Arriba la utopía

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Nos empujan hacia la capitulación. A que renunciemos a la solución de nuestros problemas. A que aceptemos resignados la derrota frente a un selecto grupo de “profesionales” y nos olvidemos del gran debate pendiente, el que debería poner en cuestión cómo se arregla la carestía de la vida, el deterioro de la sanidad pública, el papel del empresariado en la sociedad actual, la función del Estado en el mundo, la participación del individuo en la vida colectiva, el equilibrio entre el medio ambiente y la explotación de los recursos. En fin, lo que es importante para nuestra existencia.

Tengo la extraña sensación de que estos dilemas aburren a los guías del pueblo, más atareados en inocularnos el virus de la indiferencia y que les aplaudan con las orejas, que en combatir el desencanto que hoy martillea a la sociedad civil. La frustración es una palabra hueca para los amos del Universo. Ellos prefieren los circunloquios porque siempre dicen lo mismo. Mensajes que neutralizan la participación ciudadana. Discursos para aniquilar cualquier esperanza de poder cambiar las cosas. ¿No hablábamos hace unos meses de que otro mundo es posible?

Los políticos de hoy siguen presentándose como los propietarios de una razón que no ilustra. No ayudan a entender la confusión reinante ni cuál es el interés colectivo. En los momentos duros de la Historia, la función pública siempre fue contener la crisis y los desequilibrios de un sistema vorazmente codicioso. La privada, arriesgar su capital por un futuro rentable para la mayoría. Hoy, nada de eso tiene vigor. Acabaron con ello como acaban con otras cosas.

Ya ni se ven, ni se oyen ni se sienten. Sólo se escucha llorar de impotencia –algunos ríen como hienas- ante el empobrecimiento general y los nuevos frentes de guerra. En Siria, en Yemen, en Irak, en Kenia. La crisis y el pensamiento económico que tratan de imponer son excelentes compañeros de cama. No tengo dudas. La recesión es el mejor aliado de los políticos que alimentan este mantra para sentirse imprescindibles.

Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago escribieron un día:

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más álgido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra?
¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?

¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha’?

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses?

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus. La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.

Algunas mujeres, algunos hombres, continúan sin embargo librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”.

Aquí os dejo un tema de Nina Simone cuya letra aporta sensatez. Sea pues.

Yemen en el limbo mundial

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Foto: Reuters

Hay días que piensas que no tenemos remedio. Observas el estado del mundo y sientes una punzada de rebelión contra tu propia especie. La guerra me empuja a ello. Acabo de repasar las portadas de los principales diarios españoles y veo que reflejan la masacre perpetrada hoy en Yemen como si fuera un suceso de otro planeta. Con distancia, frialdad y hasta resignación.

No defiendo el pacifismo porque la guerra es tan profunda como nuestra conciencia. No podemos escapar de ella. Está en nuestra naturaleza. Son los hechos, los hechos indiscutibles, que debemos aceptar si queremos vivir acordes al mundo. Pero quienes denuncian los motivos que empujan a unos contra otros con el fin de su aniquilación física no piensan que la vida es bella y el sol, agradable de mirar. Para nada. Simplemente saben que la guerra da rienda suelta a lo peor del hombre. Y Yemen es una vergüenza mundial.

Prestamos muy poca atención a lo que allí sucede pero dudo mucho que sus habitantes tengan resistencia para asimilar el castigo al que están siendo sometidos durante más tiempo.

Nombre de mujer

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Lo que vemos en el cielo estrellado de la fotografía es la ‘Nube de Magallanes’, dos galaxias enanas que sólo pueden ser contempladas durante las noches sin luna austral. Una pirotecnia celeste bajo el cielo raso. Su descubridor fue un astrónomo persa llamado Abd Al-Rahman Al Sufi y Fernando de Magallanes el primero en estudiarlas durante su viaje de circunnavegación alrededor de la Tierra.

Sin embargo, pocos sabíamos que esta explosión estelar fue explicada por una mujer silenciada por el hombre. Se llamaba Henrietta Swan Leavitt y murió en 1921 a los 58 años en Massachusetts dejando todo el trabajo hecho para que sus dos superiores, Edward Pickering y Edwin Hubble (el del famoso telescopio), le robaran la gloria. Dijeron que la pagaban por trabajar, no por pensar, como si ambas virtudes fueran incompatibles. Leavitt dio sentido a estas dos gigantescas constelaciones compuestas por millones de estrellas que brillan a intervalos. Las descifró como si se trataran de un morse celestial.

Los astrónomos las conocen como Cefeidas, nombre femenino y plural. Hoy, día internacional de la mujer, Henrietta Leavitt se merece un homenaje por doble motivo: por ser una gran astrónoma y por haber sido víctima de la ignominia machista en un mundo donde la inteligencia no suele ser sinónimo de éxito.

Leavitt dejó un mísero legado. Ni siquiera unas notas de su testamento enterradas en el jardín. Sólo 344 dólares que heredó su madre. Un matemático sueco intentó rescatarla del valle de los olvidados proponiéndola candidata a Premio Nobel. Pero llegó tarde. El cáncer ya había hecho su perverso trabajo.

Durante las siguientes décadas, la comunidad científica trató de purgar su vergüenza: Un cráter lunar y el asteroide 5383 llevan el nombre de esta ingeniosa dama.

Ahora que las mujeres van conquistado el mágico reconocimiento de la paridad como objetivo y que el hombre está dispuesto a ceder su poder político en todas aquellas actividades que no cotizan en el PIB -asuntos sociales, igualdad, dependencia- sólo nos queda observar el futuro con euforia. Algo se está moviendo en el inexorable camino de la igualdad. Pero si analizamos algunas encuestas que probablemente hoy no serán publicadas veríamos en qué gastamos el dinero a nivel mundial. Ellas lo hacen en alimentación y educación. En cambio, ellos prefieren las bebidas y las armas. Curiosa forma de generalización planetaria.

Así que no estaría mal terminar esta carta como debería haberla empezado: “Estimada Henrietta, mujer trabajadora y viajera. Aunque la historia escrita (por el hombre) te desterrara al eclipse del olvido, tu nombre siempre encumbrará los prados de estrellas”.

Loreena McKennitt “Dante’s player”