Petra Laszlo y Facebook

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Resulta curioso (pero no sorprendente) que Facebook, o mejor dicho, el comité de supertacañones que deciden lo que es moral, ético o políticamente correcto difundir en esta plataforma, haya decidido borrar de un plumazo lo que he colgado hoy sobre el comportamiento de una tipa llamada Petra Laszlo al paso de los refugiados por la frontera húngara.

Es revelador que Facebook permita colgar miles de estupideces, de jueguitos gilipollas, de declaraciones personales e insultos aniquiladores, y muchas veces imágenes reveladoras de seres humanos humillados hasta el paroxismo. Por lo que he visto hoy, en esta sección sólo admiten los casos donde los culpables son al menos tan pobres como las víctimas. Es una ley implacable y misteriosa que ejecutan para eliminar inconvenientes del camino. Quizá una es Petra Laszlo.

Patear a la gente angustiada que intenta entrar en Hungría porque en su país sólo escucha el sonido de la muerte sobre su casa está muy mal pero criticarlo es para Facebook algo despreciable que vulnera las reglas del juego que me proponen. Esa es la respuesta a la desaparición misteriosa del comentario que escribí sobre la actitud violenta de esta reportera con los refugiados. Me pregunto si, quizá, lo que les enojó de verdad, si es que lo estuvieron en algún momento, fue el paralelismo que hice entre el comportamiento de esta mujer y el mensaje desafiante que repite el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán.

Como podéis comprobar en el video que he puesto abajo, sorprende la reacción de una periodista aparentemente vocacional como Petra Laszlo hacia esa gente que huye despavorida ante sus ojos. Una ciudadana húngara como ella conoce bien qué es la delación, la deportación, cómo se encaja el desprecio racista y qué se siente ante una agresión impúdica. Suerte es que ya ha sido despedida de la emisora en la que trabajaba y que puede ser condenada por delitos encadenados hasta con 7 años de cárcel. Por el momento, llora, no se sabe si de rabia o de penas, en la acomodada cama que compró para su piso, probablemente alquilado, en el centro de Budapest.

Mi mente calenturienta la imagina hablando a sus compañeros de trabajo sobre lo excitante que le resulta la acción sobre el terreno porque ella es una tipa dura y sensible a la vez, y sobrante de inteligencia, para entender con audacia el meollo de todos nuestros problemas.

Comentaba en el texto que me ha borrado Facebook que en el retrato de su perfil hay un grave error: Petra Laszlo agarra con su mano derecha la cámara de video como si se tratara de un lanzacohetes. Apunta con el objetivo antes de disparar el ojo catódico para registrar el aliento caliente del drama.  Estamos ante una cazadora experimentada de instantes históricos.

Y de esta guisa, la mona y feroz Lazslo, comenzó a grabar el estremecedor espectáculo de los refugiados que pasaban por su lado hasta que alguien la empujó ligeramente lo que despertó su instinto de autodefensa y propinó un  rodillazo en el estómago al primero que se puso a tiro. Luego cambió de estrategia lanzando un puntapié a una niña que corre con su padre y, ya por último, zancallidea de manera infame a un señor para que caiga al suelo. Facebook me ha impedido comentar esta secuencia. Supina estupidez aunque entre Petra Laszlo, la periodista húngara, y Facebook debe haber más razones que la fidelidad eterna que un día se juraron. Allá ellos..

Dejo el video que la retrata

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Los medios digitales en España

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Hace unos días, el humorista gráfico Manel Fontdevilla nos mostraba en en eldiario.es cuál es el objetivo que hoy demandan muchos lectores e infinidad de periodistas en España. Bajo el título “El periodismo que queremos”, el dibujante resumía en una sola viñeta los principios informativos que los influyentes medios de toda la vida se han ido cargando durante sus años de reinado: calidad, veracidad, Independencia y honestidad.

No quiero decir con esto que si dejamos la custodia de estos cuatro preceptos en manos de esos diarios acabemos aplaudiendo una chuscada. Para nada.  Por suerte, tenemos otras opciones donde elegir. Desde el estallido de la crisis, la oferta periodística en España ha quedado reducida a una iniciativa de locos. En las redes sociales, crueles con las maniobras en las oscuridad que practican nuestros medios, tenemos innumerables ejemplos.

Pero tanta tormenta siempre deja un rastro de decepción, lo que constituye un enorme fracaso para quienes creemos que la calidad y la honestidad tendrían que regresar cuanto antes del exilio forzoso al que les llevaron. Sería la reconquista ética de un placer que los periódicos vendieron por unas monedas. Pero ha llovido mucho desde aquel destierro. Tanto que el lector parece resignado. Un conocido periodista comentaba hace poco que la mayoría de los consumidores de prensa en España se han vuelto “parroquianos que buscan su dosis de catecismo diario y reafirmarse en sus prejuicios”. Pues aún estamos a tiempo de evitarlo.

La salud del periodismo en España descansa en los medios digitales. Lo digo convencido, Pocos dudan de que el futuro está en sus manos y que el momento actual se presenta crucial. De la misma forma que la sociedad denuncia el envilecimiento informativo, el nuevo periodismo necesita de la sociedad insatisfecha para seguir creciendo. Aún navegamos por el océano de la crisis que tantos proyectos hundió, pero por sus resquicios han brotado La MareaCTXT, eldiario.es y alguna publicación más. Iniciativas que surgen con fuerza de los escombros del mercado editorial, como esas flores que se abren paso entre las grietas del hormigón.

Fortalecerlas es una tarea que sólo es posible realizar con la ayuda del viento, es decir, de ti, de mi y de todos los que aspiremos a tener una prensa rigurosa y con mayor calidad de contenidos. Mediante suscripciones y aportaciones, con la exigencia y el dinero del lector, al fin de cuentas. Creo que lo merecemos.

¿Cómo creer a los periódicos?

Entre enfadado y decepcionado me he sentido al leer los titulares de la prensa española que hoy se vendían en los quioscos pero es que la entrevista concedida por Rajoy a Tele5 me ha rematado, me ha hecho revolverme en mi asiento.
Reconozco que ando caliente de tanta simpleza y descrédito. Ningún país europeo tiene una prensa tan análoga en docilidad, tan plana de contenidos, tan marcadamente partidista, como la que hoy existe en España. ¿Cuánto tiempo hemos esperado para que algún diario impreso plantee que la monarquía puede ser discutida desde muchas vertientes? ¿Alguno ha reflejado que los procesos independentistas que existen en España, como el de Cataluña o el País Vasco, pueden tener un fundamento ideológico en el mundo cambiante en el que nos encontramos más allá del aburridísimo juego electoral de miedos y fantasmas al que nos han llevado? ¿Sabemos cuál es el pensamiento de quienes reclaman la independencia, sin prejuicios preparados? ¿Qué conocemos de ellos, cuáles son los argumentos? 
Ahora en el plano internacional ha vuelto a ocurrir. ¿Por qué es populista Syriza y un motivo de reflexión general? ¿Acaso no lo es que la mitad de los griegos hayan perdido el 50% de su riqueza, que la pobreza infantil ronde el 40%, que los suicidios se hayan disparado hasta cotas inimaginables, que, en definitiva, millones de personas hayan sido reducidos por una economía de guerra, cuando no han sufrido ninguna, y que su deuda continúe creciendo hasta el 170% del PIB? ¿Puede denominarse a esto tranquilizador? ¿Son esos datos el resultado de una política responsable? ¿Alguien lo dice?
¿Por qué se aplican para destruir la reputación de un tipo que cobró una beca de aquella manera cuyo valor ascendía a ¡¡1800 euros!!!? ¿Y hay motivos para sentenciar de por vida a otro por cobrar 500.000 euros, también de aquella manera, mientras hacen lo imposible para que olvidemos el fraude, por ejemplo, de Bankia, de la Gurtel, de Valencia? Ningún medio dice ya que uno de los verdaderos sinvergüenzas de todo este descrédito usaba tarjeta black, fue vicepresidente del Gobierno, anda suelto y se llama Rodrigo Rato. 
¿Hemos olvidado que Rajoy escribió en serio aquel washapp para animar a su tesorero encarcelado y quienes hoy no encuentran calificativos para matarlo pusieron sus manos en el fuego por su honradez? ¿Que pruebas más se necesitan para procesar a estos políticos, para decir que ellos son el peligro, que ellos son los populistas y radicales? ¿Acaso alguien puede pensar que con semejantes antecedentes son gente responsable, de fiar? 
Y la prensa, ¿qué nos vende de ellos? ¿Cómo se escribe en España sobre una fuerza política que promete acabar con esta cleptocracia? ¿Hay miedo a contar la historia desde todos los frentes? ¿A ser despedido si se olvida quién ocupa el piso de arriba?
¿Por qué Otegi sigue en la cárcel? ¿Por qué Chávez era un Leviatán para el mundo? No son opiniones lo que busco, algo que pertenece al ámbito de mi privacidad o de la del director de un periódico. 
Hablo del periodismo, del estandarte de la libertad de pensamiento, no de esa muleta que utiliza el poder para imponer su criterio como algo absoluto. Lo que es correcto, cómo debemos comportarnos, lo que debemos temer, lo que nos beneficia. Esto pasa en nuestra prensa pero no en toda la que se imprime en Francia, en Italia, en Alemania, en Reino Unido, en Portugal ni en Grecia. Al menos no con tanto descaro coincidente. 
Tanta unilateralidad ha empujado a muchos a buscar prensa extranjera para completar su percepción sobre un hecho noticioso. Agradezco la cortesía porque he mejorado mi inglés y he avanzado un poco con el francés y el italiano. 
En esos países puedes encontrar periodistas que siguen bajando al infierno de vez en cuando para contarnos cómo les va allá abajo.

Borja Lázaro, desaparecido (actualizado)

Borja Lázaro tiene 34 años y es reportero freelance. El pasado 8 de enero desapareció en Cabo de la Vela, un pequeño pueblo enclavado en el departamento colombiano de La Guajira, en el noreste del país y fronterizo con Venezuela a donde se había desplazado para realizar un trabajo fotográfico con las comunidades indígenas locales. En el hostal donde pernoctaba encontraron todas sus pertenencias: ropa, las cámaras, mochila, pasaporte e, incluso, las chancletas que utilizaba bajo la hamaca. Una desaparición sin huellas que rastrear. Como si se hubiera volatilizado de este mundo. 
Desde entonces, más de 350 uniformados le buscan por mar, cielo y tierra. Hace unos días se unieron  el Ejército y la Armada colombiana. La investigación baraja tres hipótesis: que se haya ahogado en el océano, que se encuentre perdido en el desierto o que haya sido secuestrado. 
Las dos primeras opciones pierden fuerza: Si se ahogó, el cuerpo aparece días después en un mar calmo. Lo de darse un paseo por el desierto con las manos vacías es un viaje a la perdición para una persona experimentada como es Borja. Queda el tercer dilema y aquí es donde todo se vuelve verosímil.

La Guajira es una zona tremenda donde rige la ley de las mafias. Los periodistas son testigos repudiados para una ley del silencio. El ex gobernador del departamento, Francisco “Kiko” Gomez fue detenido en octubre del 2013 acusado de participar en los asesinatos del concejal Luis López Peralta en 1997; y de Luis Alejandro Rodríguez y Rosa Mercedes Cabrera en 2000. También está acusado de tener nexos con los paramilitares de las AUC que lideraron Jorge 40 y Salvatore Mancuso. 
El día de su arresto, la policía de La Guajira opuso resistencia a su captura ordenada por la fiscalía y, según algunas informaciones de toda confianza, hoy sigue ordenando asesinatos desde su celda en la cárcel La Picota de Bogotá. El jefe departamental de policía, responsable de que sus hombres repelieran a los enviados judiciales enviados desde Bogotá, fue trasladado a un cargo de igual jerarquía en otro departamento. Sin sanciones. 
Ademas, uno de los que se ha postulado para gobernar de La Guajira tras las elecciones que se celebran en marzo es primo hermano de Kiko Gómez. Todos dan por seguro que existe una alianza entre ambos ya que en La Guajira funcionan los clanes familiares derivadas de la tradición wayúu.

El exgobernador mantiene su alianza con un narco, Marquitos Figueroa, el amo y señor de los grandes contrabandistas de la gasolina procedente de Venezuela. Varios periodistas, al menos cuatro, que investigaron y denunciaron esta situación se han visto obligados a exiliarse o huir de la región para salvar su vida. 
¿Dónde está Borja Lázaro en estos momentos?

Hace tres días, una buena periodista colombiana me comentó que los Wayúu de la serranía de Macuira, en La Guajira colombiana, informaron que un grupo ilegal tiene a una persona retenida en esa zona. No conocen su identidad pero sí que lo trasladan de sitio por las noches.

Seguimos buscándole y no cesaremos hasta saber su paradero y conocer la verdad. Este es su trabajo fotográfico. Hermoso. 

Ante el drama ocurrido en Ceuta: Una carta a la situación de los inmigrantes

“No hay cacería como la cacería humana y aquellos que han cazado hombres durante bastante tiempo y han disfrutado no vuelve a importarles nada” Ernest Hemingway
He decidido recuperar la carta que un amigo me envió hace ya unos meses. Hay muchas cosas que no comparto con él pero nuestra vida siempre ha evolucionado sobre discusiones laberínticas, unas veces acaloradas y otras muertos de la risa, en nuestro vano intento de arreglar el mundo. Me pidió que mantuviera su anonimato aunque no lo entienda. Aunque el tiempo y la vida nos ha separado quizá para siempre, así lo haré. Es su derecho y tampoco lo comparto. Aquí dejo su opinión sobre la inmigración y nuestro mundo. Lo sucedido hoy en Ceuta lo reclama. Estas son sus palabras:

“Te mando esta nota en privado porque no intento provocar una brecha discrepando en público temeroso de que o bien no se entienda el contenido de esta carta, o simplemente no sea compartida por todos y monten alguna bronca.

Como sabes abomino la revolución intermitente, la revolución sin compromiso. Cada día, en cada esquina, a cada minuto, encontramos causas que nos hacen palidecer, que nos conmueven y nos hacen reflexionar sobre la injusticia del sistema. Tenemos mil y un motivos para adjurar del modo de vida que llevamos. Los suficientes para actuar y provocar un cambio.
Nos dejamos invadir por el sentimiento de rabia y en un minuto vomitamos, denunciamos y…. acallamos nuestra conciencia sin más objetivo que volver lo antes posible a nuestra cómoda y burguesa existencia. Una agradable existencia alimentada, por cierto, con productos hechos por menores en condiciones infrahumanas o con aranceles caníbales que hunden cualquier intento de desarrollo en los países del tercer mundo y empujan a sus ciudadanos a cruzar el charco en patera. Nos hemos acostumbrado a observarles, a través de las imágenes de televisión por el satélite o por Internet, como si no fueran de este mundo. Vanas ilusiones.
Insisto, no creo en la revolución sin compromiso. Y eso significa ir más allá de la denuncia y empuñar las armas para aniquilar a los responsables de la catástrofe. Hipócrita es denunciar las condiciones  de vida en esos países pobres y a la vez llamar asesinos a quienes se revuelven dispuestos a aplastar a sus responsables. Y eso lo hacemos continuamente.
Decía un poeta de principios del siglo pasado que la palabra es un arma cargada de futuro. Es cierto. Pero sin un compromiso real son algo vacío. La denuncia por la denuncia es amarillismo. Es el sentimiento pequeño burgués travestido de revolución para encubrir o sobrellevar la carga de la culpa. Si no somos capaces de derribar el sistema, y esto sólo se consigue por la fuerza, me parece más honesto adjurar de la revolución y abrazar con fe el reformismo.
No creo en los revolucionarios a tiempo parcial, por eso tampoco creo en el periodismo de la denuncia a secas, sea gráfico o literario (puede ser divertido pero no útil). Contar las cosas que vemos y quedarnos ahí, sin más, tiene la misma fuerza que narrarle un cuento a un niño para que duerma… acabará soñando con los personajes de la historia pero al despertar se encontrará con la misma realidad.
¿De qué vale sumergirnos en los desequilibrios que provocamos si no lo acompañamos de una guía, de un camino para canalizar la ira? El periodismo es una herramienta, pero si no se pone al servicio de la revolución se convertirá en un instrumento para perpetuar este sistema que tanto censuramos.

Dicen los teóricos que los sistemas políticos permiten cierto grado de corrupción (y por lo tanto de denuncia) para seguir vivos, para retroalimentarse y prolongar unas injusticias que las maquillan cada cierto tiempo con aparentes catarsis para que todos podamos dormir tranquilos. Saneamos un 10% de la corrupción existente y eliminamos algunas cabezas de turco pero mantenemos vigentes los mismos principios que consolidaron las injusticias. Ese es el modelo americano, el que hemos importado en Europa.

Un modelo tan seductor que otorga a la prensa la falsa apariencia de libertad y le dispensa generosamente ese papel denunciador tan hueco como desmemoriado. Así, imágenes como la que nos cuentas en tu blog, o denuncias como las que vemos ahora en los periódicos sobre la actuación del ejercito yankee en Afganistán o antes en Guantánamo o en Abu Ghraib  podían haber puesto patas arriba el sistema. Pero no, sólo nos inducen a pedir cambios, a señalar a los culpables….. y, ¿qué ocurre después? Que el sistema se desprende de uno o dos indeseables pero la estructura permanece incólume, sin cambios…..  ya lo dijo Lewis Carroll: “que todo se mueva para que todo quede igual”. Eso es  denuncia sin compromiso, la coartada perfecta que nos permite acosar con más saña a los Hugo Chávez o a los Castro del mundo amparados en que nosotros limpiamos nuestra basura. Mentira. Sólo son apariencias y simulación.

La revolución nació en la vieja Europa y parece que nos hemos olvidado de ella con bonitas imágenes como la del clavel sobre el cañón del fusil. La revolución, si de verdad somos revolucionarios, lleva aparejada sangre (los detractores del Che Guevara destacan su crueldad para con los enemigos de la revolución, pero es que el cambio real es también sinónimo de muerte y destrucción. No es posible convivir con los que quieren aniquilarnos). No se puede ser revolucionario y dejarlo todo al minuto siguiente para ir a correr a los brazos de nuestra amada.

El que abraza la revolución abraza un modo de vida que incompatibiliza nuestra apacible existencia con la miseria en la que subsiste tres cuartas partes del planeta. De lo contrario, lo honesto, repito, es declararse reformista y aceptar que el sistema siempre ganará por lo que la única opción que nos queda es luchar para introducir pequeños cambios con la esperanza de que a largo plazo las desigualdades se reduzcan. Pero incluso esto conlleva compromiso y voluntad de cambio.

La misma policía que detiene inmigrantes es a la que acudimos para que defienda nuestros miserables objetos (nuestra propiedad privada) o la que detiene etarras. Es el mismo cuerpo armado y forma parte del mismo mecanismo  represor del Estado tanto cuando hacina a los ilegales como cuando desarticula comandos.

Esos inmigrantes indocumentados hacinados en los centros de internamiento para extranjeros (CIE) tienen derecho a robarnos en plena calle porque primero nosotros les despojamos de todo y luego les empujamos a venir acá para vivir más miserablemente todavía. Si nos molesta que nos roben en nuestros domicilios también puede resultar hipócrita denunciar la marginación que sufren.
De acuerdo, cambiemos el sistema pero desde el compromiso a tiempo completo, ya sea para la reforma o para la revolución. La denuncia amarilla, sin más, nos hace sentirnos culpables o iracundos el tiempo exacto que dure la exposición pero si a la salida de la misma no hay una mesa para que nos afiliemos a un movimiento, a que participemos en un grupo de acción directa, todo queda en toreo de salón.
Y practicar toreo de salón y adjurar de las corridas de toros también es pura hipocresía.

Saludos de un reformista convencido, pero cada vez más cínico con sus congéneres.

Gracias, tío

¿Para qué sirven los medios de comunicación?

¿Qué buscamos en las noticias? A pesar de que hoy contamos con más canales de televisión, periódicos, emisoras de radio y revistas que nunca, queda la duda de saber si lo que nos cuentan nos ayuda a comprender mejor la compleja realidad del mundo. Da la impresión de que la influencia de la televisión y la aparición al frente de los grandes diarios de hombres de negocios son los parámetros que rigen el camino del periodismo en un escenario donde la atracción por el espectáculo no deja de progresar. “La información se ha separado de la cultura y se ha convertido en una máquina de hacer dinero”,  dijo en una ocasión el reportero polaco Ryszard Kapuscinski.

En EE UU, donde cierta prensa aún no ha perdido el gusto por la escritura, parece que desde hace tiempo se toman los acontecimientos relativos al mundo árabe con una cierta perturbación profesional. The New York Times, quizá el diario más prestigioso del mundo, publicaba al poco de producirse la revuelta en Túnez: “The mounting protests threaten not only to overturn a close United States ally in the fight against terrorism but also to pull back the veneer of tranquil stability that draws legions of Western tourists to Tunisia’s coastal resorts.” (Algo así como que “las protestas no sólo amenazan con derrocar a un estrecho aliado de Estados Unidos en la lucha antiterrorista, sino también diluyen la tranquila estabilidad que atrae a legiones de turistas occidentales a las estaciones costeras de Túnez”).
Casi al mismo tiempo, un compañero que es corresponsal en Londres mostraba su perplejidad -e incluso enojo- ante la información sobre el mismo tema que transmitía la BBC, “más preocupada por los turistas (a los que nadie ha hecho nada)”.
Tanta frivolidad empaquetada me provoca fatiga. Algunos medios han llegado a especular que los motivos del derrocamiento del sátrapa tunecino Zine El Abidine Ben Ali se encuentra “en los dos cables diplomáticos difundidos por Wikileaks”. Como si el pueblo de Túnez no pasara hambre, no sufriera atropellos, no fuera consciente de la corrupción colosal en la que viven. Pero Internet nos ha vuelto a abrir los ojos y, de paso, ha vuelto a poner el dedo en la llaga del poder omnímodo de la prensa y el motivo de su actual existencia. 
En un artículo publicado hace algún tiempo, el periodista Dan Tench desgranaba la sucesión de demandas que coleccionan los diarios -él se refería a tabloides británicos como The Sun– por especular con la verdad de las informaciones y presentar como culpables a personas que luego han resultado inocentes. Y aquí nadie está libre de culpa, como venimos comprobando en la prensa considerada seria. Las tragedias y los conflictos sociales son estupendas alfombras a las que atizar siguiendo criterios de mimetismo corporativo. Dan lo mismo los datos que se manejen porque si lo verifican corren el riesgo de perder la carrera de la inmediatez aunque a muchos les importe un bledo el espanto. Hay muchos ejemplos. Sombras de impotencia grandes como casas, espesas e incomprensibles. 
Entonces, ¿cuál es el criterio real de la información? ¿Quizá la de expandir una visión arrevistada de la vida, con temáticas ociosas, relatos superficiales de asuntos complejos, donde se reparten papeles de malos y buenos en función del poder que se les confiere a los dueños de los medios? ¿Qué tal si hablamos de los intereses corporativos?
En otro artículo, el director de ‘Le Monde Diplomatique’ Ignacio Ramonet decía que los medios de comunicación, y especialmente los periódicos, viven una profunda crisis de contenidos. Se refería al esplendor de los diarios fascinados por los sucesos violentos y sangrantes cuyo corolario es la producción de noticias que se repiten, se copian y se ‘leen’ con la vista. Como aireaba Kapuscinski, estas publicaciones en papel están diseñadas como pantallas de televisión, tienen poca letra, dan prioridad a lo sensacional y sufren amnesia con respecto a informaciones que han perdido actualidad. “Son periódicos hechos para entretener más que para informar lo que está provocando el empobrecimiento de su textos con páginas y páginas dedicadas al autobombo, a los premios, a las promociones y a la publicidad de esas promociones”, añade.
Entonces, ¿ya no hay espejos donde mirarse? Ramonet cree que no está todo perdido. Dice que en medio de las tinieblas hay contrapesos. Se refiere al despertar de una cierta conciencia ética. Ya no sé qué pensar. Es cierto que la prensa, al menos sus trabajadores, empiezan a ver las orejas al lobo en el afán de la empresa de estimular espectáculos triviales como el del Gran Hermano o haciendo noticioso lo que en realidad es un suceso delirante. Quizá Internet albergue una de las esperanzas que nos queda para decirles a Orwell y Huxley que ya pueden descansar en paz.

Libertad de prensa

“Hay quienes sólo utilizan las palabras para disfrazar sus pensamientos” Voltaire.
Cuando me tocó escribir sobre América Latina para un diario comencé a descubrir el laberinto de fantasmas y mitos que acompañan la mirada de los principales medios de comunicación españoles sobre los procesos políticos abiertos en el continente americano. También me resultaban sorprendentes los desequilibrados análisis  sobre la libertad de prensa presentados por organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y otras como Freedom House, que son cualquier cosa menos instituciones independientes. Criticaban con dureza a Ecuador o Venezuela  pero aplicaban la sutileza con la Colombia de Álvaro Uribe, el Perú de Alan García o el México de Felipe Calderón. 
Tras visitar algunos de estos países tengo la certeza de que existe una mano invisible que patrimonializa el concepto de la libertad de prensa para enmascarar la libertad de empresa. La del mercado libre, intocable, sin reglas éticas ni responsabilidades de ningún tipo. Un poder contra el poder que el liberalismo reinante se afana por proteger hasta el paroxismo.  
Me esforcé para mantenerme esterilizado frente a dogmas, estereotipos o simpatías que pudieran influirme. Sólo dejé que los protagonistas de aquellas sociedades retrataran su propia historia, sin silenciar a ninguno, para así perfilar el rostro desfigurado que muchos medios españoles se empeñan en describir. 
En España se vive una extraña contradicción ideológica que impide renovar un compromiso activo con el periodismo. Esta manera de mirar produce en los lectores múltiples batallas perturbadoras. No oculto que me provocan una profunda duda, especialmente por los tratamientos informativos sobre Ecuador, Colombia, Argentina, México o Venezuela, pero más que indignación me produce pena. Nada es tan negro como lo pintan, ni tan blanco como otros nos hacen ver. Todo es complicado y está salpicado de tramas corruptas, de influencias políticas interesadas, de recuerdos dramáticos y explotación pero también de sueños. Nos esforzamos en nutrir a los lectores con datos que hablan de fracasos y de éxitos. La prensa es tan influenciable hoy en día que vive con los ojos clavados en su balance de resultados en lugar de contar la historia sin ropajes encorsetados. 
Pese a la globalización, existen dificultades reales para leer informaciones contrastadas sobre esos países (también sobre Siria, Irak, Afganistán, Birmania, China o EEUU) ya que a menudo todos beben de fuentes del mismo manantial y generalmente ocultas. Enviados especiales que creen legítimo (y más fácil) distorsionar las teorías para adaptarlas a sus hechos que trabajar con honestidad. Es lo que se conoce como información “coja”, sin verificar, oficial cuando interesa y opositora si se sitúa contra la izquierda del ejemplar mundo neoliberal que defienden con ardor. Pero ellos nunca se equivocan, nunca mienten, jamás manipulan. Siempre son  los otros que tratan de silenciar la verdad, la libre expresión, la prensa libre que estas empresas mediáticas representan.
Pero volviendo al tema original, y para no extenderme, quiero recordar que la libertad de prensa en España no está consolidada y que en varios países de América Latina donde los medios públicos no existían hace una década están haciendo esfuerzos fabulosos por edificar un escenario mediático a la medida de sus ciudadanos y no de unas clases adineradas que sólo tratan de perpetuar su histórico privilegio.