El repago y los desafiantes

Se llora de crisis en España y la única puerta que nos muestran para contener el desmoronamiento de nuestra economía es la reducción drástica del gasto público y una reforma laboral delirante con los derechos de los trabajadores. Dicho así queda muy analítico y profesional. Sin embargo, miles de personas, muchas de ellas más interesadas en ver “Amor en tiempos revueltos” que los narcotizantes debates de actualidad de cada anochecer,  han sufrido hoy una punzada de dolor en plena barriga: El Repago, el medicamentazo o como quieran ustedes llamarlo, ha entrado en acción. Más de 400 fármacos carecen ya de la financiación del Estado. 
El Gobierno vasco se ha negado a aplicar la medida. También Andalucía y Cataluña pero Euskadi lo ha hecho de una manera más desafiante, es decir, más clara, oiga. Hace unos días se aprobó un decreto que garantiza la gratuidad y universalidad del sistema sanitario público “para todas las personas que residan en la comunidad” con el mantenimiento intacto de los niveles de aportación en el pago de los medicamentos. En una frase: Deja sin efecto el copago farmacéutico impulsado por el Gobierno central. Y no sólo eso sino que además Osakidetza también ha confirmado la asistencia gratuita a extranjeros en situación irregular. Lo que hace dos años era mejorable hoy se ha transformado en el progreso. El caso , está ahora en manos del salomónico Tribunal Constitucional de cuyo veredicto se determinará la abolición o el mantenimiento de la norma.

La respuesta del Ejecutivo español ha sido la esperada. La megaguay de Ana Mato ha levantado su lindo dedito para exclamar: “Las leyes deben cumplirse”. Pues mire usted que no, señora Mato, no vaya a ser que la siguiente que dicte sea hacerse el harakiri a los 65 años. Hay normas tan injustas que merece la pena enfrentarse a ellas. Una cosa es la legalidad y otra la legitimidad. Aunque también podemos recordarle lo que ustedes promovieron contra las medidas anticonceptivas hace unos pocos años. Pero claro, aquello era sentido común y esto es un desafío periférico de los que tocan los huevos, vamos.
Aunque no sería de extrañar que el mentiroso y soberbio Gobierno del que forma parte la señorita Mato ya esté maquinando su fria venganza. Por ejemplo, recomendar a los ciudadanos de otras comunidades autónomas ir a comprar sus medicinas a farmacias del País Vasco con lo que el barullo sería fabuloso. Les veo capaces de todo, incluso de reproducir el asedio de Numancia en el siglo XXI, porque para este Gobierno neoliberal la política es como un juego de guerra.

Estado de bienestar

He escuchado una conversación en el Metro que me ha punzado el hombro. Dos señoras hablaban de lo desalentador que resulta acudir a una cita en un Hospital público. En la sala de espera, decían, 30 personas se miraban indignadas ante la frialdad de las enfermeras tras la hora larga que llevaban de espera. No recibieron ni una explicación para atemperar su hastío. Ni un gesto. Nada. Reconozco que para alguien como yo que cree ciegamente en el sistema público de salud, el tema irrita. Pero si además escucho a los próceres de la economía nacional decir que tenemos que reducir el déficit a base de extraer recursos de estas áreas, la molestia ya se precipita en úlcera y la medicación que me pondrá el doctor House se la daré el perro. 
Con todo, lo peor es ir a una consulta ambulatoria y ver a los compañeros de fatigas, la mayoría de 65 años para arriba, haciéndose los tontos ante la estulticia oficial. El ambiente es malo de solemnidad. Sólo se denuncia el tiempo de espera para entrar en el quirófano cuando los médicos de familia están cada día más saturados de pacientes y los enfermos disponen de menos tiempo para exponer sus dolencias. Rumbo a peor, que diría Samuel Beckett, aunque los jefes se inventen cifras superlativas de fracaso económico para mantener las apariencias de que los ajustes diseñados por tecnócratas y especuladores funcionarán en el futuro.
Para no enmarañarse en las telarañas de las cifras, lo mejor será ir al grano: hay ciudadanos en este país que pueden morir en la lista de espera. De un infarto, porque los resultados del análisis de su gastado corazón no se lo darán hasta octubre; o de una embolia, porque el especialista le ha citado para noviembre. Hay suficientes pruebas para percibir que nuestra formidable maquinaria del bienestar —la sanidad, los servicios domiciliarios o la educación— está obsoleta. Desde luego que lo está pero no debería estarlo si lo que de verdad se quiere es servir adecuadamente a una sociedad demográficamente vieja y apremiada por sacar talentos que garanticen su futuro en I+D. 
Que un país como España, que se encuentra a la cola de la UE en gasto público, acepte sin rechistar que reducir el déficit significa empequeñecer servicios como el sanitario, el educativo o el cultural es un síntoma de que nuestros gestores ya han descubierto otras áreas donde gastar el dinero público y rentabilizarlo. Para sus intereses, se entiende. Quizá sea la idea de modernidad que algunos no entendemos ni jartos de grifa para la importante y avanzada España. Ustedes ya saben a lo que me refiero.

Dibujo de Manel Fontdevila en el diario Público

El VIH no teme a la crisis

Aunque la cerradura de entrada del VIH en el organismo humano es cada año más estrecha, este maldito virus continúa siendo un enemigo temible. Las cifras dan cuenta de la batalla: Más de 1,8 millones de víctimas mortales y 2,6 millones de nuevos infectados en 2010. Resulta difícil mirar la imagen de hoy en 3D del Virus de Inmunodefiencia (VIH) y no apretar los puños con fiereza. Provoca furia. Hoy, día Mundial contra el Sida, celebramos los avances registrados desde que este mutante celular vertió su oscuro manto sobre el escenario de la vida pero también alertamos de los peligros de descuidar la lucha.
Desde el inicio de la guerra contra el Sida en 1981 han muerto más de 25 millones de personas. Cierto es que hoy hemos logrado reducir a una quinta parte el número de infectados anuales y que empezamos a cercar sus caminos hacia la supervivencia. No hay duda de que la victoria del Hombre parece próxima. 
Sin embargo, se han abierto grietas en la antesala del combate final. La forma de encarar la crisis economía actual amenaza con una importante reducción de los suministros necesarios para que nuestras unidades científicas y asistenciales encaren con garantías el frente de la guerra. “Es el momento de que la ciencia empiece a dar frutos claros y tangibles contra esta epidemia pero seguimos necesitando el apoyo político y las respuestas comunitarias para avanzar”, declaró la semana pasada el director ejecutivo de ONUSIDA, Michel Sidibé, con un cierto tono de inquietud.
Los tratamientos antirretrovirales para los africanos, los más afectados del mundo, siguen siendo carísimos y con el trance financiero actual pueden serlo aun más. Todo indica que la inversión pública languilecerá durante los próximos meses hasta llegar a la mínima expresión en áreas consideradas caritativas, casi filantrópicas, como son la financiación de medicinas que mayoritariamente consumen los pobres de la Tierra. Nadie descarta una reducción del presupuesto de organizaciones como la OMS y la propia ONUSIDA. De confirmarse este rumor, la catástrofe para países como Etiopía, Nigeria, Zambia, Zimbabwe o Suráfrica estaría garantizada. Allí, el Sida y otras enfermedades “tratables” siguen causando estragos. 
También en España han comenzado a ver las patas del lobo de la recortes bajo la puerta de la financiación. Treinta organizaciones que hasta ahora desempeñan un papel fundamental en la sensibilización social y en la ayuda a las personas afectadas han emitido un preocupante manifiesto en el que piden a las administraciones locales, autonómicas y nacional que no bajen la guardia en esta guerra. Después de 30 años de pelea en las trincheras no saben si sobrevivirán al envite de las hordas de la crisis que ya asoman sus afiladas dagas a la vuelta de la esquina. No es sólo una cuestión de humanidad. Se trata de sentido común. De inteligencia.
Hoy la foto es una animación. Me hubiera gustado mostrar al VIH más horrible y cruel pero ha sido imposible porque la realidad es mucho peor: Llora y sufre. Va por los afectados y por sus familias.

Fumar es malo

Los fumadores son seres muy antiguos. Materia arqueológica. Más pasados que una película muda. Recuerdo al mítico Lucky Luke liándose un pitillo antes de triturar a los hermanos Dalton. Años después le bajaron su perfil de vaquero duro y melancólico. Sus creadores dijeron que dibujarlo con un cigarro prendido de los labios no era un patrón para sus jóvenes seguidores. Y se lo cambiaron por un manojo de hierbas. Lo desnaturalizaron. Es como si a Astérix le sustituyeran la poción mágica por agua destilada. Perdería la gracia y, por supuesto, toda la fuerza. Los romanos conquistarían la aldea y Obélix sería la comida mensual de los leones del Circo. 
Pero tienen razón los guionistas. Lucky Luke era un anuncio de tabaco subido a un caballo, un mal ejemplo para los niños. Y no es cuestión de crear héroes atosigados por el humo. Quizá por eso siempre omitieron dibujarle al amanecer. Ahí fueron muy listos. Prefirieron evitarle la vergüenza de mostrarle abatido por la tos ronca, angustiado por esa respiración silbante de dragón afónico. 
La causa del vaquero solitario la entienden siete de cada diez españoles que en una reciente encuesta se han mostrado partidarios de la prohibición total del tabaco. De aplicarse esta pauta, los próximos meses serán una gran batalla donde los saqueos, los suicidios y los fusilamientos colectivos en la plaza del pueblo serán tan corrientes como el sol del mediodía. En los bares la gente se estirará de los pelos. Será una bonita guerra entre dos bandos que se aman. El de los ilustrísimos bebedores y el de los insensatos fumadores. 
Al resto -es decir, a los que bebemos y fumamos lo que nos apetece- nos queda la opción de afiliarnos a esas terapias de levitación y buenas vibraciones que proliferan últimamente como setas tras la lluvia. Quizá sea la forma más saludable de seguir el ejemplo de exfumadores compulsivos como Lucky Luke para conciliarse con sus futuros seguidores.