La Santa Alianza

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El sacrosanto rotativo del neoliberalismo financiero en España ha decidido saltar al ruedo de las negociaciones políticas apretando las clavijas en su propia trinchera para neutralizar disidencias. Sólo queda agradecer a la cabecera económica del lobby mediático Unidad Editorial por iluminar el camino que nos conduce a culminar la Gran Obra. Lo necesitábamos en estas oscuras horas que nos ha llenado de dudas -espirituales, se entiende- tras esos esquivos resultados salidos de las urnas. Era el reclamo de quienes se dejaron el alma por reflotar esta patria que se hundía en manos de incapacitados para tan trascendental tarea. El legado Plus Ultra heredado del Sacro Imperio Romano adquiere hoy un nuevo dinamismo.

Gracias de corazón, estimada cabecera, por tamaña gallardía editoral, por guiarnos a través de los vestigios tenebrosos que nos dejaron un puñado de votantes y pedir, no, ¡exigir!, la formación de una Santa Alianza que salve a España de las llamas de una anarquía devastadora. Tanta sinceridad suya, nos abruma. Ustedes representan el pragmatismo científico que reclamábamos.

Sublime circunloquio el suyo para enjugar las ubérrimas lágrimas de desesperanza que vertimos con nuestra sangre derramada por una propuesta arrebatada. Pues a por la siguiente clamamos, santo Dios, que en la lucha siempre encontraremos la manera de esquivar la hoguera que las manos ignorantes ya han comenzado a prender: Tomad entonces Pacto de Estado, sepultureros, que no somos los “viejos partidos” sino los dignos salvadores de ese populacho desaprensivo y codicioso -el enésimo y nunca el último desafío que el señor pone en este camino de espinas para probar nuestra fe- que sólo siembra corrupta desolación.

Nosotros somos los meritorios y tenemos la razón porque así lo quiso Dios cuando disipó las tinieblas de este mundo. Defendemos la Santa Alianza desprendida de tentaciones inmorales hacia un cambio incierto. Asumimos con ardor y honor nuestro destino manifiesto que nos pide, aunque ustedes no lo crean, que somos los elegidos para aplacar las fantasías de un pueblo que se cree libre pero que ha empezado a enloquecer.  Sólo nos queda añadir: ¡Viva el Capitán Trueno!

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Solsticio de Invierno

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Aunque esta noche haya sido la más larga del año, estos dos oseznos pardos se decidieron a salir de su guarida para dar un paseo por el campo. Bien juntitos, tomados de la zarpa, como cachorros bien educados en el invierno boreal. Probablemente, su madre no ande lejos y así continuará hasta que los dos benditos de la fotografía cumplan un año y medio de vida. Entonces, cada cual se irá por su cuenta, en soledad, a buscarse la vida por los bosques canadienses o las zonas inaccesibles de Suecia y Noruega, su gran paraíso. Pero aun es pronto para pensar a tan largo plazo.

El tiempo de los plantígrados, como el del hombre de hoy, también se mide en horas, en días, en minutos, a veces también en segundos, y no permite albergar esperanzas. Los protagonistas de la imagen nacieron en marzo, en la osera que su preñada madre preparó para hibernar. Ahora se acicalan para encarar con garantías un nuevo invierno, frío y seco, en Sprucedale, Ontario, Canadá, donde un grupo de conservacionistas ha creado un estupendo santuario para la rehabilitación de estos imponentes animales.

Y mientras su sufrida madre se devana los sesos para llenar la despensa corporal que les servirá de escudo invernal, los dos ingenuos ositos siguen como si nada, ajenos a la lucha a brazo partido de su progenitora contra los elementos y la huella del hombre. Ellos dos jugarán y jugarán hasta que caigan rendidos. Sin embargo, hacerlo es para ellos un ejercicio necesario. Así aprenden a cazar, desarrollan los impresionantes músculos de la mandíbula y, lo más importante, agudizan un instinto olfativo implacable para la búsqueda futura de alimento. La vida es sueño, o juego, según se mire. Aunque visto desde otras latitudes, por ejemplo Europa, resulta cada día más difícil mirar con ojos benevolentes el devenir de los tiempos.

La vida se ha tornado mercadería y el invierno, que a partir de hoy camina confiado hacia su fin, nos anima a postrarnos en una profunda hibernación.

El franquismo no ha muerto del todo

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He aquí, en este texto nítido, el origen de los problemas estructurales de una democracia inconclusa como la nuestra. Es la respuesta que aporta sentido a tantas negaciones políticas.

He aquí los responsables de que 40 años de Historia estén aún por escribirse y, sobre todo, de juzgarse en los tribunales, de que los grandes desfalcos financieros perpetrados en las últimas décadas hayan sido tolerados con total impunidad, incluso a costa de embustes exculpatorios sobre la condición estafadora de todo un pueblo sin que se les rompa la cara de vergüenza. He aquí los nombres de quienes convirtieron en marginales las iniciativas populares que excavaban en la libertad para hacerse imprescindibles en la lucha frente al caos y la anarquía.

Pero ya los han desenmascarado. Aquí están los usurpadores del lenguaje, los que, a pesar de todo lo anterior, siguen aprovechando cada resquicio de la democracia para inocular las mismas apelaciones semánticas que fueron moneda de curso legal durante la época más abyecta y belicista de España. El texto de CTXT muestra las identidades de esos camaleones que treparon por las hiedras de la democracia para apropiarse de los conceptos.

He aquí los que ahora simulan impartir lecciones de democracia porque mandan sobre las palabras, y pretenden seguir haciéndolo envolviéndonos en las cortinas de humo que llegan de sus Santas Cruzadas. Estos son los beneficiarios de las epifanías cotidianas, los que la “modélica” Transición dejó en la cúspide de la pirámide para que los de abajo, es decir, el resto, no se transformara en libertino.

He aquí los que sobrevivieron al dictador Franco, le besaron en la boca y juraron amarle como a sí mismos. Con sus nombres y apellidos.

Les recomiendo la lectura completa del texto del periodista y escritor alicantino Mariano Sánchez Soler, autor de libros como “Ricos por la patria”, “Ricos por la guerra de España” y “Los banqueros de Franco”.

TEXTO  COMPLETO EN ctxt.es 

Grecia, la consigna ha sido difundida

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Acabamos de ver el rostro del famoso abismo entre norte y sur del que tanto nos hablaron. Es la realidad. El mundo se maneja bien en la incomprensión. Quizá es la manera pragmática de relacionarse. La única que tiene el éxito garantizado, el reducto para que nadie te tome por un estúpido. ¿Por qué, sino, Wolfgang Schäuble recibe en privado los peores calificativos pero el único que osó levantarle la mano merece el agravio público? En la UE cada uno va a lo suyo y ya han logrado que los pobres y los ricos acepten formar parte de dos mundos paralelos que no se reconozcan, que no se toquen y que no se comprendan.

Y ahora, ¿qué? Pues que Syriza se deshace, que pronto habrá elecciones en Grecia, España y Portugal -tres miembros fundadores del club de los pobres sin derecho al ocio ni a la democracia-, que al moribundo Gobierno que hace una semana nos hacía soñar sólo le queda liquidarse en comandita con la misma oposición a la que derrotó con la táctica de la ingenuidad manifiesta; y, por último, que la sociedad ha vuelto a salir a la calle pero esta vez abatida porque han amputado su esperanza, a pelo, sin anestesia.  ¿Tanto cambia el poder? Yanis Varoufakis acaba de describir su fiera mirada. Ojos astutos sin la más mínima piedad en una noche de niebla.

Cuesta imaginar qué capacidad de maniobra tiene hoy Podemos, con o sin Ahora en Común, ante semejante panorama. ¿Qué decimos a los movimientos sociales que hoy defienden una Europa ciudadana, sin TTIPs ni maniobras orquestales en la oscuridad de la economía comunitaria? ¿Se puede confiar en esta democracia? ¿Qué la lucha por un mundo más justo que el que están construyendo debe continuar? ¿Cuál será su ánimo? ¿Seguirán pensando, de verdad, que aún es viable torcerle el brazo a unas instituciones que han sometido a una democracia sin el más leve cargo de conciencia?

Reproduzco parte de la declaración que, bajo el título “Abrir una brecha”, redactaron los intelectuales Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago en 2003 para validar su compromiso contra el pensamiento único y contra todos los poderes políticos que utilizan la democracia para asentar una plutocracia paralizante.

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más algido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra? ¿Quién guarda aún en su corazón las últimas palabras de su alocución: “pueda este tribunal prevenir el crimen del silencio”? 



¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?



¿Dónde están los Henri Curiel, que se negó a abandonar Egipto para resistir al Afrikakorps de Rommel? ¿Los Henri Curiel anticolonialistas encarcelados durante dieciocho meses en Fresnes por su apoyo al FLN?

¿Dónde están los Gandhi, que entregó su vida para acelerar la caída del imperio británico de las Indias? 



¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha en relación con una situación nueva cuyo sentido y exigencias verdaderas acordaron no reconocer las agrupaciones políticas y los diarios de opinión, sea por inercia o timidez doctrinal, sea por prejuicios nacionalistas o morales?’

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses? 

¿Dónde están los pensadores de la dimensión de Foucault, que revolucionó radicalmente la manera de ver la locura, la cárcel, la sexualidad? ¿Dónde están los de la talla de un Bourdieu, que regeneró la sociología sin dejar de defender con obstinación el rol social del intelectual crítico?
¿Dónde están hoy Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis, Antonio Machado o Federico García Lorca? 

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus.

La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo -cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.
 Algunas mujeres, algunos hombres, continúan, sin embargo, librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”. 

Este es un llamado a la movilización contra un sistema corrupto, a la rebelión contra las mentiras y las falsas palabras de una clase política que vive cómoda bajo comportamientos escandalosos como el de Grecia. Que se vanagloria porque en esta guerra de clases que se libra de forma silenciosa, ellos han vuelto a ganar. No lo digo yo. Su autor es Warren Buffett.

Es la desigualdad, estúpido

MADRID. 31-1-15. MARCHA DE PODEMOS. FOTO: JOSE RAMON LADRA.

Hay palabras que de tanto usarlas difuminan su valor semántico. Por ejemplo, corrupción. Ahí tienen la cadena de nuevos casos que están apareciendo sin que afecte excesivamente a la intención de voto sondeado. Se ha convertido en una rutina ciudadana. Convivimos con la corrupción como con las alergias primaverales. Cada cierto tiempo se produce un brote agudo que nos alarma pero aceptamos su temporalidad para poder dormir sin sobresaltos. Algo similar sucede con el neoliberalismo. Es una expresión más desgastada que un canto rodado en medio de las cataratas del Iguazú. Cuando se trata de culpar al sistema de todos los males sociales que nos molestan sacamos el término y lo entendemos todo. “Eso se debe a la política neoliberal del Gobierno”. Lo mismo sucede con el populismo, el terrorismo, la seguridad y, si apuran, también con el paro. Nos quedamos en la discusión semántica y olvidamos su intención.

Carlos Pereda, un sociólogo con ética superlativa, establece en una entrevista publicada en el último número de La Marea la definición exacta del neoliberalismo sin alhajas, para que podamos calcular bien la dimensión de sus colmillos. “Es un ciclo de tendencia capitalista que tiende a la desigualdad creciente y que se aprovecha de los periodos de crisis para introducir recortes que en época de bonanza serían injustificables”, dice.

Es decir, lo que está sucediendo en España. La política económica del Gobierno de Mariano Rajoy se mueve en esta lógica de manera aplastante. En la acumulación y la desigualdad. No hay una sola mentira cuando nos anuncian que estamos saliendo de la crisis. Es absolutamente cierto que España crece hoy a un ritmo espectacular y que no nos engañan al asegurarnos que las perspectivas son aún mejores. Pero para el capital y el accionariado, no para el asalariado. En Madrid, el 40% de la renta que producen los madrileños se la quedan como beneficios las grandes empresas pero sus salarios no crecen. Y esto mismo sucede en todas las regiones del país. El 30% de los españoles con trabajo tiene un sueldo muy por debajo del salario interprofesional. Está al nivel de 1992 mientras que el 10% de los ricos han incrementado en un billón de euros su patrimonio. Esa es la realidad de España. El dinero fluye para la mayoría trabajadora porque lo aporta ella misma.

¿Cuál es la consecuencia? Que, en realidad, el paro se reduce debido a que gran parte de la gente emigra. Vayan sino a las estadísticas actualizadas de empadronamiento de Alemania y Reino Unido. Este dato está siendo estratégicamente enmascarado porque quienes ostentan el poder sobre la vida son hábiles con los datos.

Y así están ganando esta guerra de clases que hoy sufrimos. Observen el operativo de salvación del régimen de 1978 que han montado. A mi me parece brillante. Elevan hasta la estratosfera a Podemos y en un momento dado lo dejan caer mientras proyectan una imagen ideal de Ciudadanos, un partido con pinceladas racistas realmente peligrosas. El milagro de esta jugada magistral estriba, en mi opinión, en que han salvado un sistema en descomposición. La ciudadanía exigía una profunda limpieza y se está haciendo sin que los centros del poder real pierdan el control social. Aunque nos joda, nos están arrebatando la esperanza. En parte porque hemos vuelto a caer en el señuelo de la socialdemocracia y el equilibrio de las rentas para mantener su Estado del Bienestar. El resultado electoral que se vislumbra es el peor que muchos podíamos imaginar hace dos meses. El PP y el PSOE casi empatados, muy cerca de ellos Podemos y finalmente, Ciudadanos, cuarto. ¿Que le quedaría a la formación de Pablo Iglesias en este escenario? Casi nada.

Por eso creo que la estrategia de Podemos de no renunciar de una vez a su discurso “transversal”, en palabras de Íñigo Errejón, es un error mayúsculo y puede que definitivo para las aspiraciones de muchos ciudadanos de plantear una sociedad diferente . “Más Gramsci y menos Laclau”, dijo hace unos días Carlos Fernández Liria, que es lo mismo que decir menos pragmatismo electoral y más ideología porque estamos enfrascados en una lucha de clases sin cuartel. Y para no aturdirle con tanta vaina si es que usted, estimado lector, ha tenido el coraje de llegar hasta aquí, le confesaré que Syriza es el ejemplo a seguir.

Ellos están en plena batalla, aguantando todo tipo de ofensivas y amenazas por parte de los amos del sistema -las transnacionales y sus serviles medios de comunicación-, sin renunciar a sus objetivos originales. No admiten medias tintas, ni regalan Juego de Tronos, ni rebajan su programa. Con el sistema no se juguetea. Miren la socialdemocracia.

Manipulan las cifras del paro

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Un profesor de Relaciones Laborales en la UPV escribe hoy sobre la eufórica venta de mejora económica que nos hace la ministra de Empleo, Fátima Báñez. No hay que ser muy ilustrado para darse cuenta de que el Gobierno del PP sigue manipulando la valoración de las frías cifras como haría un trilero avezado a la puerta de un mercado. Faltaría más. Su poder está en riesgo y han abierto la cacería de borregos, en la que todo se maneja a su favor aunque para ello tengan que falsear un cuadro de Picasso.

El profesor opina lo siguiente:

“60.214 desempleados menos. Esa es la cifra que a bombo y platillo presenta el gobierno como la prueba del nueve de su buen hacer económico en el “año del despegue Mariano”. Para “conseguir” rebajar el paro registrado en las oficinas del SEPE, el Gobierno de Rajoy ha tenido una ardua tarea en estos años. Destaquemos sólo cinco de sus logros:

1.- Reducir la cobertura de desempleo al 55% de los parados.

2.- Hacer que dos millones de personas de los 4 millones 500 mil registradas sin empleo, carezcan de ingreso alguno.

3.- Conseguir que el 12,5% de quienes trabajan, 2 millones 300 mil personas, lo hagan por menos de 21,62€ al día, mientras las empresas del IBEX 35, todas ellas, mantengan sus sedes en paraísos fiscales, eludiendo así sus obligaciones tributarias.

4.- Forzar que 358.442 habitantes, el 0,77% del conjunto de la población, abandone España y busque su futuro lejos de su país, su ciudad y su familia.

5.- En 2014 echaron de sus viviendas habituales a 7 mil familias, a la vez que protegían a la gran banca y sus miles de casas vacías.

6.- Dejar a 950 mil personas sin cobertura sanitaria, racanear tratamientos a los enfermos de hepatitis mientras liquidan la sanidad pública a través de acuerdos con grandes fondos y empresas con el fin de exterminar un derecho y patrimonio común.

7.- Bajo las cifras globales de empleo generado que acaban de facilitar, ocultan que se trata de empleo a tiempo parcial en su inmensa mayoría y muy precario respecto a derechos laborales.

8.- Esta política de austeridad al servicio de la oligarquía financiera y de las mayores empresas no va a permitir una verdadera recuperación. Lograr que 60.000 personas salgan de las listas del desempleo a cambio de la ruina, la pobreza y la desigualdad generalizadas representa un verdadero timo. Sin más.

9.- La recuperación sólo puede llegar tras un giro de 180 grados. Necesitamos un plan de rescate al principal valor de cualquier Estado: las personas. Necesitamos detener los desahucios, garantizar ingresos, la educación, la sanidad y profundizar en la democracia.

10.- Es necesario una Renta básica universal e incondicional para todas y cada una de las personas residentes. Una renta igual al Salario Mínimo que permita recuperar la dignidad, reforzar la cohesión social, la capacidad de negociación de los trabajadores, la independencia de las mujeres y, en general, que combata la desigualdad haciendo que, a través de una profunda reforma fiscal, paguen más quienes más tienen, es decir, los ricos.

11.- ¿Un sueño? No hablo de sueños sino de algo que es posible hacerlo de inmediato para ayudar a que las personas, el valor innegociable, empiecen a salir de la miseria a la que han sido empujados: Un modelo de financiación de la Renta Básica para el conjunto del Reino de España: sí, se puede y es racional.

12.- En este sentido, el papel de los sindicatos es esencial en la lucha contra la pobreza y la precariedad, que en buena medida se han visto multiplicadas por la contrarreforma laboral.

13.- Sin una movilización general de los sindicatos, en alianza con las Marchas de la Dignidad y otras movilizaciones populares contra los deshaucios y por la defensa de la sanidad y la educación públicas no será posible revertir los efectos devastadores de las políticas neoliberales”

Tras esta reflexión siempre me entran ganas de escuchar un blues y releer a Beckett

Arriba la utopía

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Nos empujan hacia la capitulación. A que renunciemos a la solución de nuestros problemas. A que aceptemos resignados la derrota frente a un selecto grupo de “profesionales” y nos olvidemos del gran debate pendiente, el que debería poner en cuestión cómo se arregla la carestía de la vida, el deterioro de la sanidad pública, el papel del empresariado en la sociedad actual, la función del Estado en el mundo, la participación del individuo en la vida colectiva, el equilibrio entre el medio ambiente y la explotación de los recursos. En fin, lo que es importante para nuestra existencia.

Tengo la extraña sensación de que estos dilemas aburren a los guías del pueblo, más atareados en inocularnos el virus de la indiferencia y que les aplaudan con las orejas, que en combatir el desencanto que hoy martillea a la sociedad civil. La frustración es una palabra hueca para los amos del Universo. Ellos prefieren los circunloquios porque siempre dicen lo mismo. Mensajes que neutralizan la participación ciudadana. Discursos para aniquilar cualquier esperanza de poder cambiar las cosas. ¿No hablábamos hace unos meses de que otro mundo es posible?

Los políticos de hoy siguen presentándose como los propietarios de una razón que no ilustra. No ayudan a entender la confusión reinante ni cuál es el interés colectivo. En los momentos duros de la Historia, la función pública siempre fue contener la crisis y los desequilibrios de un sistema vorazmente codicioso. La privada, arriesgar su capital por un futuro rentable para la mayoría. Hoy, nada de eso tiene vigor. Acabaron con ello como acaban con otras cosas.

Ya ni se ven, ni se oyen ni se sienten. Sólo se escucha llorar de impotencia –algunos ríen como hienas- ante el empobrecimiento general y los nuevos frentes de guerra. En Siria, en Yemen, en Irak, en Kenia. La crisis y el pensamiento económico que tratan de imponer son excelentes compañeros de cama. No tengo dudas. La recesión es el mejor aliado de los políticos que alimentan este mantra para sentirse imprescindibles.

Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago escribieron un día:

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más álgido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra?
¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?

¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha’?

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses?

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus. La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.

Algunas mujeres, algunos hombres, continúan sin embargo librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”.

Aquí os dejo un tema de Nina Simone cuya letra aporta sensatez. Sea pues.