Alexis Vuillermoz, un contrato a escote

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Este ciclista que se dispone a levantar los brazos de triunfador se llama Alexis Vuillermoz. Es francés, pequeño y enjuto, como dictan los manuales en las escuelas de escaladores. Ayer ganó la octava etapa del Tour en solitario. Su triunfo no puede catalogarse de épico, si eso es posible decir de alguien que vive de devorar millas a velocidades superlativas con la única fuerza motriz que imprimen sus piernas. Pero el de ayer era su día y en la subida final al Muro de Bretaña, dos duros kilómetros verticales, todo le funcionó de maravilla. Escondido en el grupo de gigantes que iba a disputarse la etapa, fue aumentando las revoluciones de su pequeño motor a medida que los favoritos aceleraban. Hasta que dijo basta. Entonces, puso una marcha más y nadie fue capaz de seguirle. Lo normal en un tipo de llegadas como la de Bretaña.

El verdadero motivo que me ha animado a escribir sobre Alexis Vuillermoz es el singular, y ejemplar, episodio que terminó convirtiéndole en profesional de este sádico deporte. Porque a este chico exhausto de la fotografía no le conocía nadie el pasado año. Sus amigos sí, claro. En su pueblo era muy apreciado por su afición a la bici de montaña pero nadie le hacía un hueco en el pelotón internacional. Un día supo que en uno de los equipos franceses más importantes había una ficha vacante, un espacio que ocupar, la oportunidad de su vida. Y allí se presentó. Los técnicos quedaron maravillados con sus cualidades para la montaña pero no podían contratarle porque ya no había dinero. Es decir, o corría gratis o regresaba al pueblo como había venido.

El dilema se resolvió de una manera asombrosa en estos tiempos de avaricia moral que nos ha tocado vivir. Sus amigos hicieron una colecta popular con la que pagar su contrato profesional. Una delicada manera de decirle confiamos en ti porque desde el primer día que le abrieron la puerta de este circo ciclista, Vuillermoz no ha cejado en su lucha para devolverles el cambio. Ayer lo logró aunque, como dijo tras recibir los premios, su victoria no es un valor al uso en el mundo que admira. Ahí la solidaridad se cubre con solidaridad y la confianza se cuida como a una delicada flor.

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Sí, yo estuve allí. Yo he jugado a rugby

Reconozco que fui admirador de Serge Blanco. Admito que veía los partidos de Francia por él, un zaguero con visión universal del juego, de esos que parecen haber nacido bajo una conjunción cósmica que les hace portentosos. Su equipo, plagado de estrellas como Sella, Lagisquet, Charvet, derrotaba a rivales con la complacencia de quien se bebe una copa de champagne. Blanco era venezolano, negro y jugaba a rugby con Francia.

Hoy que empieza el torneo VI Naciones, el más emocionante del mundo, merece la pena recordarlo. Como también lo que significa este deporte para alguien que lo que ha practicado. Por ejemplo, no sé bien quien escribió la leyenda de que el rugby es un deporte de bestias jugado por caballeros. Es falso. El rugby es un juego de bestias practicado por bestias que dirimen su condición física en un ambiente hostil. Es una batalla descomunal que dura 80 minutos. Una diversión con los valores deportivos sublimados a la propia vida, a la amistad verdadera.

Quien haya estado alguna vez en una melé, en un ruck, en un agrupamiento, quien haya logrado concluir una carrera de 20 metros sin ser placado y haya conseguido un ensayo, conoce el orgullo al que me refiero. “Sí, yo estuve allí. Yo he jugado a rugby”. Si existe un momento para dejar de practicar este deporte es antes de empezar, nunca después. Se lo aseguro.

Y hoy, pasada ya mi hora de esplendor, es un día perfecto para mirarme dentro y exaltar la utopía que me empuja a regodearme en cuánto me gusta todavía. El rugby es una experiencia profunda, una felicidad que no me la ha aportado ningún otro deporte. Basta con eso. Así sentimos. Así vivimos.

 

Los ultras del fútbol

La imagen que encabeza este post es reflejo de la enfermedad crónica que padece el fútbol. A veces no hay palabras ni citas que puedan resumir lo que sucede en este deporte, sólo en este deporte. A veces lo hacen los medios de comunicación deportivos, lo hacen las investigaciones policiales y la espera a la sentencia de un juez pero, ¿siempre tiene que ser así?. 
Hace unos años, el ex entrenador del Athletic Marcelo Bielsa respondió que la muerte de un seguidor de su equipo tras un pelotazo de la Ertzaintza le había provocado una terrible tristeza y lamentaba que el fútbol es, a veces, un segmento que replica situaciones de otros escenarios sociales.
Quizá el rugby deba de ser el espejo sublime donde se miren muchos de quienes sólo aman el fútbol. Su historia está plagada de ejemplos pero uno irrebatible se produjo hace unos pocos meses en Inglaterra. Como el próximo año se celebra el Mundial en ese país, las autoridades decidieron poner en práctica alguna medidas de seguridad preparadas durante la celebración de la semifinal de la Heineken Cup en Londres, algo así como la Champions del rugby. Jugaban Saracens y Clermont, ingleses contra franceses, y el tenso ambiente del inicio dio paso a una fiesta apoteósica con ambas aficiones mezcladas y disfrutando de la previa, de las dos partes, del famoso tercer tiempo y si me apuran hasta de un cuarto y de un quinto si los hubiera. 
¿Podría hacerse algo para que dentro de 20 años sucediese algo similar en el fútbol? 
La visita de los equipos vascos al Vicente Calderón son una auténtica tortura. Sus jugadores son insultados de manera generalizada con adjetivos que acompañan a su origen. En Bilbao también se crucifica al contrario poderoso, al Ronaldo altivo, al soberbio Maradona, al descarado Cruyff. Pero el instinto ultra que se respira en estadios como el Calderón está más arraigado. Es más primario, generalizado y agresivo. Conozco a seguidores de este club que pensaban que los monstruos no existían en su equipo hasta que supieron que llevaban toda la vida conviviendo con varios que cada domingo acudían a su estadio. 
¿Y del resto de escuadras qué? ¿Cuánto tiempo tendremos que seguir mirando hacia el abismo  de este deporte? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que somos incapaces de recuperar la honestidad que nos quita este enfrentamiento grosero, repleto de vejaciones al rival, que aplaudimos con las orejas? ¿Y si habláramos con los padres del niño de la foto de arriba?
Bielsa lamenta la proyección de las peores frustraciones sociales al mundo del deporte pero se revuelve contra su aparente inevitabilidad. Para mi, a veces no hay palabras ni citas que puedan resumir lo que pienso de esa parte apolillada del fútbol. A veces un partido, simplemente termina.

Mister Surf

Las olas son la materia prima con las que trabaja Clark Little, surfista californiano de 45 años y fotógrafo desde que subió a una tabla para jugar en el agua. Su mayor característica artística es que fusiona las dos modalidades, es decir, surfea mientras saca fotos desde el corazón de la barra. O puede que sea al revés. Empezó a hacerlo para mostrarle a su mujer lo que sus ojos veían desde la tabla de surf, lo que su cerebro gestionaba en una décima de segundo, lo que corría por sus venas en un momento de plena excitación. El resultado queda a la vista. Es impactante y único. Pocos reflejan la ley de la gravedad como lo hace él con tanta maestría.
La imagen que ilustra este post fue registrada en Hawai. A pesar de la dificultad de elegir una foto entre centenares de ellas, a cada cual más impactante, la ola protagonista es un tubo perfecto de cuatro metros de altura que se traslada a varios kilómetros por hora con un fuerza arrolladora. Subirse en ella es una lotería. La serie completa de Little lleva dos años de gira mundial. Empezó en una galería de arte de Washington y posteriormente viajó por varias ciudades estadounidenses, México, Hawai y Europa. Por el momento no se conoce si llegará a España y, especialmente a Ecuador, donde en abril se celebró una prueba del mundial de surf en Montañita, Manabí.
Observar desde un cómodo sillón o en una sala de exposiciones toda la serie de las fotos con detenimiento es dejarse atrapar por un sueño. Nada que ver, desde luego, con vivirlo desde el agua, con el protagonista.  Jugar de esta forma en el mar es una manera de matar el tedio, sin duda, pero sobre todo estimula el espíritu y endurece el corazón a base de pulsaciones aceleradas. Imagínenselo, entonces, y disfruten del paisaje.

Marcelo Bielsa: qué grande sos, karajo!!!

“Lo importante es la nobleza de los recursos utilizados” Marcelo Bielsa
Vivo en Quito por múltiples razones que nada tienen que ver con lo que voy a contar. Soy periodista, nací en Bilbao y el fútbol sólo me atrae porque existe el Athletic. No es que me aburra pero me genera una desagradable sensación de impotencia intelectual, de hastío encendido, de rabia incontestable, especialmente cuando observo o leo declaraciones de futbolistas estrella hablando de la vida como si vivieran en Marte. Tipos que arrancan incomprensibles suspiros en un mundo cada vez más trivial y atolondrado.
El motivo de escribir esta vaina es la destitución / no renovación del contrato al DT / entrenador del Athletic de Bilbao, Marcelo Bielsa.
Justo es reconocer que el Athletic no ha protagonizado una buena temporada en la Liga española pero también lo es aceptar que en los dos últimos años hemos vivido una aventura futbolística maravillosa que la directiva rojiblanca ha amputado sin anestesia, a pelo. Da igual que el próximo año mejoremos los números y proyectemos un nivel de juego que alcance la excelencia. Da igual porque nos faltará un brazo de la bestia, el que compacta el todo, y la herida es tan profunda que sólo se cauterizará con el paso del tiempo.
Inolvidable última rueda de prensa de Marcelo Bielsa

En una ocasión leí que el viejo Athletic es como un copa de cristal de Bohemia. Limpio por su identificación social (de hecho, se dice que el amor casi religioso que produce este club para buena parte del pueblo vasco es lo único que comparten un militante de derechas y un independentista de izquierda) pero también frágil por su peculiar característica de jugar sólo con futbolistas vascos. Estas singularidades obligan a un esfuerzo conjunto titánico para plantarle cara al viento de un mundo donde reina el dinero y que en el fútbol es una selva despiadada.

Si una pieza falla en este club, el resto de los pilares se resiente como ocurriría con el fuelle de un acordeón. En pocos sitios el valor de la unión hace la fuerza y si la conjunción se resquebraja, este club deja de ser indestructible para convertirse en un muñeco de algodón. Yo, al menos, no he visto tanta fuerza en una esencia tan frágil. Ni en la guerra. Por eso, el Athletic es el único club de España con varios planes de contingencia preparados. Si falla el A surge el B y sino el C, el D o el E. El objetivo es mirar a los ojos del rival con dignidad pura, nunca bajar la cabeza, sea éste el Madrid, el Barça o el Alcoyano. Guerreros del pueblo, deportivamente hablando, se entiende. No temen a los imperios porque el Athletic está hecho de historia.

Todo es tan frágil y puro que la destitución / no renovación de Bielsa que anunciaron los poseedores del trono de este pequeño reino ha sido encajada como una traición al pueblo. Cualquiera se preguntara cómo es posible semejante disgusto popular por el gélido despido de un entrenador sin títulos, y cualquiera podrá añadir que las decisiones complejas sólo las pueden tomar los jefes democráticamente electos. Gusten o no. Ellos saben, los demás no.

La cuestión es que en el Athletic manda el pueblo porque la democracia participativa se presuponía que es existencial. La realidad nos ha puesto frente a su caprichoso espejo y sólo vemos sombras grandes como casas.

 
Grabación íntegra de la conversación privada con los jugadores tras perder dos finales en 2012
Por fortuna, como en la escena de cualquier crimen, en esta impostura rojiblanca terminarán apareciendo pistas que, por su naturaleza, nadie puede examinar a día de hoy. ¿Cómo se recoge la prueba del amor, del odio, del miedo, del poder, de la traición, del servilismo? Son cosas que hay que saber buscar y eso es jugar con fuego. Y como las ideas de esta Junta de ladrones -porque ladrón es quien roba sueños y deseos- no son las de un bombero, al pueblo le queda luchar en soledad contra el mundo para evitar el naufragio de una nave que merece un botín a bordo.
Un amigo argentino me dijo ayer: “Recordá muy bien esto: “Jamás en vuestra vida tendréis un DT como el “Loco” Bielsa. Lo van a llorar el resto de los días. Lamentablemente, la decisión de la directiva del Athletic no fue la voz mayoritaria de la afición a quien representan”.
Descubriendo a Bielsa
No me detendré mucho en esos timoneles de piscifactoría que juegan a los tronos con el Athletic. En  el tal Corres, vicepresidente, que seguimos sin saber qué oficio tiene; o en Urrutia, presidente, para quien la clave de una adivinanza es otra adivinanza. Para ellos y sus colegas de Junta, el destino del Athletic debería serle esquivo.
Ahora prefiero la brillantez de dibujantes como Asier y Javier que ayer ilustraban con la precisión de un relojero lo que ha significado Marcelo Bielsa para un equipo incoloro, apagado y triste, como era el Athletic de hace dos años. Aquí les dejo la viñeta.
Estas son, a mi entender, algunas de sus reflexiones más llamativas y sinceras. 
 
1.- 18 de Abril de 2012. El Gobierno argentino decide re-estatalizar la petrolera YPF en manos de la transnacional española Repsol
“Usted debería saber que yo no puedo responder esa pregunta. Tendría que evaluar los pormenores de un episodio cuyos matices no están al alcance del público en general al que yo pertenezco. Es una pregunta absolutamente tendenciosa. Igualmente voy a decir que celebro que mi país haya recuperado una fuente tan importante para su futuro”
2.- 25 de Abril de 2012. El Athletic se clasifica para la final de la Europa League
“Yo no llevé al Athletic a la final. Solo lo acompañé”
3.- 9 de Mayo de 2012. El Athletic pierde la final ante el Atlético de Madrid
“No se trata de consolarnos porque me parece natural que una producción que nos alejó de manera tan clara del objetivo que buscábamos merezca desconsuelo. Son sensaciones que hay que vivirlas y que, desde mi óptica, no conviene evitarlas ni suavizarlas”
4.- 24 de Mayo de 2012. Día previo a la final de la Copa del Rey ante el Barcelona
“El Athletic es lo que es y se hace especialmente visible en acontecimientos como éste, que ponen en descubierto todo el sentimiento que un pueblo tiene, con unanimidad, alrededor de un emblema que es la camiseta de este club. Que lo describa yo es como endulzar el oído de quienes finalmente me juzgan. Se puede prescindir claramente de mi punto de vista porque es de mucha contundencia lo que genera el sentimiento por el Athletic.”
5.- 10 de Noviembre de 2012. Sobre la vida
“Es muy difícil que yo deje de luchar. No quiero alardear de una fortaleza que, tal vez, llegado el momento no demuestre tenerla, pero frente a la adversidad siempre sigo luchando. Y sé hacerlo del único modo que se lucha contra la adversidad: en soledad y sin compañía. Porque como la derrota produce sensaciones desagradables es natural que todo el mundo tienda a distanciarse del que protagoniza la derrota. En este caso me toca a mí liderar este proyecto que está desilusionando”

 

 
Inolvidable Marcelo, qué grande sos karajo!!

El rey del mambo

He aquí al hombre, al hijo de dios que alimenta a las masas y se nutre de sus carnes.

El aclamado, el deseado. El que escupe al cielo y no se moja porque en su mundo no existe la gravedad. Salvo la del dinero, claro, la del mercado, la del más fuerte, la que sólo entiende el éxito.
El nombre completo de este señor que en la foto parece estar recibiendo su ración exclusiva de soma del mismísimo cielo es José Mario dos Santos Félix Mourinho y es el rey del mambo futbolístico. 
Su desafiante mirada -al contrario, al público, al árbitro o a quien sea- habla de su concepción del deporte. Es la táctica del campeón colmado de halagos indigestos pero que devora con glotonería. “Nadie es mejor entrenador que yo”, repite como un mantra, como si esa invocación contuviera la fórmula que transforma el deseo en realidad. Insulta, se mofa del contrario, Mourinho se pierde en el éxito. 
Criado en el seno de una familia adinerada del Portugal de Salazar, creció en una finca con quince habitaciones y una rígida educación católica y fascista. La caída del régimen en 1974 cambió la vida de la familia, que lo vivió como un trauma. “Ser de derechas en Setúbal, como yo, era como ser del Oporto en Lisboa”, dijo una vez Mourinho, que tiene totalmente vetado en sus declaraciones el tema de la política. Él traslada la batalla a los estadios, que es donde se mueve como pez en el agua.
Su última conquista de verdad fue la Copa de Europa, esta vez con el Inter de Milán. Antes había eliminado al Barcelona con un estilo de juego más oscuro de lo que muchos esperaban, pero ya se sabe que en esto del fútbol lo que cuenta es el resultado. El tiempo es un aliado del olvido.
José Mourinho, el provocador, el ególatra, sabía lo que decía cuando pidió acaparar  todo el poder de su actual equipo, el Real Madrid. Es el dios carnal en este olimpo del siglo XXI que entre todos hemos convertido el fútbol. Todos le ríen, todos le tocan, todos le envidian. A muchos descerebrados les gustaría ser como él y así va el mundo. Tan listo, tan guapo, tan estrella. Su nombre suena a gloria. “Special one”, se autodefinió al llegar al Chelsea.
Y para los elegidos como él no existe el perdón. Siempre arrogante con el rival, reparte dardos y olvida. Mastica y escupe. Como la ley del mercado, la del más fuerte, la que que no entiende de justicia ni pone un juego a la altura del juego. El fútbol es la mercadería en la que Mouriño mide su cuenta de resultados, su burbuja en tiempos de crisis, la guerra donde sólo le vale ganar. El fútbol es su Cielo. Y en ese paraíso, Mourinho es el rey del mambo. Aunque a veces ponga cara de vencedor triste. Hoy el Atlético de Madrid le ha abierto la puerta de salida de España para que vaya a enseñar donde le aguanten. Bye, mister.

El reino del Yeti

Este es el Himalaya, la gran coordillera de la Tierra. Su extensión recorre el 10% de la superficie de nuestra planeta y alberga las picos montañosos más altos. Diez de las catorce cimas de más de 8000 metros de altura se encuentran en la frontera entre Tibet y Nepal. Las cuatro restantes están en la prolongación de su columna vertebral, que llega a Pakistán: el Karakorum. Al igual que otras cadenas montañosas, ambas coordilleras se formaron por la colisión de los continentes. Hace unos 50 millones de años, la India chocó con el Tibet creando estos inmensos picos que aún siguen creciendo. Todo junto forma la cresta del mundo, un mundo gélido e inhóspito que el hombre explora como un conquistador aunque en realidad se trate de un simple visitante.
Con 8.848 metros, el Everest es el techo del mundo. Una de cada 10 personas que han intentando escalarlo dejaron sus vidas en el intento y los que lo lograron sólo pudieron permanecer unos segundos en su cima. Los nepalíes la llaman Sagarmatha (“la frente del cielo”) y los tibetanos Chomolungma o Qomolangma Feng (“madre del universo”) Esta vasta barrera de hielo y roca es tan colosal que conforma el clima del planeta. Los vientos templados cargados de humedad procedentes de la India se ven obligados a ascender generando densas nubes que dan lugar al nacimiento del monzón.
La fotografía muestra el glaciar Baltoro, en el Karakorum. Casi 75 kilómetros de largo y 5 de ancho, le convierten en el más largo del mundo fuera de las regiones polares. Este inmenso río de hielo cargado de piedras desciende lentamente entre valles coronados por dos colosos, el Hidden Peak y el Gasherbrum II. Cerca se encuentran el Broad Peak y, sobre todos ellos, el K2, un lugar tan abrupto y vertiginoso que borró la imaginación de los hombres que lo contemplaban en la noche de los tiempos. Lo bautizaron con el nombre de Chogori, la Montaña grande, como si tanta inmensidad empequeñeciera su cerebro. Y ahí sigue, imponente, piramidal, desafiante.