Las exclusivas sobre Venezuela

Antena 3 Noticias abrió el informativo nocturno de ayer con la noticia que encabeza este post. Y la viste con la solemnidad que suele acompañar al cumplimiento de una labor ingrata pero al servicio del ciudadano. Como los buenos en los que se puede confiar. Una versión española de Woodward y Bernstein.  Con un estilo desapasionado y una dicción grave que sólo dice la verdad. Comienzan así: “Antena 3 consigue en exclusiva imágenes que demuestran la relación de los independentistas catalanes de la CUP, Podemos y el entorno de ETA con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Representantes de estos tres colectivos viajaron a Venezuela en un avión militar que suele utilizar habitualmente el propio presidente venezolano”. Y terminan: “El entorno de ETA, la CUP y Podemos, juntos en un avión pagado por el gobierno bolivariano de Venezuela, pocos meses antes de las elecciones autonómicas, catalanas y generales, con destino a Caracas para participar en un congreso en el que se firmaron resoluciones a favor del derecho a la autodeterminación y al proceso de paz en el País Vasco”.

No pensaba hacer la más mínima alusión a esta noticia pero tanta obsesión irrespetuosa  a Venezuela es irritante. No sólo mienten en su contenido sino que además juzga a los protagonistas por mantener relaciones con un régimen que, dan por supuesto, es abominable, odioso, repugnante, execrable, repulsivo, ruin, abyecto y vil. Y si esa vinculación / conspiración fuera cierta, ¿cuál es el problema? ¿Nacerán niños con cuernos y rabo? ¿España, o una parte de ella como Cataluña y Euskadi, corre el riesgo de arruinar los valores libertarios que nuestros padres y abuelos conquistaron a base de sufridas batallas y mucho empeño?

El rey tiene una excelente relación personal con  la tiranía que reina en Arabia Saudí, hasta intercambian visitas privadas, pero estos mismos medios de comunicación no dicen nada. También el ministro de Defensa está vinculado a una empresa de armamento que vende artefactos a dictaduras bizantinas y no lo denuncian. Es, digamos, normal o al menos nos produce una sensación de normalidad y, desde luego, poco peligroso. Al fin de cuentas son colegas aunque estén un tanto majaretas y se eduquen a hostias. Pero no nos salpican. Y, además, colaboran en la creación de empleo.

La realidad es más compleja y, por lo tanto, muy diferente. Lo único cierto es que  Venezuela se ha convertido en un tema tabú en España, en el mal objetivo que hay que combatir. ¿Cuál es el motivo? Para no extenderme resumiré que la maldición venezolana es haber pasado de abastecer de crudo a EEUU a ser el epicentro anticapitalista más nítido del continente latinoamericano. Podríamos discutir de infinidad de variables pero esa condiciona al resto. En un sentido y en el otro.

Por eso, la exclusiva de Antena 3  es una distorsión informativa fabulosa. Desde ese lenguaje esterilizado que utilizan para separar lo que es bueno y conveniente de lo que es malo y hay que combatir hasta el engolado objetivo audiovisual. Resulta complicadísimo contar lo que verdaderamente ocurre en Venezuela, sin apasionamiento. Reconozco que es una guerra perdida.

Recibimos un bombardeo informativo tan arbitrario como moral que deja en polvo del desierto lo que un día dijo Tim O’Brian sobre la guerra: “Si una historia de guerra parece moral, no la creáis”. Es decir, si un medio de comunicación español habla de Venezuela y parece moral, no le creáis. Al menos, no del todo. Ni instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre hicieron.

 

La Santa Alianza

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El sacrosanto rotativo del neoliberalismo financiero en España ha decidido saltar al ruedo de las negociaciones políticas apretando las clavijas en su propia trinchera para neutralizar disidencias. Sólo queda agradecer a la cabecera económica del lobby mediático Unidad Editorial por iluminar el camino que nos conduce a culminar la Gran Obra. Lo necesitábamos en estas oscuras horas que nos ha llenado de dudas -espirituales, se entiende- tras esos esquivos resultados salidos de las urnas. Era el reclamo de quienes se dejaron el alma por reflotar esta patria que se hundía en manos de incapacitados para tan trascendental tarea. El legado Plus Ultra heredado del Sacro Imperio Romano adquiere hoy un nuevo dinamismo.

Gracias de corazón, estimada cabecera, por tamaña gallardía editoral, por guiarnos a través de los vestigios tenebrosos que nos dejaron un puñado de votantes y pedir, no, ¡exigir!, la formación de una Santa Alianza que salve a España de las llamas de una anarquía devastadora. Tanta sinceridad suya, nos abruma. Ustedes representan el pragmatismo científico que reclamábamos.

Sublime circunloquio el suyo para enjugar las ubérrimas lágrimas de desesperanza que vertimos con nuestra sangre derramada por una propuesta arrebatada. Pues a por la siguiente clamamos, santo Dios, que en la lucha siempre encontraremos la manera de esquivar la hoguera que las manos ignorantes ya han comenzado a prender: Tomad entonces Pacto de Estado, sepultureros, que no somos los “viejos partidos” sino los dignos salvadores de ese populacho desaprensivo y codicioso -el enésimo y nunca el último desafío que el señor pone en este camino de espinas para probar nuestra fe- que sólo siembra corrupta desolación.

Nosotros somos los meritorios y tenemos la razón porque así lo quiso Dios cuando disipó las tinieblas de este mundo. Defendemos la Santa Alianza desprendida de tentaciones inmorales hacia un cambio incierto. Asumimos con ardor y honor nuestro destino manifiesto que nos pide, aunque ustedes no lo crean, que somos los elegidos para aplacar las fantasías de un pueblo que se cree libre pero que ha empezado a enloquecer.  Sólo nos queda añadir: ¡Viva el Capitán Trueno!

El franquismo no ha muerto del todo

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He aquí, en este texto nítido, el origen de los problemas estructurales de una democracia inconclusa como la nuestra. Es la respuesta que aporta sentido a tantas negaciones políticas.

He aquí los responsables de que 40 años de Historia estén aún por escribirse y, sobre todo, de juzgarse en los tribunales, de que los grandes desfalcos financieros perpetrados en las últimas décadas hayan sido tolerados con total impunidad, incluso a costa de embustes exculpatorios sobre la condición estafadora de todo un pueblo sin que se les rompa la cara de vergüenza. He aquí los nombres de quienes convirtieron en marginales las iniciativas populares que excavaban en la libertad para hacerse imprescindibles en la lucha frente al caos y la anarquía.

Pero ya los han desenmascarado. Aquí están los usurpadores del lenguaje, los que, a pesar de todo lo anterior, siguen aprovechando cada resquicio de la democracia para inocular las mismas apelaciones semánticas que fueron moneda de curso legal durante la época más abyecta y belicista de España. El texto de CTXT muestra las identidades de esos camaleones que treparon por las hiedras de la democracia para apropiarse de los conceptos.

He aquí los que ahora simulan impartir lecciones de democracia porque mandan sobre las palabras, y pretenden seguir haciéndolo envolviéndonos en las cortinas de humo que llegan de sus Santas Cruzadas. Estos son los beneficiarios de las epifanías cotidianas, los que la “modélica” Transición dejó en la cúspide de la pirámide para que los de abajo, es decir, el resto, no se transformara en libertino.

He aquí los que sobrevivieron al dictador Franco, le besaron en la boca y juraron amarle como a sí mismos. Con sus nombres y apellidos.

Les recomiendo la lectura completa del texto del periodista y escritor alicantino Mariano Sánchez Soler, autor de libros como “Ricos por la patria”, “Ricos por la guerra de España” y “Los banqueros de Franco”.

TEXTO  COMPLETO EN ctxt.es 

Breve carta a Javier Maroto

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Sr. Javier Maroto:

Escuchar sus declaraciones agota mi vocabulario. Como estoy convencido de que jamás leerá lo que ahora quiero dedicarle, y si lo hiciera le importaría un bledo, me gustaría decirle que tras escuchar sus palabras alertando al pueblo sobre la presencia de yihadistas entre los 350.000 refugiados que piden cobijo a Europa, no tengo duda de que usted es una mala persona. Seré muy breve.

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Sabe usted mejor que nadie que comentarios como los que ha vertido sobre miles de ciudadanos, en su mayoría sirios, es condenarles a la estigmatización y al rechazo por un sector de la población europea y española xenófoba y racista. Incluso pueden ser utilizados para justificar comportamientos indecentes como el de la triste periodista húngara Petra Laszlo en la frontera. Su argumento es indigno y le retrata aunque no debería encajar en una persona nacida, criada y educada en los valores de la libertad y la opulencia como usted. Por lo tanto, también puede considerarse una anomalía social.

Me avergüenza pensar que en sus manos de vicesecretario general del PP reposan decisiones complejas sobre temas complejos. Y me aterra. Me da miedo que así sea. Desde luego, me espanta más su condición directiva que la presencia de uno, dos o tres refugiados sirios frente a la puerta de mi casa. Es el miedo irracional a delegar en políticos de su corta talla la dirección de modelos de comportamiento en deterioro y que usted degrada como la convivencia, la solidaridad y la justicia. El respeto al diferente, en definitiva. Disfrace ahora sus palabras con cualquier vestidito que encuentre a mano porque todo es inútil. Ya no me fío de sus intenciones ni de sus objetivos ni de sus ideas. En tres palabras: No le creo.

Sr. Maroto, con usted al mando no me siento ni más libre ni más seguro. Al contrario. Pensar en su poder me provoca incertidumbre y desazón porque considero que un idiota al frente de una tropa es más peligroso que un sádico. Las guerras están llenas de fosas por decisiones de generales que pensaban y hablaban como lo hace usted.

Quiero decirle, por último, que a partir de ahora no le tomaré en serio porque aprecio más a los bufones de verdad, a los mordaces, a los que son capaces de hacer reír a los puritanos miembros de una Corte cuando, en realidad, es él quien se ríe de ellos.

Grecia, la consigna ha sido difundida

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Acabamos de ver el rostro del famoso abismo entre norte y sur del que tanto nos hablaron. Es la realidad. El mundo se maneja bien en la incomprensión. Quizá es la manera pragmática de relacionarse. La única que tiene el éxito garantizado, el reducto para que nadie te tome por un estúpido. ¿Por qué, sino, Wolfgang Schäuble recibe en privado los peores calificativos pero el único que osó levantarle la mano merece el agravio público? En la UE cada uno va a lo suyo y ya han logrado que los pobres y los ricos acepten formar parte de dos mundos paralelos que no se reconozcan, que no se toquen y que no se comprendan.

Y ahora, ¿qué? Pues que Syriza se deshace, que pronto habrá elecciones en Grecia, España y Portugal -tres miembros fundadores del club de los pobres sin derecho al ocio ni a la democracia-, que al moribundo Gobierno que hace una semana nos hacía soñar sólo le queda liquidarse en comandita con la misma oposición a la que derrotó con la táctica de la ingenuidad manifiesta; y, por último, que la sociedad ha vuelto a salir a la calle pero esta vez abatida porque han amputado su esperanza, a pelo, sin anestesia.  ¿Tanto cambia el poder? Yanis Varoufakis acaba de describir su fiera mirada. Ojos astutos sin la más mínima piedad en una noche de niebla.

Cuesta imaginar qué capacidad de maniobra tiene hoy Podemos, con o sin Ahora en Común, ante semejante panorama. ¿Qué decimos a los movimientos sociales que hoy defienden una Europa ciudadana, sin TTIPs ni maniobras orquestales en la oscuridad de la economía comunitaria? ¿Se puede confiar en esta democracia? ¿Qué la lucha por un mundo más justo que el que están construyendo debe continuar? ¿Cuál será su ánimo? ¿Seguirán pensando, de verdad, que aún es viable torcerle el brazo a unas instituciones que han sometido a una democracia sin el más leve cargo de conciencia?

Reproduzco parte de la declaración que, bajo el título “Abrir una brecha”, redactaron los intelectuales Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago en 2003 para validar su compromiso contra el pensamiento único y contra todos los poderes políticos que utilizan la democracia para asentar una plutocracia paralizante.

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más algido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra? ¿Quién guarda aún en su corazón las últimas palabras de su alocución: “pueda este tribunal prevenir el crimen del silencio”? 



¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?



¿Dónde están los Henri Curiel, que se negó a abandonar Egipto para resistir al Afrikakorps de Rommel? ¿Los Henri Curiel anticolonialistas encarcelados durante dieciocho meses en Fresnes por su apoyo al FLN?

¿Dónde están los Gandhi, que entregó su vida para acelerar la caída del imperio británico de las Indias? 



¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha en relación con una situación nueva cuyo sentido y exigencias verdaderas acordaron no reconocer las agrupaciones políticas y los diarios de opinión, sea por inercia o timidez doctrinal, sea por prejuicios nacionalistas o morales?’

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses? 

¿Dónde están los pensadores de la dimensión de Foucault, que revolucionó radicalmente la manera de ver la locura, la cárcel, la sexualidad? ¿Dónde están los de la talla de un Bourdieu, que regeneró la sociología sin dejar de defender con obstinación el rol social del intelectual crítico?
¿Dónde están hoy Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis, Antonio Machado o Federico García Lorca? 

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus.

La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo -cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.
 Algunas mujeres, algunos hombres, continúan, sin embargo, librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”. 

Este es un llamado a la movilización contra un sistema corrupto, a la rebelión contra las mentiras y las falsas palabras de una clase política que vive cómoda bajo comportamientos escandalosos como el de Grecia. Que se vanagloria porque en esta guerra de clases que se libra de forma silenciosa, ellos han vuelto a ganar. No lo digo yo. Su autor es Warren Buffett.

Café Unión, una vida plena

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Jorge fue uno de esos personajes imaginarios que un día se sentó en la silla de una taberna y se quedó toda la vida. Cuando aterrizó en Madrid, hace más años de los que quiere recordar, se encontró con una ciudad áspera e indescifrable. Un amigo de la infancia, el profesor Antúnez, le explicó que no se consternara, que llegaría un día en que no podría pasar sin ella, que descubriría los insondables misterios que este emporio de algarabía urbana encierra y, entonces, algo cambiaría de repente.

No tardó en ocurrir. Una noche le invitaron a cenar a una casa en el barrio de los Austrias. Había vino pero no cervezas. Eran más de las doce, pero eso no amilanó a Jorge que se echó a la calle y empezó a recorrer sus estrechas callejuelas. Arriba y abajo, arriba y abajo, hasta que encontró lo que buscaba. Después de salvar barricadas sonoras y resistir las embestidas de algún músico noctámbulo, se topó con el Café Unión escondido en una esquina con aroma a pizza recién horneada.

El Café Unión resultó ser como el bar de Casablanca, donde músicos, profesores, periodistas, pintores, vagos, escritores, carniceros, taberneros, vividores, políticos y espontáneos de toda laya aprovechaban, sin duda, para regresar al interior de un espejo imaginario, como el de Alicia, el que nunca debieron abandonar. Allí tomaban cócteles extravagantes o simples cervezas -“tercios”, gritaban los embriagados-, y reían y reían mientras sembraban las paredes de palabras.

Entre la sorpresa y un cierto espanto, Jorge creyó en su buena fortuna al encontrar aquella cueva mágica en medio de una ciudad enorme como Madrid, que primero hay que entenderla si después se desea conquistar. Y aunque es cierto que en el Café Unión nunca hubo un piano ni una Ingrid Bergman que dijera “tocalá otra vez, Sam”, todos los que aquí bebían se lo imaginaron en más de una ocasión. No había duda. “Ponte otra, Fernando”. Jamás faltó una voz dulce a la cita.

El Café Unión subsistió presa de una voluntad febril y de barra de madera que multiplicaba las risas y saldaba las lágrimas que a lo largo de sus 34 años de historia pudieron verter sus insignes bebedores. Hablo en pasado del Café, querido lector, porque desde hoy se ha mudado al infierno. Una víctima más de está crisis exterminadora que, además de borrachos, produce penas. Era el lugar del eterno deseo, el rincón donde los aspirantes sentían que la vida, a veces, puede colmarse de gloria. Fuego para el gélido ambiente crepuscular que muchas noches después, cuando la soledad quema, también acompañó a Jorge.

Es por todo esto que el Café Unión habría sido un lugar ideal para que Tennesse Williams hubiera encontrado la escuela para su Blanche en ‘Un tranvía llamado deseo’. Reconfortaba, sin duda, comprobar cómo la gente consolaba aquí a los desconocidos. Tal vez ésta sea una razón de peso, la más importante al menos, para que sus puertas no se cierren nunca. Al menos no en mis recuerdos. Porque ahora que ya no quedan Palacios de Invierno que asaltar y que las palabras razonables las disuelven los vientos de guerra, si un día abriera la bodega de su memoria muchos, como Jorge y como yo mismo, nos entregaríamos gustosos a la misma locura que atacó al Ulises de Kafka, la del silencio de las sirenas.

Es la desigualdad, estúpido

MADRID. 31-1-15. MARCHA DE PODEMOS. FOTO: JOSE RAMON LADRA.

Hay palabras que de tanto usarlas difuminan su valor semántico. Por ejemplo, corrupción. Ahí tienen la cadena de nuevos casos que están apareciendo sin que afecte excesivamente a la intención de voto sondeado. Se ha convertido en una rutina ciudadana. Convivimos con la corrupción como con las alergias primaverales. Cada cierto tiempo se produce un brote agudo que nos alarma pero aceptamos su temporalidad para poder dormir sin sobresaltos. Algo similar sucede con el neoliberalismo. Es una expresión más desgastada que un canto rodado en medio de las cataratas del Iguazú. Cuando se trata de culpar al sistema de todos los males sociales que nos molestan sacamos el término y lo entendemos todo. “Eso se debe a la política neoliberal del Gobierno”. Lo mismo sucede con el populismo, el terrorismo, la seguridad y, si apuran, también con el paro. Nos quedamos en la discusión semántica y olvidamos su intención.

Carlos Pereda, un sociólogo con ética superlativa, establece en una entrevista publicada en el último número de La Marea la definición exacta del neoliberalismo sin alhajas, para que podamos calcular bien la dimensión de sus colmillos. “Es un ciclo de tendencia capitalista que tiende a la desigualdad creciente y que se aprovecha de los periodos de crisis para introducir recortes que en época de bonanza serían injustificables”, dice.

Es decir, lo que está sucediendo en España. La política económica del Gobierno de Mariano Rajoy se mueve en esta lógica de manera aplastante. En la acumulación y la desigualdad. No hay una sola mentira cuando nos anuncian que estamos saliendo de la crisis. Es absolutamente cierto que España crece hoy a un ritmo espectacular y que no nos engañan al asegurarnos que las perspectivas son aún mejores. Pero para el capital y el accionariado, no para el asalariado. En Madrid, el 40% de la renta que producen los madrileños se la quedan como beneficios las grandes empresas pero sus salarios no crecen. Y esto mismo sucede en todas las regiones del país. El 30% de los españoles con trabajo tiene un sueldo muy por debajo del salario interprofesional. Está al nivel de 1992 mientras que el 10% de los ricos han incrementado en un billón de euros su patrimonio. Esa es la realidad de España. El dinero fluye para la mayoría trabajadora porque lo aporta ella misma.

¿Cuál es la consecuencia? Que, en realidad, el paro se reduce debido a que gran parte de la gente emigra. Vayan sino a las estadísticas actualizadas de empadronamiento de Alemania y Reino Unido. Este dato está siendo estratégicamente enmascarado porque quienes ostentan el poder sobre la vida son hábiles con los datos.

Y así están ganando esta guerra de clases que hoy sufrimos. Observen el operativo de salvación del régimen de 1978 que han montado. A mi me parece brillante. Elevan hasta la estratosfera a Podemos y en un momento dado lo dejan caer mientras proyectan una imagen ideal de Ciudadanos, un partido con pinceladas racistas realmente peligrosas. El milagro de esta jugada magistral estriba, en mi opinión, en que han salvado un sistema en descomposición. La ciudadanía exigía una profunda limpieza y se está haciendo sin que los centros del poder real pierdan el control social. Aunque nos joda, nos están arrebatando la esperanza. En parte porque hemos vuelto a caer en el señuelo de la socialdemocracia y el equilibrio de las rentas para mantener su Estado del Bienestar. El resultado electoral que se vislumbra es el peor que muchos podíamos imaginar hace dos meses. El PP y el PSOE casi empatados, muy cerca de ellos Podemos y finalmente, Ciudadanos, cuarto. ¿Que le quedaría a la formación de Pablo Iglesias en este escenario? Casi nada.

Por eso creo que la estrategia de Podemos de no renunciar de una vez a su discurso “transversal”, en palabras de Íñigo Errejón, es un error mayúsculo y puede que definitivo para las aspiraciones de muchos ciudadanos de plantear una sociedad diferente . “Más Gramsci y menos Laclau”, dijo hace unos días Carlos Fernández Liria, que es lo mismo que decir menos pragmatismo electoral y más ideología porque estamos enfrascados en una lucha de clases sin cuartel. Y para no aturdirle con tanta vaina si es que usted, estimado lector, ha tenido el coraje de llegar hasta aquí, le confesaré que Syriza es el ejemplo a seguir.

Ellos están en plena batalla, aguantando todo tipo de ofensivas y amenazas por parte de los amos del sistema -las transnacionales y sus serviles medios de comunicación-, sin renunciar a sus objetivos originales. No admiten medias tintas, ni regalan Juego de Tronos, ni rebajan su programa. Con el sistema no se juguetea. Miren la socialdemocracia.