Grecia, la consigna ha sido difundida

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Acabamos de ver el rostro del famoso abismo entre norte y sur del que tanto nos hablaron. Es la realidad. El mundo se maneja bien en la incomprensión. Quizá es la manera pragmática de relacionarse. La única que tiene el éxito garantizado, el reducto para que nadie te tome por un estúpido. ¿Por qué, sino, Wolfgang Schäuble recibe en privado los peores calificativos pero el único que osó levantarle la mano merece el agravio público? En la UE cada uno va a lo suyo y ya han logrado que los pobres y los ricos acepten formar parte de dos mundos paralelos que no se reconozcan, que no se toquen y que no se comprendan.

Y ahora, ¿qué? Pues que Syriza se deshace, que pronto habrá elecciones en Grecia, España y Portugal -tres miembros fundadores del club de los pobres sin derecho al ocio ni a la democracia-, que al moribundo Gobierno que hace una semana nos hacía soñar sólo le queda liquidarse en comandita con la misma oposición a la que derrotó con la táctica de la ingenuidad manifiesta; y, por último, que la sociedad ha vuelto a salir a la calle pero esta vez abatida porque han amputado su esperanza, a pelo, sin anestesia.  ¿Tanto cambia el poder? Yanis Varoufakis acaba de describir su fiera mirada. Ojos astutos sin la más mínima piedad en una noche de niebla.

Cuesta imaginar qué capacidad de maniobra tiene hoy Podemos, con o sin Ahora en Común, ante semejante panorama. ¿Qué decimos a los movimientos sociales que hoy defienden una Europa ciudadana, sin TTIPs ni maniobras orquestales en la oscuridad de la economía comunitaria? ¿Se puede confiar en esta democracia? ¿Qué la lucha por un mundo más justo que el que están construyendo debe continuar? ¿Cuál será su ánimo? ¿Seguirán pensando, de verdad, que aún es viable torcerle el brazo a unas instituciones que han sometido a una democracia sin el más leve cargo de conciencia?

Reproduzco parte de la declaración que, bajo el título “Abrir una brecha”, redactaron los intelectuales Dario Fo, Costa Gavras, José Luis Sampedro y José Saramago en 2003 para validar su compromiso contra el pensamiento único y contra todos los poderes políticos que utilizan la democracia para asentar una plutocracia paralizante.

“¿Dónde están hoy los Bertrand Russell, capaces de lanzar, en compañía de Einstein, un llamado al desarme en el punto más algido de la Guerra Fría, los Bertrand Russell, opuestos once años más tarde a las exacciones estadounidenses en Vietnam mediante la creación de un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra? ¿Quién guarda aún en su corazón las últimas palabras de su alocución: “pueda este tribunal prevenir el crimen del silencio”? 



¿Dónde están las mujeres, que con el manifiesto de las 343, se atrevieron a ponerse públicamente fuera de la ley al declarar haber abortado para reclamar el libre acceso a métodos contraceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo? 

¿Dónde están los Stefan Zweig o los Heinrich Boll contemporáneos que desafíen con fuerza el poder? ¿Los oasis de Ivan Illich se han desecado definitivamente?



¿Dónde están los Henri Curiel, que se negó a abandonar Egipto para resistir al Afrikakorps de Rommel? ¿Los Henri Curiel anticolonialistas encarcelados durante dieciocho meses en Fresnes por su apoyo al FLN?

¿Dónde están los Gandhi, que entregó su vida para acelerar la caída del imperio británico de las Indias? 



¿Dónde están los 121 que justificaban sus actos de rebeldía y la ayuda a los insurrectos estimando que ‘una vez más, por fuera de los marcos y las consignas preestablecidas, nació una resistencia, gracias a una toma de conciencia espontánea, que busca e inventa formas de acción y medios de lucha en relación con una situación nueva cuyo sentido y exigencias verdaderas acordaron no reconocer las agrupaciones políticas y los diarios de opinión, sea por inercia o timidez doctrinal, sea por prejuicios nacionalistas o morales?’

¿Dónde están hoy los Albert Londres que claven su pluma en las llagas del presidio de Guyana o de los Bat’ d’Af’, denunciando ya en 1920 los extravíos de la joven URSS, logrando hacer modificar la legislación sobre los asilos u atreviéndose a alienarse, justamente, los medios coloniales franceses? 

¿Dónde están los pensadores de la dimensión de Foucault, que revolucionó radicalmente la manera de ver la locura, la cárcel, la sexualidad? ¿Dónde están los de la talla de un Bourdieu, que regeneró la sociología sin dejar de defender con obstinación el rol social del intelectual crítico?
¿Dónde están hoy Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis, Antonio Machado o Federico García Lorca? 

Una capa empalagosa e insulsa parece haberse abatido sobre los espíritus.

La uniformización del discurso sólo es igualada por su simplismo -cuando la esencia de la emancipación humana consiste en comprender el mundo en su complejidad, sus sutilezas y sus contradicciones.
 Algunas mujeres, algunos hombres, continúan, sin embargo, librando a diario el combate, luchando sin retroceder, actuando incansablemente para abrir una brecha en el pensamiento dominante. Así, perpetúan con coraje el rol de contrapoder del intelectual crítico. 

Es para aportarles un apoyo, acrecentar su visibilidad y combatir la apatía intelectual actual”. 

Este es un llamado a la movilización contra un sistema corrupto, a la rebelión contra las mentiras y las falsas palabras de una clase política que vive cómoda bajo comportamientos escandalosos como el de Grecia. Que se vanagloria porque en esta guerra de clases que se libra de forma silenciosa, ellos han vuelto a ganar. No lo digo yo. Su autor es Warren Buffett.

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Humpty Dumpty en Grecia

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Difundir embustes se ha convertido en el segundo deporte europeo después del fútbol. El ejemplo más palmario está a la vuelta de la esquina, en el quiosco de prensa, en los titulares de buena parte de las grandes cabeceras mediáticas. Y España está entre las favoritas. Contar la verdad sobre la actuación del Gobierno de Grecia en su negociación con acreedores de una deuda calamitosa heredada de gobiernos liberales y gestiones ilícitas realizadas por los mismos políticos que se alternaron durante 40 años en el poder pero hoy se estiran de los pelos sería muy recomendable para la humanidad. Desde luego, lo sería para Europa entera. Además de salvar el euro, un deseo compartido por la mayoría de sus ciudadanos, podríamos, incluso, reconciliarnos con la especie.

Tsipras presentó una propuesta de ahorro de 8.000 millones de euros, tal y cómo le exigía la Troika. Ni siquiera discutió esta medida. Pero su objetivo era sustituir las medidas de austeridad por una mayor recaudación mediante la reestructuración de la deuda. Para ello presentó una reforma fiscal en la que el 92,4% del ingreso del Estado procediera de nuevas tasas impositivas a las rentas más altas, al turismo y a los artículos de lujo. Europa dijo no, a los míos no los tocas. Algo así como que toda esta batalla, esta vaina que han montado para ejemplarizar que el destino ya está escrito por ellos, no es para estrangular a los suyos -a los armadores que no pagaban impuestos, a los especuladores del petróleo que sacaban crudo a Turquía de espaldas del Estado y un largo etc de desmanes incongruentes- sino para castigar a la clase media y despedazar a quienes ya eran los parias de la Tierra.

En otras palabras, la Troika no puede permitir que Tsipras se salga con la suya ante el peligro de que cunda su ejemplo en otros países acorralados -y dóciles con las políticas de austeridad impuestas- como es España.

Pero el mundo no es tan complejo como creemos. Para la Europa financiera, la que representan el BCE, Merkel, el FMI y la Comisión, la palabra “ayuda” significa exactamente lo que ellos quieren que signifique. Ni más, ni menos. Es entonces cuando la parábola de Humpty Dumpty en “Alicia a través del espejo” se vuelve realidad.

-La cuestión está en saber si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión está en saber- replicó Humpty Dumpty- quién manda aquí. Eso es todo”.

Grecia y la jauría europea

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En la película ‘La jauría humana’, todo el empeño del sheriff Calder, interpretado por Marlon Brando, era interponerse entre una muchedumbre ebria de un pueblo de la América profunda y el presidario solitario que era Bubber. Para que el espectador sintiera en sus propios ojos las punzadas de aquella cacería pavorosa, el director distribuyó concienzudamente todos los papeles hasta montar un equipo dispuesto a ejecutar maniobras de una violencia sobrecogedora: El viejo cotilla, el machote protegido tras la tribu de matones, el pusilánime, los enamorados furtivos y así un largo elenco de personajes hasta llegar al frustrado líder de la trama, un manipulador rebosante de desprecio hacia la compasión humana.

Pero la realidad es siempre mucho peor porque aquí todo es más complejo y no se vislumbra el final. Es lo que hoy sucede en la UE donde se vive una batalla entre la esperanza ciudadana por aflojarse la soga económica que anuda su cuello y el poderoso régimen de intereses que administra el patíbulo.

Este choque está provocando muchas consecuencias aunque una de las más destacadas sea la pérdida de la esperanza por un mundo mejor o, al menos, como dijo el indulgente Marcel Mauss, por un mundo donde las formas humanas de intercambio estén alejadas de las ideologías utilitaristas que nos hacen perder los sueños.

La economía se resiste a cambiar. Lo estamos viendo con Grecia. No importa el análisis que se haga del tema -si Syriza ha sucumbido a una realidad mercantilista implacable o si ha obrado con inteligencia de ajedrecista en su estrategia final-, la cuestión es que Europa está decidida a ejecutar cualquier injerencia de la política en la crisis financiera.

Como en “La jauría humana”, la UE también ha aplicado una justicia transgresora, en este caso destinada a consolidar una especie de derecho corporativo global con reglas imperativas y ejecutivas pero sin obligaciones exigibles, cuyo mensaje nítido es hacernos ver que en el futuro viviremos sumergidos en un régimen de intereses económicos imposibles de modificar. Un darwinismo social que premia el mercado privado y penaliza las utopías sociales.

Todo esto se demuestra por el nulo interés de Europa hacia la tragedia griega y también hacia aquellos análisis que alertan de que detrás no hay rescates de Estados, sino una protección de la gran banca europea. “Me debes dinero y lo necesito. Lo justo es que me lo devuelvas”, viene a decir la lectura facilona del mantra europeo.

Por eso imagino que vivimos inmersos en una batalla en la oscuridad, en una especie de III Guerra Mundial sin bombas ni pistolas, sin matanzas masivas pero tan lentas que se hacen más insoportables. Es la política contra un enemigo volátil y letal destinado a despojar a los individuos de su protagonismo y, por lo tanto, de su libertad.

Quizá nunca seré capaz de demostrar lo que expongo pero es probable que la evolución del pulso que mantienen Grecia y la UE nos indique pronto si las grietas abiertas entre ricos y pobres aumentan o no

Deudocracia internacional

En la era de Internet todo es posible. Muy pocas cosas se le resisten. Incluso las maniobras orquestales en la oscuridad de los poderes que hoy nos gobiernan. El último capítulo se ha escrito en Grecia y lleva por título Debtocracia, es decir, el poder de la deuda. Dos periodistas helenos remontaron este gran río de aguas procelosas, exploraron esta corriente de hechos consumados y alcanzaron su génesis. El resultado es este documental enojoso y demoledor. 

Aquí se muestra la perversión de un sistema que cultiva sin ambages la filosofía del destino manifiesto, donde el papel del dinero ha sido elevado a una dimensión casi divina, capaz de derribar Gobiernos soberanos. Es cierto que esta cuestión siempre tuvo importancia pero hoy ha adquirido una magnitud peligrosa. Es como si hubiera evolucionado. Un alien que se perfecciona a medida que todas las instituciones internacionales que rigen la economía planetaria -FMI, Banco Mundial, BCE- van resolviendo que la única forma de garantizar la libertad del mundo es que el dinero público sea empleado para proteger y promocionar los intereses privados. Porque además de ser el único camino posible, está protegido por las sacrosantas leyes que emanan de parlamentos y asambleas nacionales.

Todo esto, sin embargo, está pervirtiendo las democracias representativas, en las que todos los ciudadanos somos teóricamente iguales, al mutar en plutocracias que asientan su dominio en el poder de las deudas. La guerra contra el ser social se ha desatado con gran finura. 

Hay más. Muchos países de nuestro entorno que decidieron enfrentarse al mantra del “te garantizo estabilidad a cambio de corromperte” padecen hoy una presión sistemática por parte de grupos privados sin escrúpulos que campan por sus respetos y que hacen lo imposible para que los legisladores aprueben leyes que favorezcan sus intereses privados. Aunque los cortafuegos de esta estrategia intentan a toda costa proteger a sus reyes de sospechas inflamatorias, hay casos que son demasiado visibles para enterrarlos tras cortinas de humo que favorezcan el desinterés y el olvido. Esta declaración podría servir de muestra.
El cuento moral de esta historia está aun por escribirse. Mientras, pensemos qué hacer para merecernos una mejor suerte.

Syriza, ¿es o no es IU?

Un artículo titulado “Syriza no es IU” firmado por Raúl Solís ha levantado una pequeña polvareda en el seno de la izquierda española, seducida por el programa de una formación con posibilidades reales de ganar las elecciones en Grecia del próximo 17 de junio y cambiar el curso actual de las cosas.

Christiane Amanpour entrevista a Tsipras en CNN

Por resumir la controversia que ha generado, el autor apunta que Izquierda Unida no es la formación homóloga de Syriza en España. Sus argumentos son rotundos. En primer lugar, dice que la Coalición de la Izquierda Radical griega rechaza “los sistemas productivistas tanto capitalistas como comunistas, y defiende los derechos humanos sin peros” también, por supuesto, los de los disidentes cubanos, el flanco más delicado y cuestionado de la izquierda española, especialmente del PCE. 

Además, alerta de la inclinación casi genética del comunismo a devorar iniciativas progresistas más o menos modernas que no dudan en descuartizarlas bajo el férreo dogma de las viejas estructuras políticas. Y pone un ejemplo: “La misma noche electoral, Izquierda Unida y el Partido Comunista de España (formación mayoritaria dentro de la coalición IU) trataron de apropiarse del triunfo de Syriza (…) y también del resultado del Partido Comunista Griego (KKE), sus verdaderos homólogos”.
Para el autor, sólo el Bloco de Esquerda portugués, la Liga Verde finlandesa, la Europa Ecológica francesa, el Partido de Izquierda sueco y el Groen belga están capacitados para empuñar las armas -programa y valores- con las que Coalición griega ha empezado a desafiar a los dueños de la UE. Según Solís, en España también tiene herederos: “Máis Galiza, Compromís, Iniciativa per Catalunya, Chunta Aragonesista, Partido Socialista de Mallorca-Entesa Verds, Nueva Canarias o Geroa Bai”.

¿Quién es Alexis Tsipras?

A este concienzudo análisis, sin embargo, le han salido enérgicos censores. Uno de ellos es un buen amigo con un intenso activismo político en Francia y España, ajeno a IU, para quien el artículo de Raúl Solís no soporta ni cinco minutos de reflexión. “Confunde IU con PCE (muestra de ignorancia o mala fe), compara Syriza con la Chunta o ICV (que se presentan con IU a las elecciones), y asegura que IU no es plurinacional (¿algún otro partido de ámbito estatal y con representación parlamentaria está a favor de la autodeterminación?)”, responde. 
Su crítica se vuelve incendiaria al repasar los referentes europeos del grupo izquierdista griego que apunta el autor del texto: “Miente al equiparar Syriza con la Europe Ecologie cuando debería hablar del Fornt de Gauce y el NPA”. Y concluye de forma lapidaria: “De hecho, la propia Syriza reconoce IU como su partido hermano en España”.
El tema de los derechos humanos “sin peros” y la disidencia cubana es otro asunto peliagudo que devuelve en forma de pregunta: “¿Se refiere a que en Cuba existe una disidencia sin derechos?” ¿No tienen derecho a expresarse? La realidad es que Yoani Sánchez escribe una vez a la semana en El País y no parece que le pase nada. Lo mismo sucede con las manifestaciones de las Damas de Blanco. ¿Habla de los derechos de gays y lesbianas? Creo que el cambio en Cuba en este tema es espectacular”. Pese a sus dudas sobre el sistema cubano prefiere citar los últimos comunicados de instituciones tan poco sospechosas de colaborar con La Habana como Amnistía Internacional y la Iglesia Católica coincidentes al indicar que en Cuba no hay presos políticos. 
Y termina: “No hay por donde coger el análisis de Raúl Solís, vamos, y mira que no milito en IU, pero mentir por mentir tampoco es lógico salvo que se trabaje en Intereconomía”. Lo que parece indiscutible es que Cayo Lara no es Alexis Tsipras pero también decían que el Titanic era indestructible y ya ven donde se encuentra.
Así que ahora paz y después gloria. Amén.
PD: Un grupo de ciudadanos españoles ha escrito esta carta al líder de Syriza. Referirme a ello es solidarizarme con su esfuerzo, su interés y su compromiso con unos ideales que comparto para cambiar las cosas. Piden vuestra firma y apoyo. Muchas gracias 
PD 2: La periodista griega Corina Vasilopoulou ha tenido la amabilidad de responder a este post. Su opinión es la siguiente: “Sí y no. En Syriza hay ex miembros del Partido Comunista (KKE), pero KKE sigue solo y considera a Syriza demasiado reformista”. Muchas gracias.
PD 3: Sobre la perspectivas que se abren con un Gobierno de Syriza tras las elecciones del próximo 17 de junio, los grandes medios europeos, la mayoría de ellos adscritos al statu quo imperante, pronostican una hecatombe para el pueblo griego y el resto de países con problemas como España e Italia. Nada más lejos de la realidad, a juicio de Christos Kefalis, ajedrecista griego y escritor. En un extenso artículo, Kafalis escribe sobre los movimientos bolivarianos en América Latina y su manera de emprender cambios radicales desde dentro del sistema: “La experiencia de Hugo Chávez en Venezuela (y de Rafael Correa en Ecuador) demuestran que con el apoyo de un movimiento de masas se pueden iniciar grandes cambios radicales utilizando el parlamento a modo de palanca”.

Indignados y europeos

“La vida no es significado. La vida es deseo”. Charles Chaplin
Europa vive un trascendental litigio sobre el futuro del continente. El camino elegido, por el momento, sólo responde a cuestiones económicas. El problema está en la manera en la que construyó la Unión.  Se dieron muchos pasos por el procedimiento de hechos consumados, quizá por miedo a que la discusión abierta debilitara a la criatura. 
Quiero decir que los órganos de decisión comunitarios han insuflado al ciudadano la somática sensación de estar viviendo en una galaxia de libertad, al liquidar las fronteras desde Irún hasta Vilnius y al unificar las monedas, mientras secuestraban su protagonismo.
La trampa está (y sigue estando) en el mercado. La táctica empleada consistía en aumentar en varios millones de personas el número de consumidores, allanando el camino a las relaciones mercantiles y derribando los muros fronterizos para que nos demostráramos un amor descontrolado a ambos lados del antiguo telón de acero. La sensación es que Europa es hoy un gran supermercado.
Las reacciones que se han encendido en España, Grecia o Islandia pretenden poner límites a estos excesos del sistema advirtiendo de que de no introducirse correcciones socialmente solidarias y de no priorizarse al que menos tiene, esta Torre de Babel jamás podrá terminarse con éxito. Cada día, la ciudadanía despierta con una nueva decepción, con otra restricción, con más recortes.

No es una cuestión de legislación común, de qué todos apliquemos idéntico IVA a las descargas de películas, de equilibrar el déficit presupuestario. Se trata de asumir conscientemente que la recesión debe ser compartida y, por lo tanto, que quien más beneficios obtenga se convierta en colchón de la debacle. En fin, los fracasos del sistema son herramientas que deberían aportan sabiduría a las sociedades, no servir de guía para vivir. Y esto es lo que quieren imponer los timoneles del capitalismo actual.

Resulta obsceno que la cuestión social se haya convertido en la mayor lacra para salir de esta crisis financiera. Aturde observar el nulo interés que banqueros, especuladores bursátiles y empresarios del primer nivel de beneficios, otorgan a esta tragedia griega. Olvidan que el grado de desarrollo del bienestar está relacionado con la vida compartida de las personas, con sus expectativas y frustraciones, con la expansión del confort en un país. No es una cuenta de resultados.
Para no marearnos entre las telarañas de las cifras, empecemos apuntando que España está a la cola de la UE en gasto social y, lo que es peor, que las políticas económicas que nos exigen aplicar nos alejarán aún más de la denominada Europa Social. El gasto público en pensiones, en sanidad, en escuelas de infancia, en servicios domiciliarios o en discapacitados, es el más deficitario de la UE. Hay otras evidencias que deberían servir para sacar los colores a aquellos que defienden que los recortes anunciados son la única vía para la salvación de nuestra economía. 
Nuestra divergencia social con países como Francia o Alemania se debe a que el incremento de los ingresos durante la época de las vacas gordas -resultado de un mayor crecimiento económico y de un incremento de la carga fiscal- no se invirtió en reducir el déficit social sino en eliminar el déficit presupuestario. Es decir, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero jamás escuchó las recomendaciones que le hicieron prestigiosos economistas socialdemócratas. Entonces, el presidente se encontraba obnubilado por los irresistibles encantos del liberalismo atroz.

El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha vuelto a borrarles la sonrisa de la cara: “Lo de Grecia (como puede ser lo que ahora se hace en España para evitar más riesgos) no es un rescate que evite la quiebra del Estado, es una protección a la gran banca europea”. 

El resultado de este cúmulo de errores es que hoy nos enfrentamos a un quilombo económico fabuloso con uno de los déficits sociales más altos de la UE. Sin embargo, la derecha pide hoy el voto apelando a la responsabilidad y al bien común de los ciudadanos. Pero, ¿de qué ciudadanos nos hablan? Parecería razonable que, por lo menos la izquierda, en interés de la población y en el suyo propio, centrara su crítica en si misma. Difícil tarea cuando el miedo se apodera de la política y lo que está en juego es el poder. Miedo a que la derecha, conforme al catecismo economicista impuesto, los estigmatice aún más. 
Vivimos sumergidos en un régimen de intereses económicos que aceleran decretos para dotarse de la sacrosanta legalidad. ¿Qué hay más separado del pueblo que los reduccionistas de lo social, los usurpadores de la política que sólo consideran a la plebe material imprescindible cada cuatro o seis años? 
Europa se está disolviendo entre un modelo proteccionista con los que más tienen y una clase media incapaz de asumir sus deudas. Kapuscinski escribió una vez que la pobreza, la frustración que provoca las distintas formas de presentarse el hambre, se vuelve peligrosa cuando quienes la padecen sienten que hay esperanza de cambiar la situación. Podría aplicarse también a las clases medias. El movimiento de Indignados nace de esta contradicción. Tuvieron el coraje de organizarse tras ver la pata del fraude asomando por debajo de la puerta. 
Y quienes en principio les contemplaban con una cierta indulgencia, ahora piden sus cabezas con toda clase de tergiversaciones, eufemismos, dobles sentidos, mentiras, expresiones falsarias, violaciones gramaticales y metáforas manipuladoras. Es como si masticando la chuleta cocinada que nos muestran algunos medios de comunicación, nos ayudaran a digerir las sombras del porvenir que sus amos nos venden con el rostro cementado.

Ya lo adelantó el apestado de Noam Chomsky cuando aseguró que “la propaganda es a la democracia lo que la porra al estado totalitario”. Por de pronto, la batalla campal vivida hoy en la Plaza Syntagma de Atenas ha sido solapada por quienes intentan ocultar las mentiras del negocio impuesto.

Pero incluso aquí hay niveles de petulancia, como la que ayer mostró el PP en el Debate del Estado de la Nación y su ejército de estilistas que satanizan una política económica que se ajusta a sus principios neoliberales como anillo al dedo para enarbolar la exitosa gestión de césares como Camps o Esperanza Aguirre. Olvidan que a los Indignados aun les quedan muchas armas para mostrarse de manera ilustrada, que no son tan estúpidos como los pintan, que comprenden lo que pasa y que, de sobrar alguien en esta película, son las fórmulas privadas. Tuvieron su oportunidad durante el boom del ladrillo y la desaprovecharon. ¿Qué razones hay para volver a creer en ellos?

Lucha en la calle

“Si hay violencia en nuestros corazones, es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia” (Gandhi)

Fotografía: ©Ramón, en Periodismo Humano

Alguien debería de alertar a los políticos que mensajes como el que lanzó el miércoles Artur Mas sobre la ‘línea roja’ y el uso legítimo de la violencia contra los indignados ni siquiera son originales. Vivimos en una especie de pacifismo de Estado, donde cualquier brote de violencia popular es considerado una afrenta a la democracia y motivo sobrado para ilegalizar otras grandes aventuras. 

Comprendo (y añado que lo comparto) que a determinadas personas moleste que en un movimiento tan sosegado y autocontrolado como el 15M se hayan encendido unas pequeñas brasas de odio como una muestra puntual de su tenaz rebeldía. Es denunciable a nivel interno pero recuerdo que después de 31 días de pacífica protesta, los Indignados sólo han recibido del poder político indiferencia, algún que otro apoyo oportunista (Cayo Lara), declaraciones desafiantes (Esperanza Aguirre), dos cargas monumentales (Madrid y Barcelona), la constitución de ciertos ayuntamientos y Cortes  repleta de imputados en casos de corrupción y envueltos en rancios juramentos bajo palio (Valencia), y aprobaciones presupuestaria absolutamente hirientes para los principios de justicia social que defienden desde su nacimiento (Cataluña). ¿No estábamos todos de acuerdo en que vivimos una crisis tan profunda que se necesita de todos para un cambio estructural? 
Si esto es así será porque nuestros ojos, los de quienes entendemos que es el progreso del Hombre lo que está en juego, aún reconocen que el objetivo final es la profundización de la democracia pese a tanto cinismo inventado en los palacios de invierno que mueven los hilos de esta sociedad. ¿Qué decían los programas electorales de CIU y el PP sobre los recortes en educación, en sanidad y en otros servicios públicos? Absolutamente nada.
Hace un año, el europarlamentario de Los Verdes, Daniel Cohn-Bendit, metía el dedo en la llaga del problema al referirse a la situación de Grecia, cuya crisis de valores es extrapolable a otros países como el nuestro: “No existe una identificación con el Estado. Existe el ‘cada cual a lo suyo’ y eso es lamentable”. Y se pregunta: “¿No deberíamos convencerles con prácticas y no con decretos? El consenso hace falta crearlo porque la culpa es de todos”. El resto del discurso de Cohn-Bendit no tiene desperdicio. Aquí lo dejo para que lo escuchen con detenimiento y saquen sus conclusiones.

Con todo, lo más grave de las insinuaciones vertidas por el President Mas es que deja en el aire cuál es, a partir de ahora, la diferencia entre un acto de indignación y un delito. Esto es un grave error. Siento repetirme como el ajo pero es que temo que la clase política ha comenzado a cerrar el círculo de las libertades y considere que ha llegado la hora de explicar a palos quien manda aquí. Es decir, mano dura no vaya a ser que la tribu de los perroflautas (una generalización errónea) pongan en entredicho la democracia en vigor (y el objetivo de sus políticas restrictivas). 
Es probable que de esta forma acaben con la sensación de inseguridad de sus señorías, incluso que expandan el miedo al desafío pero no neutralizarán la incertidumbre. ¿Qué deben hacer los ciudadanos para canalizar su desencanto, para participar, para aportar, para ayudar? ¿Votar cada 4 años a políticos que sirven intereses especulativos, que pueden hacer trampa en cualquier momento? Sin proponérselo, Franz Kafka comienza a ser rescatado de las sombras. Provoca vértigo observar cómo su novela ‘El Proceso’ toma cuerpo real. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Poco a poco.