Solsticio de Invierno

9f9a6-373856_143855415716053_100002747870528_152582_1346111790_n

Aunque esta noche haya sido la más larga del año, estos dos oseznos pardos se decidieron a salir de su guarida para dar un paseo por el campo. Bien juntitos, tomados de la zarpa, como cachorros bien educados en el invierno boreal. Probablemente, su madre no ande lejos y así continuará hasta que los dos benditos de la fotografía cumplan un año y medio de vida. Entonces, cada cual se irá por su cuenta, en soledad, a buscarse la vida por los bosques canadienses o las zonas inaccesibles de Suecia y Noruega, su gran paraíso. Pero aun es pronto para pensar a tan largo plazo.

El tiempo de los plantígrados, como el del hombre de hoy, también se mide en horas, en días, en minutos, a veces también en segundos, y no permite albergar esperanzas. Los protagonistas de la imagen nacieron en marzo, en la osera que su preñada madre preparó para hibernar. Ahora se acicalan para encarar con garantías un nuevo invierno, frío y seco, en Sprucedale, Ontario, Canadá, donde un grupo de conservacionistas ha creado un estupendo santuario para la rehabilitación de estos imponentes animales.

Y mientras su sufrida madre se devana los sesos para llenar la despensa corporal que les servirá de escudo invernal, los dos ingenuos ositos siguen como si nada, ajenos a la lucha a brazo partido de su progenitora contra los elementos y la huella del hombre. Ellos dos jugarán y jugarán hasta que caigan rendidos. Sin embargo, hacerlo es para ellos un ejercicio necesario. Así aprenden a cazar, desarrollan los impresionantes músculos de la mandíbula y, lo más importante, agudizan un instinto olfativo implacable para la búsqueda futura de alimento. La vida es sueño, o juego, según se mire. Aunque visto desde otras latitudes, por ejemplo Europa, resulta cada día más difícil mirar con ojos benevolentes el devenir de los tiempos.

La vida se ha tornado mercadería y el invierno, que a partir de hoy camina confiado hacia su fin, nos anima a postrarnos en una profunda hibernación.

Anuncios

No es no

violenciaMujer635

El disco duro de una sociedad es la memoria ante el virus de la indiferencia. El Día Internacional contra la violencia de género nos recuerda que en este país hay casi dos millones de mujeres que son agredidas diariamente por animales con barba, que son perseguidas implacablemente y que, una vez en su campo de tiro, un porcentaje muy alto de ellas acaba con el cuello roto en una morgue. Nadie puede ignorar esta abominable realidad. En esta tragedia, las heroínas son todas las mujeres que mueren por su condición femenina.

Podríamos hablar de mil historias violentas contra ellas pero pienso que el martirio de Emmeline, una chica anónima rescatada de la biblioteca de la vida, es la que se ajusta a la verdad. Emmeline fundó la Unión Política y Social de las mujeres británicas en 1874 para luchar por el derecho al voto femenino. Eran momentos duros y dolorosos para todos, pero especialmente para ellas. De ahí que los respetables mandamases de su tiempo, presos de un pánico atroz, se sacaran de la chistera una macabra ley para encarcelar a todas sus seguidoras, a las que vergonzosamente llamaron ‘las histéricas’. En 1929, un año después de la muerte de Emmeline, se instauró el sufragio universal en el Reino Unido.

Ustedes pensarán a qué viene esto. Pues bien. Al igual que en la época de clandestinidad de la Unión Política y Social de las mujeres británicas, los partidos de ahora no se han preocupado lo suficiente de los derechos elementales de las mujeres. La violencia de género no para de crecer a pesar de los gritos desgarradores de todos exigiendo una ley universal que las proteja, y nos proteja, de una manera efectiva de la brutalidad machista. Se endurecen las penas, es cierto, aunque esa obsesión por las leyes corre el riesgo de estrellarse contra la muralla de la complejidad. La más resistente es el sistema patriarcal imperante, el refugio de los patrones machistas que causan dolor.

Un ejemplo: ¿Por qué se educa a las niñas a prevenir la violación pero no a los niños a ser violadores?. Son los pequeños detalles que retratan el nivel de compromiso de quienes idean leyes y campañas doradas contra el feminicidio que todos padecemos. Aunque resulte imposible certificar el número de mujeres que son asesinadas cada año, Naciones Unidas presentó en 2015 un estudio que sirvió para evaluar los estragos de la violencia de género en el planeta: una de cada tres mujeres ha padecido alguna vez las dentelladas del maltrato físico o sexual y el autor vive en su círculo íntimo. Esa fue la conclusión.

El dolor ajeno suele ser un tema recurrente en estos tiempos de miseria moral que nos ha tocado vivir. Habitamos un mundo en el que sólo parece importar lo inmediato, lo exitoso, lo bello, lo inmortal. Cada vez se habla más rápido y se mira peor. Cultivamos el rechazo, abominamos la realidad a la que nuestros sentidos nos han constreñido. Una imagen deformada de nosotros mismos, repleta de imperfecciones, de trazos gruesos y decadentes que terminan transformando la existencia en una prisión asfixiante. Pero, ¿qué nos estamos haciendo? ¿Acaso siempre fue así?

El filósofo Friedrich Nietzsche escribió una vez que quien lucha con monstruos debe cuidarse de no convertirte también en monstruo. Entonces, ¿en qué queremos convertirnos? La respuesta emana aquí de la propia imagen. Esta fotografías en blanco y negro da cuenta del invierno perpetuo del alma golpeada, aprisionada por la frívola imperfección que reina en los momentos de soledad.

Otoño, una pira bestial

bosque-otoño

Hay días que una foto es más que mil colores. También huele. Pero no a leña chamuscada ni a monte quemado como hoy apesta en Galicia, Asturias y Portugal. Quizá, si le echamos imaginación al asunto, la imagen de arriba podría obsequiarnos con su aroma de naturaleza viva. El bosque húmedo en otoño es un lujo bestial y, por fin, ha llegado. Llueve y el paisaje se enciende como una pira imponente.

El poeta Octavio Paz escribió: “En llamas, en otoños incendiados, arde a veces mi corazón, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta!”.

Así es. Estamos en el inicio de esta estación multicolor. Momento para abrirse a todo lo que suena y se mueve. Preparados para lo mucho que huele y para todo lo que puede saborearse. Días de luz suave y de humedad, el tiempo nos ofrece una oportunidad para recuperar el sentido de los sentidos, o como dijo el naturalista Joaquín Araujo “serás de la vida como la vida es del tiempo”. Aprovechemos esta lluvia y este sol con su luz crepuscular para acercarnos al invierno gélido.

Refugiados, el gran fracaso europeo

1490362924_356022_1490363672_noticia_normal_recorte1

OZAN KOSE/AFP

Aunque las señales del fracaso aparecieron el mismo día de la votación, nadie pensó que de los 160.000 refugiados que la UE se comprometió a reubicar entre 2015 y 2017 sólo alcanzaría a 28.242, el 18% del número de personas inicialmente acordado. Ayer concluyó el plazo del acuerdo vinculante firmado por todos los estados europeos, excepto República Checa, Hungría, Eslovaquia y Rumanía, y sólo Malta, cuya cuota era de 137 personas, ha cumplido su palabra. Finlandia se ha quedado cerca, con un 92% de las personas reubicadas respecto a la cuota establecida. Estas cifras evidencian el rotundo fracaso del compromiso adoptado por la UE para atenuar el drama que cada día golpea a miles de refugiados que esperan agolpados en campos improvisados de Grecia e Italia. En el otro extremo se encuentran, además del bloque de países centroeuropeos, España, Francia y Austria que no alcanzan ninguno de ellos ni el 20% de las cuotas de reubicación que tenían asignadas. Llama la atención el caso español que de los 17.337 refugiados que se comprometió a acoger en 2015 sólo ha recibido a 1,910 personas, el 14% de su cuota.

Desde hace algunos meses, el decepcionante desenlace era esperado por organizaciones que trabajan sobre el terreno como el Comité español de ayuda al refugiado (CEAR), Médicos sin Fronteras (MSF), Intermón Oxfam o Acnur. “Claramente es una vergüenza que pone de manifiesto la falta de voluntad de los Estados para asumir un compromiso de colaboración para aliviar la situación en Grecia e Italia y un drama humanitario”, censuró ayer la responsable de CEAR, Estrella Galán.

El compromiso de acoger a 160.000 refugiados confinados en campos de reclusión de Grecia e Italia se tomó en el Consejo Europeo pocas semanas después de la espeluznante imagen del niño sirio Aylan Kurdi, ahogado ante los ojos atónitos del mundo en la orilla de una playa turca. La crudeza de la fotografía tuvo un efecto punzante sobre la conciencia de las autoridades europeas que decidieron sacar adelante la iniciativa pese al voto en contra de países como Hungría y Polonia. A golpe de tragedia y de emergencia humanitaria, se creó un complejo mecanismo de reubicación de refugiados que trataba de redistribuir a las miles de personas que en 2015 seguían llegando, como Aylan, a través del Mar Egeo entre Turquía a Grecia, y por el Mar Mediterráneo desde Libia a Italia. Se impuso que cada uno de los 28 estados aceptara la acogida de una cifra específica de refugiados en función del peso de su PIB en el conjunto de la UE. A España, por ejemplo, le correspondieron 16.231 personas; a Alemania, algo más de 31.000; y a Francia, 24.000.

De forma paralela, los países confirmaron el compromiso no vinculante de reasentar a más de 20.000 personas refugiadas en campos de Jordania, Líbano y Turquía donde hoy habitan casi dos millones de seres humanos huidos de las guerras. El Gobierno de España aprobó traer a 1.449 personas pero, de momento, sólo han llegado 631.
El principal argumento difundido en el seno de la UE para justificar el fracaso de esta política ha sido la baja cifra de personas preparadas para ser reubicadas. Sin embargo, organizaciones como Acnur han criticado los “férreos requisitos” que los Estados receptores están imponiendo a los solicitantes de refugio para que puedan beneficiarse del programa. Además, según CEAR, también se ha bloqueado la reubicación a personas de nacionalidades que superaban una tasa de reconocimiento de protección internacional. Este criterio ha favorecido a las personas originarias de Siria, Eritrea o Yemen pero se ha convertido en un obstáculo insalvable para otros en similares situaciones procedentes de Afganistán, Irak, Sudán o Nigeria. Por este motivo, hay unos 10.000 procedimientos de asilo paralizados sobre la mesa de las autoridades de migración europea.

En un comunicado urgente difundido ayer, la Comisión Europea recordó a los países que se comprometieron en septiembre de 2015 a reubicar a 160.000 refugiados que “es apremiante que los Estados miembros sigan con el proceso incluso después del 26 de septiembre”. Desde las organizaciones humanitarias son más críticos. CEAR considera que “los países de la UE parecen haber dejado de lado el derecho de asilo. Y no sólo aquellos gobiernos con un discurso claramente xenófobo sino casi todos. Hay una falta de voluntad política para cumplir con ese compromiso”.

Publicado en El Telégrafo

Nanga Parbat, la montaña desnuda

Nanga Parbat

Nanga Parbat significa “Montaña desnuda” en urdu, la lengua pakistaní, debido a que no rivaliza en altitud con otros grandes picos. Este monte es un gigante aislado en la coordillera del Karakórum. Es la novena cumbre más alta del planeta y una de las tres más difíciles de someter. De hecho, junto al K2, jamás ha podido ser escalada en invierno.

Hace más de un año escribía sobre esta montaña para rememorar la hazaña que cinco de los más grandes escaladores del mundo, los polacos Adam Bielecki y Jacek Czech, el vasco Alex Txikon, el italiano Daniele Nardi y el pakistaní Muhammad Ali Sadpara se disponían a realizar bajo unas condiciones meteorológicas extremas. Un reto descomunal y muy arriesgado. Hoy repito algunos de aquellos párrafos para recordar a dos grandes himalayistas como el alavés Alberto Zerain y el argentino Mariano Galván, desaparecidos hace siete días cuando encaraban la arista Mazeno, una complicada cresta de nueve kilómetros de longitud. Si se confirman los nefastos presagios del equipo de rescate que rastrea la zona para localizarlos, ambos murieron el pasado sábado aplastados por una avalancha.

Nanga Parbat, esa piedra nevada que el hombre de la foto observa con admiración y respeto, es una trampa silenciosa de 8.125 metros de altitud. Txikon y Bielecki, dos portentos del montañismo actual, lo intentaron siguiendo la vertiente Diamir, la pared que puede observarse a la derecha de la pirámide rocosa de la foto y que es conocida como la ruta Kinshofer. Es la vía normal, la más protegida de los glaciares que amenazan con descolgarse como bloques de cemento y que el gran Reinhold Messner descartó en el año 2000 por seguir la huella que el británico Albert Mummery dejó impresa en la cara norte antes de desaparecer junto a dos gurkhas en 1895 .

Messner recorrió la montaña de oeste a norte, desde Diamir a Rakhiot, un esfuerzo sobrehumano para conectarse a la misma ruta que utilizó el austriaco Hermann Buhl durante la primera conquista. Fue en vano. La nieve le dejó bloqueado a 7.500 metros de altitud, justo donde arranca el acceso directo hacia la cumbre. Sin embargo, a juicio de Messner, el sueño de Mummery había quedado completado. Mintió el tirolés, o mejor dicho, exageraba. Porque hasta los más grandes exageran. En realidad, ni él ni nadie la ha recorrido en su totalidad. El italiano Simone Moro y el kazajo Denis Urubko lo intentaron en 2014 pero desistieron. Esta montaña come hombres se puso terca y cerró la entrada con temperaturas despiadadas y vientos que sonaban como el relincho de mil potros bravos.

Ahora, de nuevo, el Nanga Parbat ha mostrado su deslumbrante contradicción, la de poseer una belleza magnética que, en ocasiones, reviste de ese silencio sepulcral que precede a un ajuste de cuentas. La expedición de Alberto Zerain y Mariano Galván formaba parte del equipo 2x14x8000, un ambicioso proyecto liderado por Juanito Oiarzabal que intenta repetir por segunda vez la escalada a las 14 montañas más altas de la Tierra.

Para Zerain, hubiera sido su undécimo ochomil. Para Galván, el octavo. Pero la gran montaña se ha obcecado, una vez más, en guardar su inaccesible secreto. Nanga Parbat. La virgen desnuda.

Maldito fuego

 

lince-iberico-naturahoy

Llevamos semanas asistiendo consternados a una concatenación de incendios en la península ibérica que han arrasado 35.000 hectáreas de bosque y matorral.

Dicen que el tiempo cura este tipo de heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perdurarán. Con el tiempo, la naturaleza se cubrirá de cicatrices pero el dolor causado nunca desaparece del todo cuando el fuego se alimenta de lo vivo. El de Portugal, por ejemplo, se cobró la vida de 64 personas. Por fortuna, Doñana corrió mejor suerte. Aquí, no hubo muertos pero sí imágenes emocionantes donde las víctimas mostraban la alegría inconmensurable de quien vuelve a nacer.

Una de ellas la tienen ustedes en la foto superior. Es una de las hembras de lince que los responsables del Centro de Cría de El Acebuche lograron rescatar cuando las llamas iban a su encuentro.

Para los bomberos y voluntarios, fueron tres días de batalla sin cuartel contra el fuego y la gasolina del viento. Un sinfonía pavorosa de chasquidos de maderas consumidas y gritos estremecedores de personas, animales y plantas atrapadas en un feroz incendio orquestado, al parecer, por un hombre embrutecido, el pirómano.

Qué paradoja de tribu. Unos luchando contra el fuego y otros excitándose viendo un bosque arder. El desastre de la cultura, el desarraigo de una mente trastornada.

Pero volvamos a la escena. Entre la premura por escapar de la densa y asfixiante niebla que les cercaba, un operario de El Acebuche escuchó un lamento. Se giró y vio a esta hembra de lince aterrada en una esquina, cubriendo con su lomo a varios cachorros. No se lo pensó dos veces. Metió a las crías en una bolsa, agarró entre sus brazos a la paralizada madre y salió de aquel infierno. Con cuidado, para que el estrés no reventara su pequeño corazón como había sucedido minutos antes con ‘Homer’, su prima-hermana en la delicada función de preservar el futuro de esta amenazada especie.

Una vez puestas madre y cachorros a buen recaudo, el operario continuó con su tarea durante varias horas más hasta localizar a los 13 ejemplares restantes, los que aterrados por el ruido y el calor habían huido de aquella ardiente encerrona.

Tras varias noches sin tregua, el incendio logró ser sofocado el martes con los primeros rayos de sol. Un amanecer carbonizado en Doñana. Cansado, el operario se sentó para reponer fuerzas y beber, y probablemente hastiado de las incongruencias que comete el hombre con su propio destino.

El fuego no sólo había acabado con Homer y con un número incalculable de crías de lince que viven en libertad. También fulminó espacios tan mágicos como el Abalario y el Asperillo, donde existen estanques cristalinos, dunas móviles de litoral y densos bosques de pinos donde anidan las sabinas y el enebro costero. Aves únicas como el alcaraván, la culebrera europea, el milano negro, el águila calzada, la totovía o la cogujada montesina buscan a estas horas un lugar donde rehacer sus vidas.

309834_286184541396030_678037661_n

Jone frente al espejo

En el día mundial del Síndrome de Down
 

Cada 21 de marzo le escribo una carta más larga. Espero que un año de estos no me mande a hacer puñetas. Bueno, comienzo:

Jone nació con síndrome de Down hace 23 años. Down. La palabra produjo un escalofrío familiar. Los médicos dijeron que sería como las demás niñas pero algo más lenta. Que tendría los ojos rasgados cuando fuera mayor y una larga lengua saliendo y entrando de la cueva del paladar como un ermitaño ansioso. Es decir, una Down.

Mintieron. Bueno, en realidad falsificaron la verdad en lo referente a que sería como las demás niñas pero con otro reloj biológico. Jone se ríe aún más que ellas. Incluso cuando está triste o llora, su cara parece negarse a obedecerla y dibuja una enorme sonrisa. Una vez le dijeron que la televisión iría al aula de educación especial donde estudiaba para grabar una pequeña actuación y pidió a su madre que la peinara como hacen a las estrellas de cine.

Apareció en el desayuno con su estuche mágico y el espejo en el que se mira todas las mañanas. Cuando la cámara llegó, Jone comenzó a chispear como una bengala. Igual que Greta Garbo.

Hubo algo fascinante en aquella puesta en escena. Mientras los chicos de otras clases ahogaban su agitación en la ruidosa cuadrilla, ella perseveraba sola en un desafío permanente con la perfección de sus gestos. Brincaba como una cabra montesa y se contorneaba con una seguridad admirable. En realidad, nadie disfrutó de ese momento como ella. Le iba la vida. Si alguien le decía algo, le abrazaba con un afecto abrumador y le comía a besos con la respiración entrecortada.

Escribo con tanta devoción porque Jone es mi sobrina.

Hace unos años utilizó el maldito facebook para ganarse unos amigos especiales. Quería que la aceptaran en un grupo de tiempo libre para compartir secretos pero no le resultó sencillo conseguirlo. Impaciente por el silencio grupal a su solicitud de “amistad”, colgó un primer mensaje en la página del grupo y se lo dedicó a ellos, a ver si con eso llamaba la atención. Nada. Como nadie excepto yo, que no soy nadie en esta historia, le puso un “me gusta” decidió lanzarse al ataque y varió su estrategia. Cuando se lo propone, es astuta como un delfín y directa como un águila. Su idea no pudo ser más extraordinaria. Bajo su link de buenas intenciones, se respondió a sí misma: “Soy Jone, ¿me aceptáis como amiga?”. De nuevo, obtuvo silencio como respuesta. Por si quedaba alguna duda de lo que andaba buscando, al día siguiente añadió: “No sé cómo hacerlo”.

Hoy es toda una señorita con síndrome de Down y una habilidad innata para unir personas derribando las máscaras que camuflan los sentimientos. No hay anzuelo en sus inventos. Y si existe, está sepultado bajo esa fina capa de prejuicios que muchos de nosotros, los “listos” y “guapos”, fabricamos con tanta facilidad.

Siempre lo digo: el contacto con ella me sirve de ejemplo. La persona Down ni es tonta ni subnormal. Basta con sentarse junto a cualquiera de ellos y abrir las orejas. No pretendo ahora enumerar las virtudes de Jone, que son muchas y todas de una sencillez apabullante, pero sí poner en negrita que las dificultades para su integración se incrementan en progresión geométrica al derrumbe del Estado Social que hoy padecemos. En la educación, en el deporte, en el mundo laboral. Las empresas les postergan en aras de una falsa eficiencia, las instituciones públicas ya no les contrata y la ceguera de algunos padres con niños “normales” en aulas de integración aumenta ante la evidencia de que es su hijo, el ‘normal’, quien no se esfuerza en progresar porque es un tarugo.

Por suerte, Jone trabaja a media jornada en una tienda de productos ecológicos de Bilbao y ahora veo que deberé seguir esperando sentado a que me regale de una vez el cofre de nogal que me prometió para que guarde algunos tesoros. Por todo esto digo que no hay colmillos retorcidos en la concepción de la vida de Jone. Un enfado le dura el tiempo que se tarda en abrazarla y escuchar sus demandas. Ya sé que lo importante está la calle, donde ya no hay luces complacientes ni trajes con los que enmascarar la realidad.

Hoy estará pegada a sus películas de aventuras, leyendo en voz alta los vaivenes emocionales de sus héroes privados. Sentada en el suelo, con las piernas desplegadas en un ‘spagash’ imposible y esa mirada azulada, capaz de desdoblarse entre la cruda realidad que la rodea y el mundo de sus sueños.

Así de dulce es mi sobrina Jone.

PD: El motivo de celebrar el día mundial del Síndrome de Down los 21 de marzo procede del origen de la dolencia: la triplicación del cromosoma 21