La revolución 8M

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Me pregunto por qué algunos medios de comunicación informan de la huelga feminista en sus páginas de Sociedad. Podrían hacerlo desde la sección de Economía, o desde Política, incluso desde Internacional. O, por qué no, en todas a la vez. Al fin y al cabo, hombres y mujeres somos testigos del inicio de un cambio universal y medio país está en la calle, protestando. En uno de los formidables libros que me obligaron a leer para conocer la estructura de un periódico, se decía que las secciones más importantes son Economía y Política porque ambas retratan el rostro real de un país. La contraparte recaía en Sociedad y Deportes, que movilizan más las emociones de los lectores. Curiosa forma de dividir el mundo. La razón a un lado, el estremecimiento al otro.

En cierto modo, nada cambia. Una reciente encuesta realizada a nivel planetario para calibrar cómo gastamos el dinero detecta que el hombre lo hace en bebidas y armas. Ellas, en cambio, prefieren la alimentación y la educación. ¿Se imaginan una huelga hostelera en España ampliamente secundada? Ah, claro, el PIB nacional se resentiría tanto que merecería más que una mirada impecable en las páginas de Sociedad. Ese es el decorado que algunos medios fabrican para describir la esencia de nuestro sistema. Es evidente que cuando mañana despertemos nos seguirán faltando destornilladores y martillos para desmontarlo.

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No es no

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El disco duro de una sociedad es la memoria ante el virus de la indiferencia. El Día Internacional contra la violencia de género nos recuerda que en este país hay casi dos millones de mujeres que son agredidas diariamente por animales con barba, que son perseguidas implacablemente y que, una vez en su campo de tiro, un porcentaje muy alto de ellas acaba con el cuello roto en una morgue. Nadie puede ignorar esta abominable realidad. En esta tragedia, las heroínas son todas las mujeres que mueren por su condición femenina.

Podríamos hablar de mil historias violentas contra ellas pero pienso que el martirio de Emmeline, una chica anónima rescatada de la biblioteca de la vida, es la que se ajusta a la verdad. Emmeline fundó la Unión Política y Social de las mujeres británicas en 1874 para luchar por el derecho al voto femenino. Eran momentos duros y dolorosos para todos, pero especialmente para ellas. De ahí que los respetables mandamases de su tiempo, presos de un pánico atroz, se sacaran de la chistera una macabra ley para encarcelar a todas sus seguidoras, a las que vergonzosamente llamaron ‘las histéricas’. En 1929, un año después de la muerte de Emmeline, se instauró el sufragio universal en el Reino Unido.

Ustedes pensarán a qué viene esto. Pues bien. Al igual que en la época de clandestinidad de la Unión Política y Social de las mujeres británicas, los partidos de ahora no se han preocupado lo suficiente de los derechos elementales de las mujeres. La violencia de género no para de crecer a pesar de los gritos desgarradores de todos exigiendo una ley universal que las proteja, y nos proteja, de una manera efectiva de la brutalidad machista. Se endurecen las penas, es cierto, aunque esa obsesión por las leyes corre el riesgo de estrellarse contra la muralla de la complejidad. La más resistente es el sistema patriarcal imperante, el refugio de los patrones machistas que causan dolor.

Un ejemplo: ¿Por qué se educa a las niñas a prevenir la violación pero no a los niños a ser violadores?. Son los pequeños detalles que retratan el nivel de compromiso de quienes idean leyes y campañas doradas contra el feminicidio que todos padecemos. Aunque resulte imposible certificar el número de mujeres que son asesinadas cada año, Naciones Unidas presentó en 2015 un estudio que sirvió para evaluar los estragos de la violencia de género en el planeta: una de cada tres mujeres ha padecido alguna vez las dentelladas del maltrato físico o sexual y el autor vive en su círculo íntimo. Esa fue la conclusión.

El dolor ajeno suele ser un tema recurrente en estos tiempos de miseria moral que nos ha tocado vivir. Habitamos un mundo en el que sólo parece importar lo inmediato, lo exitoso, lo bello, lo inmortal. Cada vez se habla más rápido y se mira peor. Cultivamos el rechazo, abominamos la realidad a la que nuestros sentidos nos han constreñido. Una imagen deformada de nosotros mismos, repleta de imperfecciones, de trazos gruesos y decadentes que terminan transformando la existencia en una prisión asfixiante. Pero, ¿qué nos estamos haciendo? ¿Acaso siempre fue así?

El filósofo Friedrich Nietzsche escribió una vez que quien lucha con monstruos debe cuidarse de no convertirte también en monstruo. Entonces, ¿en qué queremos convertirnos? La respuesta emana aquí de la propia imagen. Esta fotografías en blanco y negro da cuenta del invierno perpetuo del alma golpeada, aprisionada por la frívola imperfección que reina en los momentos de soledad.

Nombre de mujer

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Podríamos hablar de mil historias de mujeres. Se me ocurre la de Emmeline, una chica anónima guardada en la biblioteca de la vida por el feminismo mundial. Emmeline fundó la Unión Política y Social de las mujeres británicas en 1874 para luchar por el derecho al voto femenino. Eran momentos duros y dolorosos para todos pero especialmente para ellas. De ahí que los respetables mandamases de su tiempo, presos de un pánico atroz, se sacaron de la chistera una siniestra ley para encarcelar a todas sus seguidoras, a las que vergonzosamente llamaron ‘Las histéricas’. En 1929, un año después de la muerte de Emmeline, se instauró el sufragio universal en el Reino Unido.

Pero hoy me he fijado en esta fotografía. Lo que se ve en el cielo estrellado es la ‘Nube de Magallanes’, dos galaxias enanas que sólo pueden ser contempladas durante las noches sin luna austral. Una pirotecnia celeste bajo el cielo raso. Su descubridor fue un astrónomo persa llamado Abd Al-Rahman Al Sufi y Fernando de Magallanes el primero en estudiarlas durante su viaje de circunnavegación alrededor de la Tierra.

Sin embargo, lo que no sabía es que esta explosión estelar fue explicada por una mujer silenciada por el hombre. Se llamaba Henrietta Swan Leavitt y murió en 1921 con 58 años en Massachusetts dejando todo el trabajo hecho para que sus dos superiores, Edward Pickering y Edwin Hubble (el del famoso telescopio), le robaran la gloria. Dijeron que la pagaban por trabajar, no por pensar, como si ambas virtudes fueran incompatibles. Leavitt dio sentido a estas dos gigantescas constelaciones compuestas por millones de estrellas que brillan a intervalos. Las descifró como si se trataran de un morse celestial.

Los astrónomos las conocen como Cefeidas, nombre femenino y plural. Hoy, día internacional de la mujer, Henrietta Leavitt se merece un homenaje por doble motivo: por ser una gran astrónoma y por haber sido víctima de la ignominia machista en un mundo donde la inteligencia no suele ser sinónimo de éxito.

Leavitt dejó un mísero legado. Ni siquiera unas notas de su testamento enterradas en el jardín. Sólo 344 dólares que heredó su madre. Un matemático sueco intentó rescatarla del valle de los olvidados proponiéndola candidata a Premio Nobel. Pero llegó tarde. El cáncer ya había hecho su perverso trabajo.

Durante las siguientes décadas, la comunidad científica trató de purgar su vergüenza: Un cráter lunar y el asteroide 5383 llevan el nombre de esta ingeniosa dama.

Ahora que las mujeres van conquistado el mágico reconocimiento de la paridad como objetivo retórico y que el hombre está dispuesto a ceder a regañadientes su poder político en todas aquellas actividades que no cotizan en el PIB -asuntos sociales, igualdad, dependencia- sólo nos queda observar el futuro con una cierta reserva. Algo se está moviendo en el inexorable camino de la igualdad. Pero si analizamos algunas encuestas que probablemente hoy no habrán sido publicadas veremos en qué gastamos el dinero a nivel mundial. Ellas lo hacen en alimentación y educación. Ellos, en cambio, prefieren las bebidas y las armas. Curiosa forma de generalización planetaria.

Así que no estaría mal terminar esta carta como debería haberla empezado: “Estimada Henrietta, mujer trabajadora y viajera. Aunque la historia escrita (por el hombre) te desterrara al eclipse del olvido, tu nombre siempre encumbrará los prados de estrellas”.

Loreena McKennitt “The old ways”

La cueva de Alí Babá y sus mil ladrones

Cuando la guerra levanta sus cuarteles, el pueblo alimenta su estómago con negocios sucios. Y en Irak, donde la vida es un rigor cotidiano desde hace 12 años, los oficios escabrosos han crecido como setas tras la lluvia. El problema llega cuando hay intereses enfrentados. Eso es lo que está pasando ahora en suelo iraquí, donde varias bandas de ladrones se disputan el control del mercado negro. Se les conoce como ‘Alí Babás’ y van armados con armas ligeras de última generación. Su táctica es la destreza: vigilan las vías de comunicación más transitadas del país y si un conductor desprevenido se pone en su línea de tiro, lo dejan limpio. 
En el tramo de autopista entre Ramadi y Faluya, a 100 kilómetros al este de Bagdad, está su territorio de caza. Aquí es donde florece el mercado negro, por cuyo control algunos parecen dispuestos a empezar otra guerra. Esta carretera es el único pasillo terrestre abierto a los vehículos que vienen desde Jordania. Territorio donde sólo los expertos conductores se arriesgan. Y siempre lo hacen en grupo, antes de que la noche eche su negro telón, y a 160 kilómetros por hora. 
El mando militar estadounidense les ha lanzado un ultimátum para que abandonen sus posiciones y liberen la autopista, especialmente porque los vuelos a Bagdad se encuentran interrumpidos desde el domingo. La suspensión del puente aéreo, tras el ataque con un misil a un avión de la compañía DHL que transportaba alimentos, limita la llegada de mercancías al corredor de Ramadi.
El pasado domingo, soldados estadounidense dieron buena cuenta de dos de ellos. Una muestra de que la advertencia va en serio. En la capital, la lucha se limita al control de algunos barrios donde la inexperta policía local intenta desde hace semanas poner orden en unos mercados improvisados bajo los principales puentes que unen las márgenes del Tigris, donde se compra como en ninguna otra parte de la ciudad. Allí no es difícil encontrar componentes electrónicos de última generación a bajo precio. 
Se puede adquirir desde una cámara digital hasta enchufes trifásicos. “Lo importante es tener amigos en todos los bandos”, dice con sonrisa pícara un mercader que asegura llamarse Hassan y que alardea de ser uno de los más avezados asaltadores de caminos de Irak. Lo grave es que esta situación de inseguridad se extiende cada día a otras zonas del país.
Este post es el extracto de la crónica que escribí para el diario DEIA en noviembre de 2003 en Bagdad.

El VIH no teme a la crisis

Aunque la cerradura de entrada del VIH en el organismo humano es cada año más estrecha, este maldito virus continúa siendo un enemigo temible. Las cifras dan cuenta de la batalla: Más de 1,8 millones de víctimas mortales y 2,6 millones de nuevos infectados en 2010. Resulta difícil mirar la imagen de hoy en 3D del Virus de Inmunodefiencia (VIH) y no apretar los puños con fiereza. Provoca furia. Hoy, día Mundial contra el Sida, celebramos los avances registrados desde que este mutante celular vertió su oscuro manto sobre el escenario de la vida pero también alertamos de los peligros de descuidar la lucha.
Desde el inicio de la guerra contra el Sida en 1981 han muerto más de 25 millones de personas. Cierto es que hoy hemos logrado reducir a una quinta parte el número de infectados anuales y que empezamos a cercar sus caminos hacia la supervivencia. No hay duda de que la victoria del Hombre parece próxima. 
Sin embargo, se han abierto grietas en la antesala del combate final. La forma de encarar la crisis economía actual amenaza con una importante reducción de los suministros necesarios para que nuestras unidades científicas y asistenciales encaren con garantías el frente de la guerra. “Es el momento de que la ciencia empiece a dar frutos claros y tangibles contra esta epidemia pero seguimos necesitando el apoyo político y las respuestas comunitarias para avanzar”, declaró la semana pasada el director ejecutivo de ONUSIDA, Michel Sidibé, con un cierto tono de inquietud.
Los tratamientos antirretrovirales para los africanos, los más afectados del mundo, siguen siendo carísimos y con el trance financiero actual pueden serlo aun más. Todo indica que la inversión pública languilecerá durante los próximos meses hasta llegar a la mínima expresión en áreas consideradas caritativas, casi filantrópicas, como son la financiación de medicinas que mayoritariamente consumen los pobres de la Tierra. Nadie descarta una reducción del presupuesto de organizaciones como la OMS y la propia ONUSIDA. De confirmarse este rumor, la catástrofe para países como Etiopía, Nigeria, Zambia, Zimbabwe o Suráfrica estaría garantizada. Allí, el Sida y otras enfermedades “tratables” siguen causando estragos. 
También en España han comenzado a ver las patas del lobo de la recortes bajo la puerta de la financiación. Treinta organizaciones que hasta ahora desempeñan un papel fundamental en la sensibilización social y en la ayuda a las personas afectadas han emitido un preocupante manifiesto en el que piden a las administraciones locales, autonómicas y nacional que no bajen la guardia en esta guerra. Después de 30 años de pelea en las trincheras no saben si sobrevivirán al envite de las hordas de la crisis que ya asoman sus afiladas dagas a la vuelta de la esquina. No es sólo una cuestión de humanidad. Se trata de sentido común. De inteligencia.
Hoy la foto es una animación. Me hubiera gustado mostrar al VIH más horrible y cruel pero ha sido imposible porque la realidad es mucho peor: Llora y sufre. Va por los afectados y por sus familias.