Refugiados

“Una auténtica historia de guerra nunca es moral. No instruye, no alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento humano correctos, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre han hecho. Si una historia parece moral, no la creáis (…)”

Tim O’Brian: (Worthington, Minnesota, 1946) “Las cosas que llevaban los hombres que lucharon”

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Quiero denunciar la decisión tomada ayer por la Unión Europea sobre los miles de refugiados, de perseguidos, que aguardan una oportunidad para la vida en Turquía, Grecia, en cualquiera de los países del grupo de Visegrado y en el resto del continente. No me siento representado por ustedes, políticos corrompidos. Me rebelo contra su decisión de ahogar en dinero el grito de desesperación, desobedezco sus irresponsables órdenes, denuncio su hipocresía manifiesta, confronto la decadencia a la que nos quieren arrastrar, doy la espalda a sus deseos y a sus principios, menosprecio su ideología ultra, combato su codicia e incumplo su peligroso comportamiento, que sólo alienta la desesperación. Desde mi función.

Davenports and kettle drums
and swallow tail coats
table cloths and patent leather shoes
bathing suits and bowling balls
and clarinets and rings
and all this radio really
needs is a fuse
a tinker, a tailor
a soldier’s things
his rifle, his boots full of rocks
and this one is for bravery
and this one is for me
and everything’s a dollar
in this box
Cuff links and hub caps
trophies and paperbacks
it’s good transportation
but the brakes aren’t so hot
neck tie and boxing gloves
this jackknife is rusted
you can pound that dent out
on the hood
a tinker, a tailor
a soldier’s things
his rifle, his boots full of rocks
oh and this one is for bravery
and this one is for me
and everything’s a dollar
in this box
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Las exclusivas sobre Venezuela

Antena 3 Noticias abrió el informativo nocturno de ayer con la noticia que encabeza este post. Y la viste con la solemnidad que suele acompañar al cumplimiento de una labor ingrata pero al servicio del ciudadano. Como los buenos en los que se puede confiar. Una versión española de Woodward y Bernstein.  Con un estilo desapasionado y una dicción grave que sólo dice la verdad. Comienzan así: “Antena 3 consigue en exclusiva imágenes que demuestran la relación de los independentistas catalanes de la CUP, Podemos y el entorno de ETA con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Representantes de estos tres colectivos viajaron a Venezuela en un avión militar que suele utilizar habitualmente el propio presidente venezolano”. Y terminan: “El entorno de ETA, la CUP y Podemos, juntos en un avión pagado por el gobierno bolivariano de Venezuela, pocos meses antes de las elecciones autonómicas, catalanas y generales, con destino a Caracas para participar en un congreso en el que se firmaron resoluciones a favor del derecho a la autodeterminación y al proceso de paz en el País Vasco”.

No pensaba hacer la más mínima alusión a esta noticia pero tanta obsesión irrespetuosa  a Venezuela es irritante. No sólo mienten en su contenido sino que además juzga a los protagonistas por mantener relaciones con un régimen que, dan por supuesto, es abominable, odioso, repugnante, execrable, repulsivo, ruin, abyecto y vil. Y si esa vinculación / conspiración fuera cierta, ¿cuál es el problema? ¿Nacerán niños con cuernos y rabo? ¿España, o una parte de ella como Cataluña y Euskadi, corre el riesgo de arruinar los valores libertarios que nuestros padres y abuelos conquistaron a base de sufridas batallas y mucho empeño?

El rey tiene una excelente relación personal con  la tiranía que reina en Arabia Saudí, hasta intercambian visitas privadas, pero estos mismos medios de comunicación no dicen nada. También el ministro de Defensa está vinculado a una empresa de armamento que vende artefactos a dictaduras bizantinas y no lo denuncian. Es, digamos, normal o al menos nos produce una sensación de normalidad y, desde luego, poco peligroso. Al fin de cuentas son colegas aunque estén un tanto majaretas y se eduquen a hostias. Pero no nos salpican. Y, además, colaboran en la creación de empleo.

La realidad es más compleja y, por lo tanto, muy diferente. Lo único cierto es que  Venezuela se ha convertido en un tema tabú en España, en el mal objetivo que hay que combatir. ¿Cuál es el motivo? Para no extenderme resumiré que la maldición venezolana es haber pasado de abastecer de crudo a EEUU a ser el epicentro anticapitalista más nítido del continente latinoamericano. Podríamos discutir de infinidad de variables pero esa condiciona al resto. En un sentido y en el otro.

Por eso, la exclusiva de Antena 3  es una distorsión informativa fabulosa. Desde ese lenguaje esterilizado que utilizan para separar lo que es bueno y conveniente de lo que es malo y hay que combatir hasta el engolado objetivo audiovisual. Resulta complicadísimo contar lo que verdaderamente ocurre en Venezuela, sin apasionamiento. Reconozco que es una guerra perdida.

Recibimos un bombardeo informativo tan arbitrario como moral que deja en polvo del desierto lo que un día dijo Tim O’Brian sobre la guerra: “Si una historia de guerra parece moral, no la creáis”. Es decir, si un medio de comunicación español habla de Venezuela y parece moral, no le creáis. Al menos, no del todo. Ni instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre hicieron.

 

Petra Laszlo y Facebook

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Resulta curioso (pero no sorprendente) que Facebook, o mejor dicho, el comité de supertacañones que deciden lo que es moral, ético o políticamente correcto difundir en esta plataforma, haya decidido borrar de un plumazo lo que he colgado hoy sobre el comportamiento de una tipa llamada Petra Laszlo al paso de los refugiados por la frontera húngara.

Es revelador que Facebook permita colgar miles de estupideces, de jueguitos gilipollas, de declaraciones personales e insultos aniquiladores, y muchas veces imágenes reveladoras de seres humanos humillados hasta el paroxismo. Por lo que he visto hoy, en esta sección sólo admiten los casos donde los culpables son al menos tan pobres como las víctimas. Es una ley implacable y misteriosa que ejecutan para eliminar inconvenientes del camino. Quizá una es Petra Laszlo.

Patear a la gente angustiada que intenta entrar en Hungría porque en su país sólo escucha el sonido de la muerte sobre su casa está muy mal pero criticarlo es para Facebook algo despreciable que vulnera las reglas del juego que me proponen. Esa es la respuesta a la desaparición misteriosa del comentario que escribí sobre la actitud violenta de esta reportera con los refugiados. Me pregunto si, quizá, lo que les enojó de verdad, si es que lo estuvieron en algún momento, fue el paralelismo que hice entre el comportamiento de esta mujer y el mensaje desafiante que repite el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán.

Como podéis comprobar en el video que he puesto abajo, sorprende la reacción de una periodista aparentemente vocacional como Petra Laszlo hacia esa gente que huye despavorida ante sus ojos. Una ciudadana húngara como ella conoce bien qué es la delación, la deportación, cómo se encaja el desprecio racista y qué se siente ante una agresión impúdica. Suerte es que ya ha sido despedida de la emisora en la que trabajaba y que puede ser condenada por delitos encadenados hasta con 7 años de cárcel. Por el momento, llora, no se sabe si de rabia o de penas, en la acomodada cama que compró para su piso, probablemente alquilado, en el centro de Budapest.

Mi mente calenturienta la imagina hablando a sus compañeros de trabajo sobre lo excitante que le resulta la acción sobre el terreno porque ella es una tipa dura y sensible a la vez, y sobrante de inteligencia, para entender con audacia el meollo de todos nuestros problemas.

Comentaba en el texto que me ha borrado Facebook que en el retrato de su perfil hay un grave error: Petra Laszlo agarra con su mano derecha la cámara de video como si se tratara de un lanzacohetes. Apunta con el objetivo antes de disparar el ojo catódico para registrar el aliento caliente del drama.  Estamos ante una cazadora experimentada de instantes históricos.

Y de esta guisa, la mona y feroz Lazslo, comenzó a grabar el estremecedor espectáculo de los refugiados que pasaban por su lado hasta que alguien la empujó ligeramente lo que despertó su instinto de autodefensa y propinó un  rodillazo en el estómago al primero que se puso a tiro. Luego cambió de estrategia lanzando un puntapié a una niña que corre con su padre y, ya por último, zancallidea de manera infame a un señor para que caiga al suelo. Facebook me ha impedido comentar esta secuencia. Supina estupidez aunque entre Petra Laszlo, la periodista húngara, y Facebook debe haber más razones que la fidelidad eterna que un día se juraron. Allá ellos..

Dejo el video que la retrata

Grecia, la consigna ha sido difundida

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Acabamos de ver el rostro del famoso abismo entre norte y sur del que tanto nos hablaron. Es la realidad. El mundo se maneja bien en la incomprensión. Quizá es la manera pragmática de relacionarse. La única que tiene el éxito garantizado, el reducto para que nadie te tome por un estúpido. ¿Por qué, sino, Wolfgang Schäuble recibe en privado los peores calificativos pero el único que osó levantarle la mano merece el agravio público? En la UE cada uno va a lo suyo y ya han logrado que los pobres y los ricos acepten formar parte de dos mundos paralelos que no se reconozcan, que no se toquen y que no se comprendan.

Y ahora, ¿qué? Pues que Syriza se deshace, que pronto habrá elecciones en Grecia, España y Portugal -tres miembros fundadores del club de los pobres sin derecho al ocio ni a la democracia-, que al moribundo Gobierno que hace una semana nos hacía soñar sólo le queda liquidarse en comandita con la misma oposición a la que derrotó con la táctica de la ingenuidad manifiesta; y, por último, que la sociedad ha vuelto a salir a la calle pero esta vez abatida porque han amputado su esperanza, a pelo, sin anestesia.  ¿Tanto cambia el poder? Yanis Varoufakis acaba de describir su fiera mirada. Ojos astutos sin la más mínima piedad en una noche de niebla.

Cuesta imaginar qué capacidad de maniobra tiene hoy Podemos, con o sin Ahora en Común, ante semejante panorama. ¿Qué decimos a los movimientos sociales que hoy defienden una Europa ciudadana, sin TTIPs ni maniobras orquestales en la oscuridad de la economía comunitaria? ¿Se puede confiar en esta democracia? ¿Qué la lucha por un mundo más justo que el que están construyendo debe continuar? ¿Cuál será su ánimo? ¿Seguirán pensando, de verdad, que aún es viable torcerle el brazo a unas instituciones que han sometido a una democracia sin el más leve cargo de conciencia?

Reproduzco parte de la declaración que, bajo el título “Abrir una brecha”, redactaron los intelectuales Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago en 2003 para validar su compromiso contra el pensamiento único y contra todos los poderes políticos que utilizan la democracia para asentar una plutocracia paralizante.

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más algido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra? ¿Quién guarda aún en su corazón las últimas palabras de su alocución: “pueda este tribunal prevenir el crimen del silencio”? 



¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?



¿Dónde están los Henri Curiel, que se negó a abandonar Egipto para resistir al Afrikakorps de Rommel? ¿Los Henri Curiel anticolonialistas encarcelados durante dieciocho meses en Fresnes por su apoyo al FLN?

¿Dónde están los Gandhi, que entregó su vida para acelerar la caída del imperio británico de las Indias? 



¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha en relación con una situación nueva cuyo sentido y exigencias verdaderas acordaron no reconocer las agrupaciones políticas y los diarios de opinión, sea por inercia o timidez doctrinal, sea por prejuicios nacionalistas o morales?’

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses? 

¿Dónde están los pensadores de la dimensión de Foucault, que revolucionó radicalmente la manera de ver la locura, la cárcel, la sexualidad? ¿Dónde están los de la talla de un Bourdieu, que regeneró la sociología sin dejar de defender con obstinación el rol social del intelectual crítico?
¿Dónde están hoy Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis, Antonio Machado o Federico García Lorca? 

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus.

La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo -cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.
 Algunas mujeres, algunos hombres, continúan, sin embargo, librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”. 

Este es un llamado a la movilización contra un sistema corrupto, a la rebelión contra las mentiras y las falsas palabras de una clase política que vive cómoda bajo comportamientos escandalosos como el de Grecia. Que se vanagloria porque en esta guerra de clases que se libra de forma silenciosa, ellos han vuelto a ganar. No lo digo yo. Su autor es Warren Buffett.

Humpty Dumpty en Grecia

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Difundir embustes se ha convertido en el segundo deporte europeo después del fútbol. El ejemplo más palmario está a la vuelta de la esquina, en el quiosco de prensa, en los titulares de buena parte de las grandes cabeceras mediáticas. Y España está entre las favoritas. Contar la verdad sobre la actuación del Gobierno de Grecia en su negociación con acreedores de una deuda calamitosa heredada de gobiernos liberales y gestiones ilícitas realizadas por los mismos políticos que se alternaron durante 40 años en el poder pero hoy se estiran de los pelos sería muy recomendable para la humanidad. Desde luego, lo sería para Europa entera. Además de salvar el euro, un deseo compartido por la mayoría de sus ciudadanos, podríamos, incluso, reconciliarnos con la especie.

Tsipras presentó una propuesta de ahorro de 8.000 millones de euros, tal y cómo le exigía la Troika. Ni siquiera discutió esta medida. Pero su objetivo era sustituir las medidas de austeridad por una mayor recaudación mediante la reestructuración de la deuda. Para ello presentó una reforma fiscal en la que el 92,4% del ingreso del Estado procediera de nuevas tasas impositivas a las rentas más altas, al turismo y a los artículos de lujo. Europa dijo no, a los míos no los tocas. Algo así como que toda esta batalla, esta vaina que han montado para ejemplarizar que el destino ya está escrito por ellos, no es para estrangular a los suyos -a los armadores que no pagaban impuestos, a los especuladores del petróleo que sacaban crudo a Turquía de espaldas del Estado y un largo etc de desmanes incongruentes- sino para castigar a la clase media y despedazar a quienes ya eran los parias de la Tierra.

En otras palabras, la Troika no puede permitir que Tsipras se salga con la suya ante el peligro de que cunda su ejemplo en otros países acorralados -y dóciles con las políticas de austeridad impuestas- como es España.

Pero el mundo no es tan complejo como creemos. Para la Europa financiera, la que representan el BCE, Merkel, el FMI y la Comisión, la palabra “ayuda” significa exactamente lo que ellos quieren que signifique. Ni más, ni menos. Es entonces cuando la parábola de Humpty Dumpty en “Alicia a través del espejo” se vuelve realidad.

-La cuestión está en saber si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión está en saber- replicó Humpty Dumpty- quién manda aquí. Eso es todo”.

Arriba la utopía

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Nos empujan hacia la capitulación. A que renunciemos a la solución de nuestros problemas. A que aceptemos resignados la derrota frente a un selecto grupo de “profesionales” y nos olvidemos del gran debate pendiente, el que debería poner en cuestión cómo se arregla la carestía de la vida, el deterioro de la sanidad pública, el papel del empresariado en la sociedad actual, la función del Estado en el mundo, la participación del individuo en la vida colectiva, el equilibrio entre el medio ambiente y la explotación de los recursos. En fin, lo que es importante para nuestra existencia.

Tengo la extraña sensación de que estos dilemas aburren a los guías del pueblo, más atareados en inocularnos el virus de la indiferencia y que les aplaudan con las orejas, que en combatir el desencanto que hoy martillea a la sociedad civil. La frustración es una palabra hueca para los amos del Universo. Ellos prefieren los circunloquios porque siempre dicen lo mismo. Mensajes que neutralizan la participación ciudadana. Discursos para aniquilar cualquier esperanza de poder cambiar las cosas. ¿No hablábamos hace unos meses de que otro mundo es posible?

Los políticos de hoy siguen presentándose como los propietarios de una razón que no ilustra. No ayudan a entender la confusión reinante ni cuál es el interés colectivo. En los momentos duros de la Historia, la función pública siempre fue contener la crisis y los desequilibrios de un sistema vorazmente codicioso. La privada, arriesgar su capital por un futuro rentable para la mayoría. Hoy, nada de eso tiene vigor. Acabaron con ello como acaban con otras cosas.

Ya ni se ven, ni se oyen ni se sienten. Sólo se escucha llorar de impotencia –algunos ríen como hienas- ante el empobrecimiento general y los nuevos frentes de guerra. En Siria, en Yemen, en Irak, en Kenia. La crisis y el pensamiento económico que tratan de imponer son excelentes compañeros de cama. No tengo dudas. La recesión es el mejor aliado de los políticos que alimentan este mantra para sentirse imprescindibles.

Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago escribieron un día:

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más álgido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra?
¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?

¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha’?

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses?

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus. La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.

Algunas mujeres, algunos hombres, continúan sin embargo librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”.

Aquí os dejo un tema de Nina Simone cuya letra aporta sensatez. Sea pues.

Yemen en el limbo mundial

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Foto: Reuters

Hay días que piensas que no tenemos remedio. Observas el estado del mundo y sientes una punzada de rebelión contra tu propia especie. La guerra me empuja a ello. Acabo de repasar las portadas de los principales diarios españoles y veo que reflejan la masacre perpetrada hoy en Yemen como si fuera un suceso de otro planeta. Con distancia, frialdad y hasta resignación.

No defiendo el pacifismo porque la guerra es tan profunda como nuestra conciencia. No podemos escapar de ella. Está en nuestra naturaleza. Son los hechos, los hechos indiscutibles, que debemos aceptar si queremos vivir acordes al mundo. Pero quienes denuncian los motivos que empujan a unos contra otros con el fin de su aniquilación física no piensan que la vida es bella y el sol, agradable de mirar. Para nada. Simplemente saben que la guerra da rienda suelta a lo peor del hombre. Y Yemen es una vergüenza mundial.

Prestamos muy poca atención a lo que allí sucede pero dudo mucho que sus habitantes tengan resistencia para asimilar el castigo al que están siendo sometidos durante más tiempo.