Refugiados

“Una auténtica historia de guerra nunca es moral. No instruye, no alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento humano correctos, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre han hecho. Si una historia parece moral, no la creáis (…)”

Tim O’Brian: (Worthington, Minnesota, 1946) “Las cosas que llevaban los hombres que lucharon”

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Quiero denunciar la decisión tomada ayer por la Unión Europea sobre los miles de refugiados, de perseguidos, que aguardan una oportunidad para la vida en Turquía, Grecia, en cualquiera de los países del grupo de Visegrado y en el resto del continente. No me siento representado por ustedes, políticos corrompidos. Me rebelo contra su decisión de ahogar en dinero el grito de desesperación, desobedezco sus irresponsables órdenes, denuncio su hipocresía manifiesta, confronto la decadencia a la que nos quieren arrastrar, doy la espalda a sus deseos y a sus principios, menosprecio su ideología ultra, combato su codicia e incumplo su peligroso comportamiento, que sólo alienta la desesperación. Desde mi función.

Davenports and kettle drums
and swallow tail coats
table cloths and patent leather shoes
bathing suits and bowling balls
and clarinets and rings
and all this radio really
needs is a fuse
a tinker, a tailor
a soldier’s things
his rifle, his boots full of rocks
and this one is for bravery
and this one is for me
and everything’s a dollar
in this box
Cuff links and hub caps
trophies and paperbacks
it’s good transportation
but the brakes aren’t so hot
neck tie and boxing gloves
this jackknife is rusted
you can pound that dent out
on the hood
a tinker, a tailor
a soldier’s things
his rifle, his boots full of rocks
oh and this one is for bravery
and this one is for me
and everything’s a dollar
in this box

Breve carta a Javier Maroto

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Sr. Javier Maroto:

Escuchar sus declaraciones agota mi vocabulario. Como estoy convencido de que jamás leerá lo que ahora quiero dedicarle, y si lo hiciera le importaría un bledo, me gustaría decirle que tras escuchar sus palabras alertando al pueblo sobre la presencia de yihadistas entre los 350.000 refugiados que piden cobijo a Europa, no tengo duda de que usted es una mala persona. Seré muy breve.

Maroto

Sabe usted mejor que nadie que comentarios como los que ha vertido sobre miles de ciudadanos, en su mayoría sirios, es condenarles a la estigmatización y al rechazo por un sector de la población europea y española xenófoba y racista. Incluso pueden ser utilizados para justificar comportamientos indecentes como el de la triste periodista húngara Petra Laszlo en la frontera. Su argumento es indigno y le retrata aunque no debería encajar en una persona nacida, criada y educada en los valores de la libertad y la opulencia como usted. Por lo tanto, también puede considerarse una anomalía social.

Me avergüenza pensar que en sus manos de vicesecretario general del PP reposan decisiones complejas sobre temas complejos. Y me aterra. Me da miedo que así sea. Desde luego, me espanta más su condición directiva que la presencia de uno, dos o tres refugiados sirios frente a la puerta de mi casa. Es el miedo irracional a delegar en políticos de su corta talla la dirección de modelos de comportamiento en deterioro y que usted degrada como la convivencia, la solidaridad y la justicia. El respeto al diferente, en definitiva. Disfrace ahora sus palabras con cualquier vestidito que encuentre a mano porque todo es inútil. Ya no me fío de sus intenciones ni de sus objetivos ni de sus ideas. En tres palabras: No le creo.

Sr. Maroto, con usted al mando no me siento ni más libre ni más seguro. Al contrario. Pensar en su poder me provoca incertidumbre y desazón porque considero que un idiota al frente de una tropa es más peligroso que un sádico. Las guerras están llenas de fosas por decisiones de generales que pensaban y hablaban como lo hace usted.

Quiero decirle, por último, que a partir de ahora no le tomaré en serio porque aprecio más a los bufones de verdad, a los mordaces, a los que son capaces de hacer reír a los puritanos miembros de una Corte cuando, en realidad, es él quien se ríe de ellos.

Petra Laszlo y Facebook

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Resulta curioso (pero no sorprendente) que Facebook, o mejor dicho, el comité de supertacañones que deciden lo que es moral, ético o políticamente correcto difundir en esta plataforma, haya decidido borrar de un plumazo lo que he colgado hoy sobre el comportamiento de una tipa llamada Petra Laszlo al paso de los refugiados por la frontera húngara.

Es revelador que Facebook permita colgar miles de estupideces, de jueguitos gilipollas, de declaraciones personales e insultos aniquiladores, y muchas veces imágenes reveladoras de seres humanos humillados hasta el paroxismo. Por lo que he visto hoy, en esta sección sólo admiten los casos donde los culpables son al menos tan pobres como las víctimas. Es una ley implacable y misteriosa que ejecutan para eliminar inconvenientes del camino. Quizá una es Petra Laszlo.

Patear a la gente angustiada que intenta entrar en Hungría porque en su país sólo escucha el sonido de la muerte sobre su casa está muy mal pero criticarlo es para Facebook algo despreciable que vulnera las reglas del juego que me proponen. Esa es la respuesta a la desaparición misteriosa del comentario que escribí sobre la actitud violenta de esta reportera con los refugiados. Me pregunto si, quizá, lo que les enojó de verdad, si es que lo estuvieron en algún momento, fue el paralelismo que hice entre el comportamiento de esta mujer y el mensaje desafiante que repite el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán.

Como podéis comprobar en el video que he puesto abajo, sorprende la reacción de una periodista aparentemente vocacional como Petra Laszlo hacia esa gente que huye despavorida ante sus ojos. Una ciudadana húngara como ella conoce bien qué es la delación, la deportación, cómo se encaja el desprecio racista y qué se siente ante una agresión impúdica. Suerte es que ya ha sido despedida de la emisora en la que trabajaba y que puede ser condenada por delitos encadenados hasta con 7 años de cárcel. Por el momento, llora, no se sabe si de rabia o de penas, en la acomodada cama que compró para su piso, probablemente alquilado, en el centro de Budapest.

Mi mente calenturienta la imagina hablando a sus compañeros de trabajo sobre lo excitante que le resulta la acción sobre el terreno porque ella es una tipa dura y sensible a la vez, y sobrante de inteligencia, para entender con audacia el meollo de todos nuestros problemas.

Comentaba en el texto que me ha borrado Facebook que en el retrato de su perfil hay un grave error: Petra Laszlo agarra con su mano derecha la cámara de video como si se tratara de un lanzacohetes. Apunta con el objetivo antes de disparar el ojo catódico para registrar el aliento caliente del drama.  Estamos ante una cazadora experimentada de instantes históricos.

Y de esta guisa, la mona y feroz Lazslo, comenzó a grabar el estremecedor espectáculo de los refugiados que pasaban por su lado hasta que alguien la empujó ligeramente lo que despertó su instinto de autodefensa y propinó un  rodillazo en el estómago al primero que se puso a tiro. Luego cambió de estrategia lanzando un puntapié a una niña que corre con su padre y, ya por último, zancallidea de manera infame a un señor para que caiga al suelo. Facebook me ha impedido comentar esta secuencia. Supina estupidez aunque entre Petra Laszlo, la periodista húngara, y Facebook debe haber más razones que la fidelidad eterna que un día se juraron. Allá ellos..

Dejo el video que la retrata