España secuestrada

Creer en las palabras grandilocuentes de un gobierno es un gesto de educación. El presente es tan hiriente que cualquier éxito debería traernos un beneficio colectivo, un respiro laboral, por muchas diferencias conceptuales que podamos tener. Ya lo dijo el dramaturgo rumano Eugène Ionesco: “Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen”. 
Sin embargo, los cineastas, el mundo de la ciencia, la sociedad de la información y de la tecnología, el famoso I+D+I, la juventud, los pequeños empresarios, los autónomos, los parados, los jubilados y un sinfín de sectores clave llevan varios años estupefactos en España ante las resoluciones de las quinielas político-sociales del jefe de Gobierno y su ejecutivo. 
La eliminación de gasto público y el incremento de los costes de la vida con triquiñuelas de trileros desvergonzados, léase el recibo de la luz por ejemplo, siembra de dudas el trabajo de miles de personas que aguardaban silenciosos una fumata blanca favorable con el que dar salida a angustias personales que en muchos casos están terminando en desesperación cuando no en suicidio. Léanse también las estremecedoras cifras que acaban de ser publicadas
No ha supuesto una sorpresa. En el lenguaje del actual partido en el Gobierno de España, la competitividad siempre se ha utilizado como sinónimo de reforma laboral y de moderación salarial. Neoliberalismo de matriz neoclásica. La inversión en educación, cultura y desarrollo es una tarea privada y, por lo tanto, inestable ante los vaivenes de los mercados. 
Los esfuerzos públicos en este tipo de áreas son vistas como inversiones escasamente rentables a corto plazo. No cotizan en bolsa. Quizá tengan razón y resulte mejor apoyar sin remilgos a empresas que mejoran las prestaciones de seguridad de misiones de “paz” como la que se produjo la semana pasada en Ceuta contra inmigrantes subsaharianos. Parece que entramos en un periodo en el que la clave está entre la bolsa y la vida. Quizá estemos confundidos pero lo que parece evidente hoy es que, por mucho que se esfuercen los dueños de las palabras, la vida en esta España secuestrada es insalubre y nada esperanzadora. Cierro comillas.
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La revista Más que Ciencia cumple un año

Como el bebé de la fotografía, Más que Ciencia seguirá tomando teta durante algún tiempo más. Necesitamos el nutritivo alimento que nos proporcionáis cada día. Con vuestros comentarios, con los guiños cotidianos. Hoy cumplimos un año en compañía de 1.041 amigos a través de Facebook, 266 en Twitter y un número importante en nuestro blog. Así resulta más sencillo digerir las dificultades que este mundo que nos ha tocado vivir nos pone diariamente en el camino. El más complejo no es el dinero (que necesario es y grave también en tiempos de profunda crisis y falta de ideas). Es el desinterés y la egolatría que nos rodea. A todos. Vencer a estos dos becerros de oro es como subir una gran montaña y adentrarte en ese espacio donde todo se vuelve lento y pesado. Y cada movimiento que haces es casi una hazaña.
Permitirme que hoy hablemos de nosotros, no como un reflejo de la vanidad sino como un acto de transparencia. Desde esta página y desde el blog llevamos un año intentando transformar los conocimientos abstractos en una bitácora al servicio del hombre. Ese fue el origen de la procreación de MQC y sigue siendo nuestra premisa. Cierto es que ni es la única ni la más importante, pero sí el propósito del grupo de personas -entre las que me encuentro- que hace un año decidimos inventarnos la revista-blog Más que Ciencia y sacarla a la luz.
¿Cuál es el propósito? Pues asentar una revista que publique artículos de investigación amenos y pedagógicos. Escribir como hablamos. Huir del cliché que nos domina, ese de que escribir bien es escribir palabras difíciles que deben ser revisadas en el diccionario.
Aquí, la medusa es una medusa, no “un cnidario de cuerpo gelatinoso con forma de campana de la que pende el manubrio tubular con la boca en el extremo inferior, prolongado o no por largos tentáculos”. Cada artículo que publicamos es evaluado previamente, revisado con dedicación porque la vida es un juego serio. Aquí no hay anzuelos. El dinamismo está en vuestras manos (con sugerencias, críticas y apreciaciones) y también en las nuestras (acertando en el tono y la precisión). De todos depende que esta locura siga siendo fascinante y tenga sentido en estos tiempos de autocomplacencia que vivimos. Espero que sigamos disfrutando al menos otro año más. 
Pincha aquí para ir a la Web.  También en Facebook y en Twitter (@masqueciencia)

Maestros: La revolución verde

Nadie del PP ha leído ‘Corazón’ de Edmundo D’Amicis. Lo tengo comprobado. Si lo hubiera hecho,  Lucía Fugar o Esperanza Aguirre tratarían a la educación pública con propiedad y respeto. Por eso insisto y resumo de nuevo el argumento del libro, por si alguno de sus asesores se siente conmocionado: En el colegio literario de D’Amicis, los hijos del banquero comparten pupitre con los del minero. Se insultan, se pelean y se ríen de los mismos chistes. 
Pero esta prodigiosa novela es hoy una antigualla maravillosa. A punto de cumplirse 125 años de ser escrita, la escuela “realista” que nos adelanta el PP en Madrid (y que se presume como un adelanto de sus intenciones a partir del 20N), discurre por una metodología que examina al principio de cada curso para separar a los inteligentes de los tontos, a los trabajadores de los vagos, a los ricos de los pobres, a los niños de las niñas. Que trata a los maestros como operarios de un fábrica de tornillos, como mano de obra de una fundición. 
Conozco a varios profesores vocacionales, todos ellos defensores a ultranza de una renovación pedagógica urgente y pospuesta en España desde la postrimerías del franquismo. Militantes del papel social (no empresarial) de la escuela pública y laica, defensores de su importancia angular en el desarrollo de un pueblo que aparenta ser culto. Lo normal, vamos. Pero hoy están desencajados, indignados como nunca, cabreados con la sarta de mentiras que el PP madrileño repite como un mantra para minimizar la importancia capital de su trabajo. Para ellos, la “contrarreforma” educativa que políticos reaccionarios como la consejera Lucía Figar y dirigentes arrogantes como Esperanza Aguirre pretenden llevar a cabo es una de las burradas más graves de la democracia en España. 
La idea de modernidad que nos vende el PP corre el riesgo de provocar un pavoroso incendio cultural. Ya lo explicó Karl Popper, “la verdadera ignorancia no es la  ausencia de conocimientos, sino el hecho de rehusar a adquirirlos”. El PP quiere que haya ciudadanos que renuncien a aprehender conocimientos o, al menos, reservarlos a quien pueda pagarlos. En un memorable artículo, el catedrático Vicenç Navarro relataba hace años la sorpresa que le produjo el desconocimiento que sus alumnos tenían del papel de la Iglesia Católica durante el franquismo. “No tenían ni idea que había sido clave en la depuración política y educativa del país o que había sido el eje ideológico de aquel régimen, influenciando todas las dimensiones del comportamiento, tanto individual como colectivo, de la sociedad española”, escribía el perplejo profesor.  
Y esto por no hablar del monumental enfado laboral que tienen los artesanos de la enseñanza que son los maestros y los interinos. Ayer, 68.000 personas desfilaron por las calles de Madrid vestidos con una camiseta verde para pedir a Figar, a Aguirre y al PP en su conjunto que no son dueños del patrimonio público y que no pueden mercadear con ello. A ellos también les quieren marcar con el hierro del dinero, con la crisis. ¿Cómo entender sino ese rocambolesco giro hacia las cavernas que tratan de imponer?  ¿Qué nos quedará si dilapidan los servicios públicos para salvar el capital de unos pocos? ¿La vergüenza? Quizá. Por eso los maestros en huelga luchan hoy por mejorar la autonomía de los centros, por la calidad de la enseñanza pública, por sus alumnos y por el futuro de un país en ruinas. Esa es la revolución verde.

Objetivo: Educación pública

Una amiga que es maestra en una centro público de Madrid estaba hoy muy enfadada. Me ha dicho que soplan vientos de guerra para los servicios públicos españoles y que la educación será la peor parada. Está convencida de que la estrategia diseñada por aquellos que desean desmantelar el modelo público es seguir difamando sobre que los chavales salen de las escuelas e institutos peor preparados que antes y que los centros de enseñanza son factorías de ignorancia. Pero lo que más le exalta no es el previsible resultado de todos los estudios oficiales sobre la calidad educativa sino la frivolidad institucional para explicar el origen de tan sonoro y repetido fracaso: la pobreza y el desorden cultural de sus jóvenes usuarios. Y a base de repetir semejante patraña terminan convirtiéndola en una grandiosa media verdad. O sea, en una gigantesca mentira. A mi amiga le arden las manos.
Me explica que lo que ocurre en realidad es que la educación pública se ha vuelto más conflictiva porque cada vez alberga más complejidad entre sus paredes. Y los responsables de una comunidad tan heterogénea como Madrid prefieren poner precio a los problemas concertando el sistema con el Opus Dei en lugar de ponerse a trabajar para paliar las deficiencias que puedan existir. A mi me suena a capitulación y ponen al modelo educativo público como el ejemplo de la derrota. Un enfermo terminal a quien se cubre con el manto lingüístico del cuidado paliativo porque la ley no permite decir que están practicando una eutanasia pasiva.
Hay mucho de rancio clasismo en esta jugada conservadora. Y una enorme manipulación. Bajo la máscara de garantizar la libertad de enseñanza para todos, los santones de este modelo educativo privado financiado con el dinero de todos pretenden proteger algunos de sus privilegios históricos. 
En las manifestaciones públicas realizadas por políticos como Esperanza Aguirre siempre se exhibe la bandera del mestizaje aunque su intención real es la de seguir segregando. A los hijos del rico de los hijos del pobre. Al normal del discapacitado. Al listo del torpe. 
El escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, poco amigo de la discriminación positiva y negativa, suele recomendar que no hay manera más efectiva de plantarle cara a los vientos reaccionarios, de pararles los pies a los atildados conservadores, que el sentido del humor. No le falta razón. Los que discriminan la educación pública con las artimañas de los malos resultados tienden a reirse de quienes critican sus métodos poniendo en evidencia sus defectos. Como si ellos no tuvieran ninguno. 
Deberían leer el libro ‘Corazón’, de Edmundo D’Amicis. La novela, construida como un diario escolar, tiene como escenario un colegio donde los hijos del banquero comparten pupitre con los del minero. Se insultan, se pelean y hasta se ríen de los mismos chistes. 
En Holanda, Dinamarca o Suecia la prioridad indiscutible es aumentar los recursos de la red pública para hacerla más competitiva. Se trata de enriquecer a aquellos sectores que más dificultades de integración presentan, de reducir las desigualdades de acceso al conocimiento, de potenciar el respeto colectivo. De mirarse a los ojos. Aquí se opta por una vía intermedia para cuadrar el círculo. Qué cruel es la política educativa. Creo que mi amiga tiene razón.

Another Brick In The Wall, Pink Floyd (1979)

Pink Floyd y la educación.

¿Qué entendemos por calidad educativa? ¿Bolonia?

¿Qué clase de individuos se están formando? ¿Egoístas, individualistas, insolidarios?

¿Cuáles son sus objetivos? ¿Perpetuar el capitalismo tal cual lo conocemos?

¿Qué valores se enseñan? ¿El éxito a cualquier precio?

¿Al servicio de quién o de qué está la educación? ¿Quizá de las empresas o puede que de la especulación?

We don’t need no education 
We don’t need no thought control 
No dark sarcasm in the classroom 
Teacher leave them kids alone 
Hey teacher leave them kids alone 
All in all your just another brick in the wall 
All in all you’re just another brick in the wall 

Autor: Roger Waters, 1979