No es no

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El disco duro de una sociedad es la memoria ante el virus de la indiferencia. El Día Internacional contra la violencia de género nos recuerda que en este país hay casi dos millones de mujeres que son agredidas diariamente por animales con barba, que son perseguidas implacablemente y que, una vez en su campo de tiro, un porcentaje muy alto de ellas acaba con el cuello roto en una morgue. Nadie puede ignorar esta abominable realidad. En esta tragedia, las heroínas son todas las mujeres que mueren por su condición femenina.

Podríamos hablar de mil historias violentas contra ellas pero pienso que el martirio de Emmeline, una chica anónima rescatada de la biblioteca de la vida, es la que se ajusta a la verdad. Emmeline fundó la Unión Política y Social de las mujeres británicas en 1874 para luchar por el derecho al voto femenino. Eran momentos duros y dolorosos para todos, pero especialmente para ellas. De ahí que los respetables mandamases de su tiempo, presos de un pánico atroz, se sacaran de la chistera una macabra ley para encarcelar a todas sus seguidoras, a las que vergonzosamente llamaron ‘las histéricas’. En 1929, un año después de la muerte de Emmeline, se instauró el sufragio universal en el Reino Unido.

Ustedes pensarán a qué viene esto. Pues bien. Al igual que en la época de clandestinidad de la Unión Política y Social de las mujeres británicas, los partidos de ahora no se han preocupado lo suficiente de los derechos elementales de las mujeres. La violencia de género no para de crecer a pesar de los gritos desgarradores de todos exigiendo una ley universal que las proteja, y nos proteja, de una manera efectiva de la brutalidad machista. Se endurecen las penas, es cierto, aunque esa obsesión por las leyes corre el riesgo de estrellarse contra la muralla de la complejidad. La más resistente es el sistema patriarcal imperante, el refugio de los patrones machistas que causan dolor.

Un ejemplo: ¿Por qué se educa a las niñas a prevenir la violación pero no a los niños a ser violadores?. Son los pequeños detalles que retratan el nivel de compromiso de quienes idean leyes y campañas doradas contra el feminicidio que todos padecemos. Aunque resulte imposible certificar el número de mujeres que son asesinadas cada año, Naciones Unidas presentó en 2015 un estudio que sirvió para evaluar los estragos de la violencia de género en el planeta: una de cada tres mujeres ha padecido alguna vez las dentelladas del maltrato físico o sexual y el autor vive en su círculo íntimo. Esa fue la conclusión.

El dolor ajeno suele ser un tema recurrente en estos tiempos de miseria moral que nos ha tocado vivir. Habitamos un mundo en el que sólo parece importar lo inmediato, lo exitoso, lo bello, lo inmortal. Cada vez se habla más rápido y se mira peor. Cultivamos el rechazo, abominamos la realidad a la que nuestros sentidos nos han constreñido. Una imagen deformada de nosotros mismos, repleta de imperfecciones, de trazos gruesos y decadentes que terminan transformando la existencia en una prisión asfixiante. Pero, ¿qué nos estamos haciendo? ¿Acaso siempre fue así?

El filósofo Friedrich Nietzsche escribió una vez que quien lucha con monstruos debe cuidarse de no convertirte también en monstruo. Entonces, ¿en qué queremos convertirnos? La respuesta emana aquí de la propia imagen. Esta fotografías en blanco y negro da cuenta del invierno perpetuo del alma golpeada, aprisionada por la frívola imperfección que reina en los momentos de soledad.

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El cáncer, ese enemigo

Pocos deben de ser los afortunados que no han recibido el impacto de esta temible enfermedad. En vuestra familia, en nuestro propio cuerpo. El cáncer se ha convertido en un compañero maldito de nuestra existencia. En el enemigo a batir. En algunos casos no sólo destruye sino que también estigmatiza. Sacude nuestra condición de personas hasta dejarla casi fuera de combate. Por eso nos resulta emocionante observar la dignidad con la que muchas personas libran su batalla. 
Recuerdo hace unos años a la diputada Uxue Barkos subir al estrado de oradores del Congreso armada con un pañuelo pirata y un cuchillo imaginario entre los dientes. Cubría con dignidad las cicatrices del alma y con una sonrisa, los estragos de la enfermedad. Una guerrera de la vida. Hoy ahí sigue, en primera línea entre la legión de ciudadanas alegres que combaten bajo la misma bandera: la de la vida. Puede resultar complejo entenderlo cuando la fortuna nos ha mantenido alejados de esta sima abisal. 

Hoy celebramos el día mundial contra el cáncer, y el de mama como el de útero, páncreas o pulmón, conforman una de los más devastadoras enfermedades a nivel mundial. Ataca directamente a la condición del ser humano acorralando los deseos de vivir. De ahí el valor de la resistencia y la fuerza interior. Se piensa en la quimioterapia y en la cirugía. En lo peor. 
Pero entre tanta espesura de pavor, cada día hay más esperanzas. Por eso hoy coloco una hermosa foto, sensual, aquilatada, sugerentemente táctil y hasta parece que desprenda un aroma a fresa. No podía ser de otra manera cuando lo que insuflamos hoy a todas las mujeres y hombres con esta celebración son ánimos para seguir luchando por ellos mismos porque haciéndolo también lo hacen por todos.