Elecciones en Ecuador

Las elecciones sirven para legitimar con el voto a quienes por un periodo limitado van a gobernar desde los distintos niveles de la Administración. El próximo 23 de febrero se eligen 5.651 autoridades para los gobiernos provinciales, municipales y parroquiales del Ecuador, entre ellos 221 alcaldes y 23 prefectos. Estos Gobiernos tendrán la misión de mejorar la calidad de vida que los ciudadanos encuentran en su barrio, en su distrito y en su ciudad, y que, como es el caso de Quito y Guayaquil, deberán acometer infraestructuras decisivas durante los próximos cuatro años. 
La mayoría de los ecuatorianos espera que estas nuevas autoridades administren con determinación los desafíos pendientes de una sociedad cada vez más compleja y poblada. La lucha contra la pobreza y la mejora de los servicios públicos son evidentes pero nunca suficientes para quienes lo padecen en carne propia. Mejorar el bienestar colectivo es un trabajo que requiere de gobiernos responsables y comprometidos pero también de la colaboración diaria del propio ciudadano.
Pero si bien es cierto que en unos comicios locales lo que se decide es el proyecto de un candidato para la ciudad, los del próximo 23 de febrero serán un pulso hacia la política nacional que lidera Rafael Correa. Un termómetro que juzgará el grado de aceptación popular sobre algunas decisiones que han levantado ampollas en sectores de la sociedad ecuatoriana cercanas al propio proceso revolucionario. El último caso ha vuelto a poner en el centro de la polémica a la prensa tras una controvertida y millonaria sanción contra el caricaturista Bonil por una viñeta (y su posterior rectificación) que en cualquier país vecino sólo hubiera provocado una carcajada. 
La estrategia oficialista trata de movilizar al sector de su electorado atraído por la decepción (entendida como voto de castigo) mediante el discurso de que la inversión en sanidad y educación -el gasto público- necesita decisiones dolorosas como la explotación del Yasuníla radical posición antiabortista de un Correa más claramente socialcristiano o los cambios en el nuevo Código Integral Penal para tipificar la mala práctica profesional de los médicos, pero que la trasparencia en su gestión política continúa siendo el rasgo diferencial con los sectores recalcitrantes que todavía perviven de los tiempos oscuros del país. 
La dividida oposición intenta abrir las grietas que puedan existir en Alianza País tras las polémicas decisiones del Gobierno Nacional, evitando crear incertidumbres en el electorado que sirvan para compactar a la mayoría oficialista que arrasó en las elecciones de hace un año. 
El Gobierno considera que los pequeños grupos que se manifiestan en contra de la extracción petrolera en la mayor reserva natural del país y los que claman por legalizar el aborto en el supuesto de violación son formaciones de extrema izquierda, y niega cualquier opción de debate con ellos en aras de mantener intactas las filas para evitar fugas indeseables. El resto de opciones políticas no ofrecen otro remedio que derrotar al oficialismo como antídoto para cualquiera de las disputas actuales.
Todos han renunciado a profundizar en los por qués de unas decisiones presentadas como las claves para ahuyentar una austeridad que tendría reflejo en los municipios de todo el país. La corrupción, que sigue afectando en mayor o menor medida a todos los niveles de lo público, y de forma especial en los pequeños pueblos, no conduce a propuestas para atajarla sino a un intercambio de reproches, tal vez ante su escasa repercusión electoral, según las encuestas. 
Vuelve a repetirse el patrón universal de fiscalizar cada paso dado por el Gobierno Nacional que goza del poder absoluto en la Asamblea. Ocurre en todos los países democráticos, y Ecuador no es una excepción, aunque no se sabe si estas controversias tendrán influencia en el voto de ciudades como Quito. 
En la decisión soberana de los más de 11 millones de votantes que están llamados a las urnas se encuentra la creación de nuevos gobiernos locales y que los ciudadanos sientan que la política local les pertenece. 
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Chevron en Ecuador

La niña de la fotografía se prepara para una celebración. Vive en Sucumbíos, una provincia del noreste de Ecuador muy poco poblada. Tan sólo 170.000 personas habitan en esta franja amazónica de 19.000 kilómetros cuadrados fronteriza con el Putumayo colombiano y Perú.

Hasta la mitad del pasado siglo convivían sin problemas comunidades indígenas Cofanes, Secoyas y Sionas. Gente orgullosa que habla el lenguaje de la Tierra, de la Pacha Mama. Pero la armonía comenzó a resquebrajarse cuando la petrolera Texaco, hoy Chevron, comenzó en 1964 a explotar una de las inmensas bolsas de petróleo que yacen en aquel subsuelo. En lugar de la prosperidad prometida, las máquinas llevaron pobreza.

A sus pobladores les arrancaron de la tierra, les negaron la palabra, les condenaron a la servidumbre y a la enfermedad. Ellos, que fueron los primeros, se convirtieron en los últimos. Pero alguien apeló a la justicia.

La cohorte de sesudos picapleitos a sueldo de la multinacional petrolera estadounidense retrasó el veredicto hasta la obscenidad. Intentaron comprar la memoria de la gente, presionaron al Gobierno del Ecuador y activaron todo tipo de artimañas legales durante 17 largos años. Tras interminables investigaciones, el “caso Texaco/Chevron” llegó a los tribunales. Primero a una humilde corte local, más tarde a los poderosos jurados estadounidenses.

Finalmente se dictó sentencia: la petrolera debía de abonar más de 19.000 millones de dólares a los 30.000 afectados por los desmanes cometidos durante los años que duró la explotación de los pozos en Sucumbíos. Según la corte de apelaciones de Nueva York, la empresa Texaco/Chevron vertió descontroladamente más de 65 millones de litros de crudo por la zona, liberó más de 700.000 metros cúbicos de gas quemado al aire libre y contaminó más de 20 millones de litros agua destinada al consumo de los habitantes lo que provocó un número indeterminado de muertos y deterioró la salud de cientos de vivos.

Pero la arrogancia de esta poderosa empresa, nada acostumbrada a que alguien les mire de frente, no tiene límites. Su reacción inmediata fue demandar al Estado ecuatoriano en cortes internacionales, la mayoría establecidas en EEUU como la corte distrital de Nueva York y la Corte Suprema de Estados Unidos o en Europa, convencida de que actuarían a favor de sus intereses. Después diseñó una efectiva campaña mediática destinada a desprestigiar el sistema judicial ecuatoriano, acusado de “corrupto”, mientras ponía a trabajar a un excelso equipo de comunicadores y abogados para crear un estado de opinión favorable a nivel internacional. Muchos de los que se consideran parte sustancial de la prensa “libre” entendió el recado.

El periódico Financial Times, la sancta santorum de la información económica neoliberal, acaba de negarse a publicar anuncios favorables a una justicia racional; esto es, que Chevron acate las sentencias en su contra y pague de una vez lo que debe a los damnificados. Por otro  lado, algunos videos de denuncia colgados en la red sobre el desastre ocasionado por la petrolera en Ecuador suelen ir acompañados por un faldón publicitario pagado por la multinacional estadounidense con una leyenda: “El gran fraude judicial en la amazonía ecuatoriana”.

Sin embargo, no es la primera vez que Chevron hace oídos sordos a las sentencias en su contra, ni tampoco que políticos a sueldo ejecutan medidas represivas contra quienes ponen a esta empresa en el disparadero de la opinión pública internacional.

Un ejemplo de la protección institucional que rodea a Chevron sucedió el sábado 3 de agosto en Richmond, California. Ese día, unas 2.000 personas desfilaron hasta las puertas de la refinería que la empresa tiene a las afueras de la ciudad para exigir responsabilidades por la catástrofe del 6 de agosto de 2012. Aquel día explotó parte de la planta provocando cientos de heridos, enfermos crónicos de los pulmones tras soportar la asfixiante niebla tóxica emanada del desastre. Obviamente, la empresa petrolera no ha asumido su responsabilidad en este suceso. Ni lo hará. Jamás lo ha hecho.

Lo que si se produjo en Richmond fueron 229 detenciones de pacíficos manifestantes, aunque poco o nada salió en la prensa. El apagón informativo como estrategia de imagen es moneda de curso legal para uno de los mejores clientes publicitarios de los grandes diarios del mundo. Y quien paga en tiempos de crisis para la prensa, ya se sabe, impide la difusión de cierta información, especialmente si ésta destapa las sombras de la codicia.

Estas maniobras en la oscuridad son llevadas a cabo por seis prestigiosas firmas de relaciones públicas con cobertura planetaria: Hill & Knowlton, Edelman Worldwide, Sard Verbinnem, Robinson Lerer Montgomery, Sam Singer and Associates, y CRC Public Relations. En el caso ecuatoriano, la táctica surtió efecto el 16 de febrero de 2012 en la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya que emitió un fallo mediante el cual permitía dejar en suspenso la ejecución de la sentencia condenatoria de la corte de Sucumbíos.

Desde entonces, la movilización popular en América Latina contra la empresa estadounidense no ha de dejado de crecer. En una página web en inglés, cientos de internautas de todo el mundo desgranan los detalles de un caso como el de Sucumbíos para compensar la casi nula repercusión mediática. La batalla no ha terminado.

Al menos no para la joven de la foto, una niña indígena siona. Ella vive cerca de Nueva Loja, la cabecera administrativa de esta bellísima provincia amazónica. Le pintan la cara para una fiesta. La fiesta de la victoria.

Mister Surf

Las olas son la materia prima con las que trabaja Clark Little, surfista californiano de 45 años y fotógrafo desde que subió a una tabla para jugar en el agua. Su mayor característica artística es que fusiona las dos modalidades, es decir, surfea mientras saca fotos desde el corazón de la barra. O puede que sea al revés. Empezó a hacerlo para mostrarle a su mujer lo que sus ojos veían desde la tabla de surf, lo que su cerebro gestionaba en una décima de segundo, lo que corría por sus venas en un momento de plena excitación. El resultado queda a la vista. Es impactante y único. Pocos reflejan la ley de la gravedad como lo hace él con tanta maestría.
La imagen que ilustra este post fue registrada en Hawai. A pesar de la dificultad de elegir una foto entre centenares de ellas, a cada cual más impactante, la ola protagonista es un tubo perfecto de cuatro metros de altura que se traslada a varios kilómetros por hora con un fuerza arrolladora. Subirse en ella es una lotería. La serie completa de Little lleva dos años de gira mundial. Empezó en una galería de arte de Washington y posteriormente viajó por varias ciudades estadounidenses, México, Hawai y Europa. Por el momento no se conoce si llegará a España y, especialmente a Ecuador, donde en abril se celebró una prueba del mundial de surf en Montañita, Manabí.
Observar desde un cómodo sillón o en una sala de exposiciones toda la serie de las fotos con detenimiento es dejarse atrapar por un sueño. Nada que ver, desde luego, con vivirlo desde el agua, con el protagonista.  Jugar de esta forma en el mar es una manera de matar el tedio, sin duda, pero sobre todo estimula el espíritu y endurece el corazón a base de pulsaciones aceleradas. Imagínenselo, entonces, y disfruten del paisaje.

Deudocracia internacional

En la era de Internet todo es posible. Muy pocas cosas se le resisten. Incluso las maniobras orquestales en la oscuridad de los poderes que hoy nos gobiernan. El último capítulo se ha escrito en Grecia y lleva por título Debtocracia, es decir, el poder de la deuda. Dos periodistas helenos remontaron este gran río de aguas procelosas, exploraron esta corriente de hechos consumados y alcanzaron su génesis. El resultado es este documental enojoso y demoledor. 

Aquí se muestra la perversión de un sistema que cultiva sin ambages la filosofía del destino manifiesto, donde el papel del dinero ha sido elevado a una dimensión casi divina, capaz de derribar Gobiernos soberanos. Es cierto que esta cuestión siempre tuvo importancia pero hoy ha adquirido una magnitud peligrosa. Es como si hubiera evolucionado. Un alien que se perfecciona a medida que todas las instituciones internacionales que rigen la economía planetaria -FMI, Banco Mundial, BCE- van resolviendo que la única forma de garantizar la libertad del mundo es que el dinero público sea empleado para proteger y promocionar los intereses privados. Porque además de ser el único camino posible, está protegido por las sacrosantas leyes que emanan de parlamentos y asambleas nacionales.

Todo esto, sin embargo, está pervirtiendo las democracias representativas, en las que todos los ciudadanos somos teóricamente iguales, al mutar en plutocracias que asientan su dominio en el poder de las deudas. La guerra contra el ser social se ha desatado con gran finura. 

Hay más. Muchos países de nuestro entorno que decidieron enfrentarse al mantra del “te garantizo estabilidad a cambio de corromperte” padecen hoy una presión sistemática por parte de grupos privados sin escrúpulos que campan por sus respetos y que hacen lo imposible para que los legisladores aprueben leyes que favorezcan sus intereses privados. Aunque los cortafuegos de esta estrategia intentan a toda costa proteger a sus reyes de sospechas inflamatorias, hay casos que son demasiado visibles para enterrarlos tras cortinas de humo que favorezcan el desinterés y el olvido. Esta declaración podría servir de muestra.
El cuento moral de esta historia está aun por escribirse. Mientras, pensemos qué hacer para merecernos una mejor suerte.

Yasuní ITT, el paraíso amenazado

Podría haber elegido a un bracero cortando un tronco milenario o a un bombero sofocando las llamas de un incendio provocado. Podría mostrar el testimonio directo del horror, revelar lo pavoroso, destapar la herida.
Sin embargo, he decidido ilustrar la selva amazónica con la esencia pura de esta región única del planeta aunque para nosotros resulte un tanto idílica e irreal. Esto que ven arriba es el Yasuní, un paraíso húmedo del Ecuador donde los colores agotan el espectro y miles de olores confluyen hasta reventarnos los sentidos. Bajo la cúpula verde habitan 5.000 especies de plantas conocidas, cientos de miles de insectos, 2.274 de árboles y arbustos, 596 tipos de aves, 271 de anfibios y reptiles, 499 de peces y 204 de mamíferos. Es el hogar de las dos últimas tribus no contactadas de Ecuador:  los tagaeri y taromenane.
Pero el deseo del hombre por extraer sus recursos ocultos en el subsuelo es muy poderoso. Quieren cargárselo y convertir este pedazo de jungla intrincada en un inmenso cuadro de naturaleza muerta. En un Eurovegas petrolero. Está empeñado en ello. Y presionan como depredadores hambrientos.
El Gobierno de Quito lucha a brazo partido por impedirlo. Su proyecto Yasuní ITT pretende salvaguardarla con la ayuda de todos, especialmente de los Estados poderosos a los que un día se les llenó la boca con frases vacías en la Cumbre del Milenio. Yasuní es de Ecuador pero su preservación depende de todos.  En la ONU están los detalles de este proyecto único de conservación natural pero los ricos han decidido congelarlo. No quieren contribuir a mantenerlo alejado de las garras del consumo desmedido, quizá porque les queda demasiado lejos de sus casas, quizá porque no saben hacer otra cosa que poseer y destruir. 
A su alrededor, más de 6 millones de kilómetros cuadrados van mermando cada minuto como si un cíclope se alimentara a mordiscos de esta tierra para reforzar su poder omnímodo. Es la amenaza. Quizá sea por envidia ante tanta belleza natural que disfrazamos de codicia. Mercado es la palabra maldita.
Quien fuera ministro de Educación del expresidente brasileño Lula, Chico Buarque, fue interpelado un buen día por un estudiante en EEUU sobre su posición ante la presión del “lobby” maderero -mayoritariamente estadounidense- para que se internacionalice la gestión de este rincón de la Tierra. Su respuesta, que podría ser también la de miles de ecuatorianos, fue contundente: 
“Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro. Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad. Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, hagamos lo mismo con las reservas de petróleo del mundo entero. El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio. Y de la misma forma el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Quemar esta selva es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales. No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación”. 
Creemos que estas palabras resumen bien muchas opiniones que hoy en día se han convertido en bandera de una gran indignación internacional. Yasuni ITT, un gran proyecto para el planeta. 
Aquí les dejo un gran documental, ganador de un Premio en el Festival de Cannes.

Galápagos: Los titanes de la Tierra

Como titanes de piedra, estas tortugas de casi 300 kilos arrastran su enorme caparazón por las laderas de las Islas Galápagos, Ecuador. Con extrema lentitud. En una hora sólo son capaces de recorrer 250 metros. Insuficiente para escapar por patas. Estos grandotes y nobles reptiles son los campeones del mundo en parsimonia. Prehistóricas criaturas que observándolas detenidamente parecen haber salido victoriosas de su rivalidad con los dinosaurios. El premio fue el control del tiempo. 
Charles Darwin quedó boquiabierto al verlas por primera vez durante su visita al archipiélago en 1835, y decidió que sobre su concha calcárea debía de armonizar uno de los argumentos sólidos de la teoría de la evolución de las especies. Un paraíso natural que espero conocer muy pronto.
Por eso, la tranquilidad con la que estas tortugas se toman los paseos no entraña imprudencia en un mundo de bestias. Están muy acostumbradas. Cualquiera que las desafíe corre el riesgo de perder la dentadura. Están acorazadas. He aquí uno de los motivos de su gusto por las caminatas matutinas, de su obstinación con el frescor del amanecer. Es el momento de caza para las alimañas. 
Pero para estas tortugas sólo hubo un depredador implacable: el hombre. Antes de la colonización española, las islas Galápagos eran su paraíso. Había 250.000. Hoy sólo sobreviven 15.000. Colosos de sangre fría. Casiopeas gigantes en guerra con los ladrones del tiempo que quieren acabar con Momo. Hasta pronto, señoras.

La justicia contra la prensa y libertad de expresión

Quizá por el azar de nacer en Euskadi, o por seguir la actualidad de América Latina o por pertenecer a una tropa como la periodística hoy tan mermada y endeble, llevo bastante tiempo prestando atención al proceso judicial abierto por el presidente de Ecuador Rafael Correa contra el diario “El Universo”, editado en Guayaquil,  por las supuestas injurias vertidas contra el mandatario ecuatoriano por uno de sus exeditorialistas políticos, Emilio Palacio, en un artículo titulado “No a las mentiras”. Tras 13 horas de deliberaciones, la Corte Nacional de Justicia de Ecuador condenó ayer a su autor y a tres de los directivos del diario más poderoso del país a tres años de prisión y a un pago de 30 millones de dólares a su víctima.
Vuelvo a leer, perplejo, la absoluta indignación que muestra Palacio en cada párrafo del artículo denunciado. El autor llama “dictador y asesino” a Correa, a quien acusa de “ordenar disparar fuego a discreción contra un hospital lleno de civiles y de gente inocente” el 30 de septiembre de 2010, día en el que se produjo un golpe de Estado fallido contra el presidente.
La difusión del fallo de la Corte de Justicia ha vuelto a activar las alarmas sobre un posible deterioro de la libertad de expresión, de difusión y de opinión en el país andino -y por extensión en buena parte de América Latina-. Algunos medios españoles se han permitido el lujo académico de abrir secciones en sus webs para corroborar que la fragilidad de la libertad en ciertos países del sur de América (y alguno del norte) es un hecho objetivo. Será para ilustrarnos las ventajas del liberalismo intelectual que disfrutamos. No sé.
Cuando me tocó escribir sobre América Latina conviví a diario en el laberinto de fantasmas y mitos que acompañan la mirada de los principales medios de comunicación españoles sobre los procesos políticos abiertos en América Latina y decidí extremar el celo. Me esforcé para mantenerme esterilizado frente a dogmas, estereotipos o simpatías que pudieran influirme. Sólo con dejar que los protagonistas de aquellas sociedades retrataran su propia historia, sin silenciar a ninguno, pude perfilar el rostro desfigurado de muchos medios españoles cuando reflejan las complejas realidades latinoamericanas. En España vivimos una extraña contradicción ideológica que impide renovar un compromiso activo con el periodismo. Esta manera de mirar produce en los lectores múltiples batallas perturbadoras. Un ejemplo es que la sentencia condenatoria por un hecho concreto contra un diario concreto, El Universo, es extensible a toda “la prensa” para un medio tan importante como El País.
No oculto que me provocan una profunda duda los tratamientos informativos sobre Ecuador, Colombia, Argentina, Perú o Venezuela. Nada es tan negro como lo pintan, ni tan blanco como otros nos hacen ver. Todos es complicado y está salpicado de tramas corruptas, recuerdos dramáticos y explotación pero también de sueños. Pese a la globalización, existen dificultades reales para leer informaciones contrastadas sobre esos países, a menudo procedentes de fuentes del mismo manantial y generalmente ocultas. Es lo que llamamos información “coja”, sin verificar la mayoría, oficiales cuando interesa pero que casi siempre agravian al mismo bando, normalmente el que se sitúa a la izquierda de nuestro ejemplar mundo. Estas informaciones actualizan la tesis de Sherlock Holmes sobre que siempre es más fácil distorsionar las teorías para adaptarlas a los hechos, que los hechos a las teorías. Aunque esto último también suceda.
Pero volviendo al tema original, y para no extenderme, quiero recordar que sólo en España se cerraron dos medios de comunicación, el diario y la radio Egin, en 1998 por orden de Baltasar Garzón. Hubo que esperar 9 años para que fueron “rehabilitados” al determinar los tribunales que todo se debía a un grave error porque sus actividades no eran ilícitas. Claro que ya era tarde para reabrirlos y recolocar a muchos de los que quedaron en paro. Pese a todo, dos periodistas, Javier Salutregi y Teresa Toda, continúan en prisión. 
Tampoco se puede pasar por alto que en 2007 el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ordenó el “secuestro” de la revista El Jueves al considerar que caricaturizar a los príncipes follando era una “grosería innecesaria”. La portada era esta:
Estas cosas pasan en España. Y hay alguna más pero hoy estoy tan cansado de tener que dedicar un folio a tratar de justificarme que prefiero pasar a la sección de deportes.