Angela Merkel consolidaría su cuarta victoria consecutiva al frente del partido conservador. Después de doce años de gobierno, muchos auguraban un descenso de apoyo pero el 33% cosechado por la Canciller%, ocho puntos menos que en 2013, es el peor resultado de su dilatada historia y el más bajo de la CDU desde 1949. Todo un síntoma de que la agonía puede haber comenzado.
Pero Merkel es un panzer político que parece crecerse ante las adversidades. En su primera comparecencia tras la jornada electoral anunció que su objetivo inmediato es “recuperar el millón de votos que han ido a parar a la ultraderecha a través de una buena política que soluciones los problemas de la gente”. Sonriente, la canciller indicó con una seguridad apabullante que sabrá encajar las piezas del puzzle para formar un gobierno estable.

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Alemania, a las urnas

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Contra las apariencias y leyendas que acompañan al pueblo germano, la experiencia no lo es todo en Alemania. Eso debe pensar Martin Schulz, el candidato del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) a ocupar la Cancillería de su país tras las elecciones de hoy, al comprobar que ni la destreza mostrada en sus cinco años al frente de la Eurocámara ni la asombrosa capacidad de adaptación de su partido le están sirviendo para recortar la distancia sideral que le lleva Ángela Merkel en todos los sondeos. “Quien se guía por las encuestas, renuncia a sus principios y se acomoda. Yo no hago eso”, declaró hace unos días en una entrevista al canal internacional germano Deutsche Welle.

Pero las cifras no admiten discusión. Los sondeos sitúan al partido de Schulz entre el 20% y 24% de los votos, una cruel horquilla que separa el hundimiento total de una dulce derrota pero derrota al fin y al cabo. Si hoy no supera el récord negativo de 23 puntos obtenidos por el SPD en 2009 será su tumba política pero si iguala el 25% logrado por Peer Steinbrück hace cuatro años le quedará el consuelo de culpar a los efectos perniciosos de haber sido el socio minoritario de los gobiernos de Merkel durante los últimos 12 años. Pese a que en política nadie puede dar por perdida unas elecciones de antemano, lo de plantar cara a la democristiana CDU de Merkel se antoja para la SPD de Schulz como un sueño irrealizable. Su desventaja alcanza ya guarismos desorbitados, hasta de 16 puntos, que sitúan a la socialdemocracia germana al borde del despeñadero.

A falta de argumentos convincentes para mantener la moral de su tropa persuadida con la remontada, el ex presidente de la Eurocámara ha comenzado a atizar la quimera de los indecisos, un ejército de votantes que, según el instituto Allensbach, representan el 40% del electorado. Schulz defiende que gran parte de esas boletas inciertas finalmente caerán de su lado para convertirle hoy en el nuevo canciller de Alemania.

No deja de parecer la reacción de un náufrago sentenciado. Un rotativo alemán comparaba esta semana su afán de superación con la que mostraba Hitler en una escena de la película El ocaso en la que, con todo perdido, explicaba a su Alto Mando como los soldados del general Wenck podían romper el sitio definitivo del Ejército Rojo sobre Berlín y ganar la guerra.

Más allá de comparaciones más o menos acertadas, el problema que ha encontrado el SPD para convertirse en una fuerza real de gobierno en Alemania no ha sido la figura un tanto desgastada de Schulz ni siquiera la falta de credibilidad de su desesperado mensaje por recuperar los principios de justicia social que encumbraron a la socialdemocracia como la mejor alternativa al liberalismo estadounidense y al comunismo soviético después de la II Guerra Mundial. Los analistas no dudan que el pecado mortal del SPD es que ha sido socio minoritario de Merkel en la Grasse Koalition (Gran Coalición) durante dos legislaturas. Es más, algunos de los más reputados especialistas en política germana aseguran que si la actual canciller se convirtió en 2005 en la primera mujer en llegar al poder en la historia del país se debió, en parte, al descontento provocado en la clase trabajadora los severos recortes al Estado del Bienestar realizados por su antecesor, Gerhard Schröder.

Aunque a principios de este año se anunció que el candidato del SPD sería Martin Schulz, los socialdemócratas vivieron un renacer maravilloso donde incluso los sondeos llegaron a ponerles casi a la par del bloque conservador que representan el CDU y el CSU liderado por Merkel. Pero todo resultó como la eclosión de flores en primavera. Transcurridas unas pocas semanas el efecto Schulz se evaporó y prueba de ello fueron los resultados catastróficos obtenidos por el SPD en tres elecciones regionales de indudable importancia moral para los socialdemócratas. Desde entonces, el esfuerzo del ex presidente del Parlamento europeo ha sido colocar en el centro del debate la justicia social aunque con escaso éxito.

Por su izquierda hay un partido que le ha despojado de ese discurso como el Die Linke, que se juega el tercer puesto en el Bundestag, el Parlamento alemán, con el Partido Demócrata Liberal (FDP), la derechista y xenófoba AfD, y los ecologistas Verdes. Por si fuera poco, los socialdemócratas alemanes han seguido cayendo en la misma indecisión de sus últimas y sonoras derrotas sobre su propuesta concreta de cambio en la política social, quizás, para no ahuyentar al electorado más centrista del partido. Y a nivel interno, ni siquiera se plantea la fórmula de intentar buscar una alianza de gobierno con los Verdes y Die Linke. Una opción que muy probablemente existirá en el Bundestag tras la reconfiguración de 630 escaños que emanen de las elecciones de hoy. Una alternativa matemática pero no política. Y es que la mayoría de los que casi 45 millones de alemanes que acudan a las urnas defienden esta peculiar estabilidad que encarna la canciller Angela Merkel. Incluso se inclinan por la continuación de la Gran Coalición.

El único debate televisado entre los dos principales candidatos celebrado hace dos semanas, la actual jefa de Gobierno y su principal rival dejaron claro que sus respectivos partidos están atrapados en la alianza que forjaron en 2005. Al SPD de Martin Schulz le falta fuerza propia y al CDU/CSU de Merkel un poco de coraje para romper ese consenso.

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Jone frente al espejo

En el día mundial del Síndrome de Down
 

Cada 21 de marzo le escribo una carta más larga. Espero que un año de estos no me mande a hacer puñetas. Bueno, comienzo:

Jone nació con síndrome de Down hace 23 años. Down. La palabra produjo un escalofrío familiar. Los médicos dijeron que sería como las demás niñas pero algo más lenta. Que tendría los ojos rasgados cuando fuera mayor y una larga lengua saliendo y entrando de la cueva del paladar como un ermitaño ansioso. Es decir, una Down.

Mintieron. Bueno, en realidad falsificaron la verdad en lo referente a que sería como las demás niñas pero con otro reloj biológico. Jone se ríe aún más que ellas. Incluso cuando está triste o llora, su cara parece negarse a obedecerla y dibuja una enorme sonrisa. Una vez le dijeron que la televisión iría al aula de educación especial donde estudiaba para grabar una pequeña actuación y pidió a su madre que la peinara como hacen a las estrellas de cine.

Apareció en el desayuno con su estuche mágico y el espejo en el que se mira todas las mañanas. Cuando la cámara llegó, Jone comenzó a chispear como una bengala. Igual que Greta Garbo.

Hubo algo fascinante en aquella puesta en escena. Mientras los chicos de otras clases ahogaban su agitación en la ruidosa cuadrilla, ella perseveraba sola en un desafío permanente con la perfección de sus gestos. Brincaba como una cabra montesa y se contorneaba con una seguridad admirable. En realidad, nadie disfrutó de ese momento como ella. Le iba la vida. Si alguien le decía algo, le abrazaba con un afecto abrumador y le comía a besos con la respiración entrecortada.

Escribo con tanta devoción porque Jone es mi sobrina.

Hace unos años utilizó el maldito facebook para ganarse unos amigos especiales. Quería que la aceptaran en un grupo de tiempo libre para compartir secretos pero no le resultó sencillo conseguirlo. Impaciente por el silencio grupal a su solicitud de “amistad”, colgó un primer mensaje en la página del grupo y se lo dedicó a ellos, a ver si con eso llamaba la atención. Nada. Como nadie excepto yo, que no soy nadie en esta historia, le puso un “me gusta” decidió lanzarse al ataque y varió su estrategia. Cuando se lo propone, es astuta como un delfín y directa como un águila. Su idea no pudo ser más extraordinaria. Bajo su link de buenas intenciones, se respondió a sí misma: “Soy Jone, ¿me aceptáis como amiga?”. De nuevo, obtuvo silencio como respuesta. Por si quedaba alguna duda de lo que andaba buscando, al día siguiente añadió: “No sé cómo hacerlo”.

Hoy es toda una señorita con síndrome de Down y una habilidad innata para unir personas derribando las máscaras que camuflan los sentimientos. No hay anzuelo en sus inventos. Y si existe, está sepultado bajo esa fina capa de prejuicios que muchos de nosotros, los “listos” y “guapos”, fabricamos con tanta facilidad.

Siempre lo digo: el contacto con ella me sirve de ejemplo. La persona Down ni es tonta ni subnormal. Basta con sentarse junto a cualquiera de ellos y abrir las orejas. No pretendo ahora enumerar las virtudes de Jone, que son muchas y todas de una sencillez apabullante, pero sí poner en negrita que las dificultades para su integración se incrementan en progresión geométrica al derrumbe del Estado Social que hoy padecemos. En la educación, en el deporte, en el mundo laboral. Las empresas les postergan en aras de una falsa eficiencia, las instituciones públicas ya no les contrata y la ceguera de algunos padres con niños “normales” en aulas de integración aumenta ante la evidencia de que es su hijo, el ‘normal’, quien no se esfuerza en progresar porque es un tarugo.

Por suerte, Jone trabaja a media jornada en una tienda de productos ecológicos de Bilbao y ahora veo que deberé seguir esperando sentado a que me regale de una vez el cofre de nogal que me prometió para que guarde algunos tesoros. Por todo esto digo que no hay colmillos retorcidos en la concepción de la vida de Jone. Un enfado le dura el tiempo que se tarda en abrazarla y escuchar sus demandas. Ya sé que lo importante está la calle, donde ya no hay luces complacientes ni trajes con los que enmascarar la realidad.

Hoy estará pegada a sus películas de aventuras, leyendo en voz alta los vaivenes emocionales de sus héroes privados. Sentada en el suelo, con las piernas desplegadas en un ‘spagash’ imposible y esa mirada azulada, capaz de desdoblarse entre la cruda realidad que la rodea y el mundo de sus sueños.

Así de dulce es mi sobrina Jone.

PD: El motivo de celebrar el día mundial del Síndrome de Down los 21 de marzo procede del origen de la dolencia: la triplicación del cromosoma 21

Nombre de mujer

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Podríamos hablar de mil historias de mujeres. Se me ocurre la de Emmeline, una chica anónima guardada en la biblioteca de la vida por el feminismo mundial. Emmeline fundó la Unión Política y Social de las mujeres británicas en 1874 para luchar por el derecho al voto femenino. Eran momentos duros y dolorosos para todos pero especialmente para ellas. De ahí que los respetables mandamases de su tiempo, presos de un pánico atroz, se sacaron de la chistera una siniestra ley para encarcelar a todas sus seguidoras, a las que vergonzosamente llamaron ‘Las histéricas’. En 1929, un año después de la muerte de Emmeline, se instauró el sufragio universal en el Reino Unido.

Pero hoy me he fijado en esta fotografía. Lo que se ve en el cielo estrellado es la ‘Nube de Magallanes’, dos galaxias enanas que sólo pueden ser contempladas durante las noches sin luna austral. Una pirotecnia celeste bajo el cielo raso. Su descubridor fue un astrónomo persa llamado Abd Al-Rahman Al Sufi y Fernando de Magallanes el primero en estudiarlas durante su viaje de circunnavegación alrededor de la Tierra.

Sin embargo, lo que no sabía es que esta explosión estelar fue explicada por una mujer silenciada por el hombre. Se llamaba Henrietta Swan Leavitt y murió en 1921 con 58 años en Massachusetts dejando todo el trabajo hecho para que sus dos superiores, Edward Pickering y Edwin Hubble (el del famoso telescopio), le robaran la gloria. Dijeron que la pagaban por trabajar, no por pensar, como si ambas virtudes fueran incompatibles. Leavitt dio sentido a estas dos gigantescas constelaciones compuestas por millones de estrellas que brillan a intervalos. Las descifró como si se trataran de un morse celestial.

Los astrónomos las conocen como Cefeidas, nombre femenino y plural. Hoy, día internacional de la mujer, Henrietta Leavitt se merece un homenaje por doble motivo: por ser una gran astrónoma y por haber sido víctima de la ignominia machista en un mundo donde la inteligencia no suele ser sinónimo de éxito.

Leavitt dejó un mísero legado. Ni siquiera unas notas de su testamento enterradas en el jardín. Sólo 344 dólares que heredó su madre. Un matemático sueco intentó rescatarla del valle de los olvidados proponiéndola candidata a Premio Nobel. Pero llegó tarde. El cáncer ya había hecho su perverso trabajo.

Durante las siguientes décadas, la comunidad científica trató de purgar su vergüenza: Un cráter lunar y el asteroide 5383 llevan el nombre de esta ingeniosa dama.

Ahora que las mujeres van conquistado el mágico reconocimiento de la paridad como objetivo retórico y que el hombre está dispuesto a ceder a regañadientes su poder político en todas aquellas actividades que no cotizan en el PIB -asuntos sociales, igualdad, dependencia- sólo nos queda observar el futuro con una cierta reserva. Algo se está moviendo en el inexorable camino de la igualdad. Pero si analizamos algunas encuestas que probablemente hoy no habrán sido publicadas veremos en qué gastamos el dinero a nivel mundial. Ellas lo hacen en alimentación y educación. Ellos, en cambio, prefieren las bebidas y las armas. Curiosa forma de generalización planetaria.

Así que no estaría mal terminar esta carta como debería haberla empezado: “Estimada Henrietta, mujer trabajadora y viajera. Aunque la historia escrita (por el hombre) te desterrara al eclipse del olvido, tu nombre siempre encumbrará los prados de estrellas”.

Loreena McKennitt “The old ways”

“Me costó mucho quitarme a Fidel del corazón y ponérmelo en la cabeza”

Naty Revuelta

Natalia Revuelta fue la mujer que quizá mejor conoció a Fidel Castro. Al menos le trató en la intimidad de todas sus facetas humanas. Primero como líder revolucionario, más tarde como estadista mundial y entre medias como el ardiente amante con quien engendró una hija, Alina. Tuve la fortuna de conocerla en 2008, en La Habana, gracias a la ayuda de un gran conocedor del país como es José Manuel Martín Medem, excorresponsal de TVE.

Naty no sólo me abrió las puertas de su preciosa casa en Miramar, sino que también me ofreció un pedazo de su historia, una narración de la compleja convivencia que tuvo con una figura clave del siglo XX. No me dejó grabar el encuentro y me exigió que no publicara ni una palabra de nuestra conversación mientras estuviera viva. “Toma notas y guárdalas, nomás. Algún día podrían servirte”, me dijo.

Ese momento ha llegado. Naty murió en febrero de 2015 y Fidel Castro este sábado. Recuerdo que sentí una cierta perturbación al escucharla hablar de cosas inimaginables sobre un personaje casi literario como Castro. Desde órdenes estratégicas que impartía desde la prisión de Los Pinos a las debilidades típicas de un hombre normal y corriente cuando lo que duele es el corazón. Ella sabía que ninguna confidencia cambiaría la relación construida entre los dos.

“Nos conocemos muy bien y nos respetamos mucho”, añadió. Habló sin parar durante horas y sólo se detenía para beber agua. Luego volvía a la figura de su líder y a las anécdotas de una época repleta de cambios que guardaba en su memoria en perfecto orden y que, en contadas ocasiones, desempolvaba.

Como la que le sucedió en 1992. Llevaba años sin hablar con él pero de pronto escuchó cómo una cohorte de soldados tomaba posiciones alrededor de su casa. Alguien subió las escaleras como un caballo percherón y golpeó la puerta con rudeza. “¿Quién es?, pregunté como jodienda, porque sabía que era él” recordaba esta mujer menuda, con ojos claros de aguamarina y tan seductora a los 82 años que entonces tenía como a los 26, la edad en la que conoció a Fidel durante un acto contra Batista organizado en la universidad.

“Soy yo, contestó muy descortés. Vengo a hablar contigo”, describía Naty imitando el tono solemne que hizo famoso Fidel en sus interminables discursos.

Alina es la hija que tuvieron cuando el líder revolucionario aún estaba encarcelado tras el fallido asalto al cuartel de Moncada. La única reconocida fuera del matrimonio y el único familiar que abandonó el barco de la Revolución.

Ocurrió en 1993. Castro se había enterado de que preparaba la fuga y quería conocer su opinión. “Sólo me preguntó si estaba de acuerdo. Le respondí que era su decisión y como madre sólo podía apoyarla. Se me quedó mirando como un buey y me dijo que si yo aceptaba su marcha a Miami, él no se opondría. Se dio la vuelta y se largó”, rememoraba Naty aquel día sentada en medio de la enorme biblioteca que para ella era más que un tesoro.

“En realidad siempre me impresionó. Pero en el sentido de que Fidel era muy carismático y convincente. Yo ni me planteaba lo que pasó luego. Yo estaba casada y él también, con Mirta (Díaz-Balart), con quien tenía un hijo, Fidelito”, relataba. Educada en la alta burguesía prerrevolucionaria, no había obra de teatro en la ciudad o exposición de arte a la que no acudiera. Muy culta, mantenía amistad con los escritores y artistas, fueran o no castristas, que le apasionaban y por los que era respetada, más incluso que por su mirada clara y tan profunda que ni un ególatra como Fidel Castro logró resistir.

¿Cómo consiguió semejante hazaña? Hay quien asegura que se ganó el respeto de toda la comandancia revolucionaria durante el asalto al Cuartel de Moncada donde jugó un astuto papel como enlace en las comunicaciones guerrilleras. De hecho, fue condecorada hace una década. Otros piensan que su carácter era aún más indomable que el que mostró Fidel con los gringos.

Naty Revuelta ciertamente alimentaba esta leyenda desgranando los detalles más insospechados de su relación con Castro. Tras el encarcelamiento del líder por el fallido asalto a Moncada, comenzaron a intercambiar correspondencia. “Eran cartas, no sé cómo definirlas, ¡de amor! aunque con distancia”, hasta que una de ellas acabó en las manos de Mirta y se armó el caos. Fidel se divorció de Díaz-Balart y decidió cortar todo contacto con Naty hasta que en 1955 decretaron la amnistía y salió de prisión. “Entonces ocurrió. Fue breve el romance, pero intenso”, recordaba.

Fumadora empedernida durante muchos años, Naty comenzaba a sentir en 2008 los primeros estragos de la enfermedad que acabó con su vida siete años después. Pese a todo, era evidente que contar sus secretos con Fidel le agradaba porque le seguía admirando. “Me costó mucho quitármelo del corazón y ponérmelo en la cabeza”.

Cada cierto tiempo repetía que nada de fotos. “Si hubiera sido hace 40 años, entonces sí. Ahora soy vieja”, añadió mientras se colocaba bajo un retrato de su juventud donde se apreciaba con nitidez su belleza pero también un carácter a prueba de bombas.

Tras unos segundos de pausa, continuó despiezando sus recuerdos, unas veces se emocionaba, otras miraba hacia el mar. “Fidel siempre puso el proyecto revolucionario por encima de su vida personal. Así que no engañó a nadie. A mí tampoco, por eso creo que no es cruel ni malo. Que de todo lo han acusado”.

En el momento de aquel encuentro con Revuelta, Raúl Castro ya era presidente de Cuba y comenzaba a poner en marcha algunos cambios para mejorar la maltrecha economía cubana. Naty sentía una gran simpatía por él y, especialmente, por su esposa Vilma Espín, que había fallecido un año antes. Toda la frialdad que le mostró Fidel, era simpatía en su hermano.

“Fidel lideró con las luces largas puestas. Veía los grandes dilemas de la civilización, los analizaba muy bien, pero se mostraba incompetente con los problemas cotidianos de la gente normal. Al revés que Raúl”, aseguraba.

La pregunta de si la revolución había merecido la pena trastocó su tono alegre e inquieto y recuerdo que respondió con un rotundo sí y comparaba Cuba con algunos países de América Latina “donde el destino ha resultado peor”. No se consideraba víctima de la Revolución, pero sí una sacrificada “aunque ya conoces a los cubanos, somos resistentes”, dejó caer con cierta ironía. Pese a todo defendía a muerte la obstinada resistencia de Fidel a pasar por el aro de imperio gringo: “Aguantamos 40 años y podemos aguantar otras 40 más”.

Naty Revuelta se reencontró con Alina en La Habana. Habían pasado más de 22 años del último beso. “No sólo mantengo relación con ella sino que la hemos reforzado a través de las cartas y de internet”, reveló aquel día. Dicen fuentes bien informadas que fue el propio Fidel quien permitió el regreso excepcional de su hija al saber que Naty se iba. Pero él volvió a su laberinto.

Alina dijo de él: “No le odio. El odio es una palabra demasiado fuerte. Le considero una persona con un nivel de crueldad bastante elevado, pero no llegué a odiarle nunca”. Revuelta también criticó en varias ocasiones la relación bipolar de Fidel con su hija. “No fue buen padre. Quizá quería un niño aunque eso jamás me lo dijo”, señalaba en una entrevista a Paris-Match que le provocó un tremendo disgusto.

“Los periodistas europeos sois demasiado impresionables y os gusta el espectáculo”, comentó al despedirse desde el porche de su vivienda. A su lado siempre estaba un jardinero fiel porque para eso Naty Revuelta fue la mujer, quizá la única, que doblegó el poder de una leyenda.

Dario Fo, abre una brecha

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Hoy, el teatro no levantará el telón. La muerte de Darío Fo (Sangiano, 1926) los ha llenado de pena. Con él desaparece una de las armas más formidables que contábamos en esa lucha desigual que libramos contra la injusticia que asedia la conciencia del hombre.

Pero, al menos, nos queda su legado y el manifiesto.que, junto a Costa-Gavras, José Saramago y José Luis Sampedro, redactó en 2003 para validar su compromiso contra el pensamiento único, contra todos los poderes políticos que utilizan la democracia para asentar una plutocracia paralizante. Lo tituló “Abrir una brecha” como podía haber sido “Meter una cuña”, “Pasar a la ofensiva” o “Rebelión”. Cualquiera de ellos serviría.

Porque, a fin de cuentas, se trata de un pronunciamiento que llama a la movilización contra este sistema corrupto, a provocar la sedición contra las mentiras y las falsas palabras de una clase política que vive cómoda bajo la escandalosa situación en la que nos mantienen encerrados y se vanaglorian de ello. Porque en esta guerra de clases que emprendieron de forma silenciosa, ellos están ganando.

No lo digo yo. La frase pertenece a una de las fortunas más grandes del Mundo: Warren Buffett.

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más algido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra? ¿Quién guarda aún en su corazón las últimas palabras de su alocución: “pueda este tribunal prevenir el crimen del silencio”?

¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo?

¿Dónde están los Stephan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?

¿Dónde están los Henri Curiel, que se negó a abandonar Egipto para resistir al Afrikakorps de Rommel? ¿Los Henri Curiel anticolonialistas encarcelados durante dieciocho meses en Fresnes por su apoyo al FLN?

¿Dónde están los Gandhi, que entregó su vida para acelerar la caída del imperio británico de las Indias?

¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha en relación con una situación nueva cuyo sentido y exigencias verdaderas acordaron no reconocer las agrupaciones políticas y los diarios de opinión, sea por inercia o timidez doctrinal, sea por prejuicios nacionalistas o morales?

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses?

¿Dónde están los pensadores de la dimensión de Foucault, que revolucionó radicalmente la manera de ver la locura, la cárcel, la sexualidad?

¿Dónde están los de la talla de un Bourdieu, que regeneró la sociología sin dejar de defender con obstinación el rol social del intelectual crítico?

¿Dónde están hoy Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis, Antonio Machado o Federico García Lorca?

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus.

La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo -cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.

Algunas mujeres, algunos hombres, continúan sin embargo librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico.

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”

Y ellos están ganando.

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©El Roto