Deudocracia internacional

En la era de Internet todo es posible. Muy pocas cosas se le resisten. Incluso las maniobras orquestales en la oscuridad de los poderes que hoy nos gobiernan. El último capítulo se ha escrito en Grecia y lleva por título Debtocracia, es decir, el poder de la deuda. Dos periodistas helenos remontaron este gran río de aguas procelosas, exploraron esta corriente de hechos consumados y alcanzaron su génesis. El resultado es este documental enojoso y demoledor. 

Aquí se muestra la perversión de un sistema que cultiva sin ambages la filosofía del destino manifiesto, donde el papel del dinero ha sido elevado a una dimensión casi divina, capaz de derribar Gobiernos soberanos. Es cierto que esta cuestión siempre tuvo importancia pero hoy ha adquirido una magnitud peligrosa. Es como si hubiera evolucionado. Un alien que se perfecciona a medida que todas las instituciones internacionales que rigen la economía planetaria -FMI, Banco Mundial, BCE- van resolviendo que la única forma de garantizar la libertad del mundo es que el dinero público sea empleado para proteger y promocionar los intereses privados. Porque además de ser el único camino posible, está protegido por las sacrosantas leyes que emanan de parlamentos y asambleas nacionales.

Todo esto, sin embargo, está pervirtiendo las democracias representativas, en las que todos los ciudadanos somos teóricamente iguales, al mutar en plutocracias que asientan su dominio en el poder de las deudas. La guerra contra el ser social se ha desatado con gran finura. 

Hay más. Muchos países de nuestro entorno que decidieron enfrentarse al mantra del “te garantizo estabilidad a cambio de corromperte” padecen hoy una presión sistemática por parte de grupos privados sin escrúpulos que campan por sus respetos y que hacen lo imposible para que los legisladores aprueben leyes que favorezcan sus intereses privados. Aunque los cortafuegos de esta estrategia intentan a toda costa proteger a sus reyes de sospechas inflamatorias, hay casos que son demasiado visibles para enterrarlos tras cortinas de humo que favorezcan el desinterés y el olvido. Esta declaración podría servir de muestra.
El cuento moral de esta historia está aun por escribirse. Mientras, pensemos qué hacer para merecernos una mejor suerte.
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Discurso de ‘El Gran Dictador’, Charles Chaplin

¡Lo siento. Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero reinar ni conquistar. Qusiera ayudaros a todos: Judíos, cristianos, negros, blancos… Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Vivir de la felicidad del prójimo, no de su dolor. 
No queremos odiar ni despreciar. En este mundo hay sitio para todos y hay alimento para todos. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.
Controlamos la velocidad pero nos hemos encerrado. La mecanización, que crea abundancia, nos deja en la indigencia. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.
Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que destreza, bondad y dulzura.
Sin estas cualidades la vida será violenta y será nuestra ruina. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la fraternidad universal.
Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que incita a torturar a los hombres y a encarcelar a inocentes.

A los que puedan oirme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que un producto de la codicia y de la amargura de aquellos que temen el progreso humano.

El odio pasará y morirán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le devolverá al pueblo. Y así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.
¡Soldados!
No os entreguéis a esos bestias que en realidad os desprecian, os esclavizan, manipulan vuestras vidas diciéndoos qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.
Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos seres perversos. Hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.
Vosotros no sois máquinas, no sois ganado sino Hombres. Lleváis el amor en vuestros corazones; Vosotros no odiáis. Sólo odia el rechazado y el perverso.

¡Soldados!

No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. El capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está en el hombre”. Pero no en uno,  ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres, en vosotros. Vosotros, los hombres, el pueblo, tenéis el poder de crear máquinas y también felicidad. Tenéis el poder para hacer que esta vida sea libre y hermosa, y convertirla en una maravillosa aventura.
En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando unidos. Luchemos por un mundo nuevo, decente y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Y bajo estas promesas, las bestias llegaron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. 
Los dictadores son libres pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad esas promesas. Luchemos para liberar al mundo. Para abolir las barreras nacionales, para eliminar la codicia, el odio y la intolerancia.
Luchemos por el mundo de la razón.
Un mundo donde la ciencia y el progreso nos conduzca a la felicidad.
¡Soldados!
En nombre de la democracia, ¡¡unámonos!!.
El Gran DictadorThe Great Dictator– escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, se estrenó en Nueva York el 15 de octubre de 1940 y en Londres el 16 de diciembre de 1940. Las críticas de la prensa fueron negativas en particular por este discurso final que acabáis de leer y escuchar. Algunos años después fue el pretexto utilizado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses para acosar a su autor, quien al final decidió exiliarse de EEUU.

La gran trampa

La fórmula para salir de la crisis que nos venden corre el riesgo de provocar un pavoroso incendio social. Dice Alfredo Pérez Rubalcaba sobre esta contrarreforma constitucional que “es necesaria y razonable porque nada hipoteca más a un país que una deuda que no se puede pagar”. La sensación que produce, si se analiza con frialdad, es que vivimos en un sistema concebido como un gran supermercado. Respuestas como las del candidato socialista sólo incrementan la zozobra de que nada está en nuestras manos. Ansiedad que se acumula ante la ausencia de un proyecto realista que llene de significado un proceso de reconstrucción económica, que no es una cuestión de obligar a que todos nos apliquemos en pagar lo que consumimos sino que se trata de consumir lo necesario. Es decir, la coherencia es asumir de que la clave contra la crisis no es proteger al insaciable mercado sino solidarizar la cultura ciudadana actual.


La reforma constitucional debería sancionar las amenazas veladas de quienes en nombre de la libertad de mercado acumulan enormes cantidades de riquezas. Me refiero a que resulta inquietante escuchar a un empresario de éxito censurar una supuesta subida de impuestos a las grandes rentas pero aun es más hiriente observar sus negativas a declarar la guerra a los paraísos fiscales. Su respuesta es banal: el Gobierno que aplique estas medidas corre el riesgo ruinoso de provocar la huida de quienes consideren que estos privilegios son amenazados. ¿Y si se les limitara los derechos constitucionales por semejante intimidación?

El debate de la reforma constitucional ha abierto el litigio sobre qué queremos hacer con nuestra economía. Y la fórmula elegida –a tenor de los discursos de unos y otros- confirma dos cuestiones. La más clara es que por el procedimiento del pacto entre los dos principales partidos se intenta neutralizar una discusión que pueda debilitar a la criatura. Este método tiene mucho que ver con la presumible indiferencia con que los ciudadanos deberían seguir este tipo de procesos enmarañados. Es fácil. Se aprueba y ya se puede patalear en la calle lo que se quiera, que el artículo no lo cambia ni dios.
El otro mecanismo puesto en marcha para mitigar la impacto negativo de la reforma constitucional está en los grandes medios de comunicación. Ante el miedo a que un referéndum deje al bipartidismo imperante en situación comprometida, nada mejor que montar un debate preventivo ante al ojo catódico que todo lo ve. Que bien. El debate se ha organizado porque al PP le convenía y al PSOE le parece bien. Mismo tiempo de exposición de ideas para cada uno, dos políticos amortizados para sus causas frente a frente y allá en su horizonte, el 20 de noviembre. La democracia liberal se ha estancado en las tinieblas mientras prepara el camino hacia una fase en la que las meninges ciudadanas serán estigmatizas de violentas y antisistema. 
Quizá si se lograra una oportunidad para los demás, la cosa cambiaría porque las minorías suelen ser el espejo del pueblo. Ya lo dijo Rousseau. Ellos cuadran el círculo. Son el voto útil porque hablan de la pluralidad al estar excluidos del debate; discuten de la diversidad, el respeto y la vertebración de las diferentes culturas porque están obligados a vivir en la periferia del monoteísmo político imperante, es decir, del mercado. Es decir no pillan nada. ¿Se dan por aludidos? Me temo que no. La monedas sólo tienen dos caras y hablan idiomas parecidos.
El otro día escuché las explicaciones de Rajoy y Rubalcaba. Casi me duermo. Una compañera de fatigas me contó al menos diez bostezos en 15 minutos de telediario. Creo que entré en una especie de ensoñamiento en el que estaba atrapado en una habitación a oscuras ambientada con las voces de ambos políticos. Me desperté empapado en sudor y llamando a mi madre para que me salvara del ‘Hombre del saco’. Uno de ellos (o los dos) pusieron a dios por testigo que España no volverá a pasar hambre. Unos artistas en la representación magistral de un papelón de cuidado y ríanse ustedes de la Scarlett O’Hara en ‘Lo que el viento se llevó’. El problema es que luego regresas a la realidad y te deprimes.
Olvidaba decir que lo que ahora está en juego en la calle es la voluntad del pueblo. Para la clase política tiene un valor capital porque se juegan su prestigio. ¿Y para los ciudadanos? Las cifras, que son gélidas pero que a veces sirven de candelas, indican que más del 60% de quienes viven en España creen que esta crisis es un buen negocio para los banqueros y una pesadilla para los pobres. Dicho de otro modo que a base de críticas a las reformas constitucionales y recortes sociales terminaremos convertidos en enemigos de España. Vamos, que ayer pregunté a un taxidermista amigo qué va a votar el 20N y me respondió que en blanco porque incluir la Autodeterminación en la Constitución no le mola pero quiere dar caña al límite del déficit.

Eh, txo!, por Hertzainak (Atera hadi kalera)

Gogoratzen haiz ze ondo
pasatzen gintuen
Kriston martxa zegon
sasoi ilun hoietan 
Gaur dirudi
demokraziak utzi haula
pott egina
Ipurdi hartzeari 
gustua hartua dioala
Inorako bidean doazen
Hanka motel hoiek
nork esango zian hireak direla

Leku guztitatik korrika ibiltzen hintzen, egunero

Ta orain ikusten haut zintzilik eta guztiz
aiko-maiko.
Eh txo! Gehiegi itxoiten duk
Hire begirada herabetiak agertzen dik
zer egin jakingabetasunak indargabe haula

 Benetan zeharo akabatita hagola 
ematen dik ta
Ezin duk konformagaitz bat izan hintzela
gogoratu
Eh txo! Gehiegi itxoiten duk
Atera hadi kalera,
ta berreskura hire martxa
itxoiten ezin duk ezer lortu

Lucha en la calle

“Si hay violencia en nuestros corazones, es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia” (Gandhi)

Fotografía: ©Ramón, en Periodismo Humano

Alguien debería de alertar a los políticos que mensajes como el que lanzó el miércoles Artur Mas sobre la ‘línea roja’ y el uso legítimo de la violencia contra los indignados ni siquiera son originales. Vivimos en una especie de pacifismo de Estado, donde cualquier brote de violencia popular es considerado una afrenta a la democracia y motivo sobrado para ilegalizar otras grandes aventuras. 

Comprendo (y añado que lo comparto) que a determinadas personas moleste que en un movimiento tan sosegado y autocontrolado como el 15M se hayan encendido unas pequeñas brasas de odio como una muestra puntual de su tenaz rebeldía. Es denunciable a nivel interno pero recuerdo que después de 31 días de pacífica protesta, los Indignados sólo han recibido del poder político indiferencia, algún que otro apoyo oportunista (Cayo Lara), declaraciones desafiantes (Esperanza Aguirre), dos cargas monumentales (Madrid y Barcelona), la constitución de ciertos ayuntamientos y Cortes  repleta de imputados en casos de corrupción y envueltos en rancios juramentos bajo palio (Valencia), y aprobaciones presupuestaria absolutamente hirientes para los principios de justicia social que defienden desde su nacimiento (Cataluña). ¿No estábamos todos de acuerdo en que vivimos una crisis tan profunda que se necesita de todos para un cambio estructural? 
Si esto es así será porque nuestros ojos, los de quienes entendemos que es el progreso del Hombre lo que está en juego, aún reconocen que el objetivo final es la profundización de la democracia pese a tanto cinismo inventado en los palacios de invierno que mueven los hilos de esta sociedad. ¿Qué decían los programas electorales de CIU y el PP sobre los recortes en educación, en sanidad y en otros servicios públicos? Absolutamente nada.
Hace un año, el europarlamentario de Los Verdes, Daniel Cohn-Bendit, metía el dedo en la llaga del problema al referirse a la situación de Grecia, cuya crisis de valores es extrapolable a otros países como el nuestro: “No existe una identificación con el Estado. Existe el ‘cada cual a lo suyo’ y eso es lamentable”. Y se pregunta: “¿No deberíamos convencerles con prácticas y no con decretos? El consenso hace falta crearlo porque la culpa es de todos”. El resto del discurso de Cohn-Bendit no tiene desperdicio. Aquí lo dejo para que lo escuchen con detenimiento y saquen sus conclusiones.

Con todo, lo más grave de las insinuaciones vertidas por el President Mas es que deja en el aire cuál es, a partir de ahora, la diferencia entre un acto de indignación y un delito. Esto es un grave error. Siento repetirme como el ajo pero es que temo que la clase política ha comenzado a cerrar el círculo de las libertades y considere que ha llegado la hora de explicar a palos quien manda aquí. Es decir, mano dura no vaya a ser que la tribu de los perroflautas (una generalización errónea) pongan en entredicho la democracia en vigor (y el objetivo de sus políticas restrictivas). 
Es probable que de esta forma acaben con la sensación de inseguridad de sus señorías, incluso que expandan el miedo al desafío pero no neutralizarán la incertidumbre. ¿Qué deben hacer los ciudadanos para canalizar su desencanto, para participar, para aportar, para ayudar? ¿Votar cada 4 años a políticos que sirven intereses especulativos, que pueden hacer trampa en cualquier momento? Sin proponérselo, Franz Kafka comienza a ser rescatado de las sombras. Provoca vértigo observar cómo su novela ‘El Proceso’ toma cuerpo real. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Poco a poco. 

Los Indignados confían en su fuerza

La última campanada de la medianoche del domingo trajo a la Puerta del Sol el promisorio mensaje de que la Policía ya ha puesto un límite a los toldos turquesas del cuartel general del Movimiento 15-M: Hoy concluye la respetuosa vigilancia mantenida desde hace dos semanas y, a partir de ahora, cualquier momento puede ser propicio para el desalojo. 
A lo largo de la tarde de ayer, los cientos de “indignados” de Sol estaban decididos a agotar el plazo antes de trasladar los inacabables debates a los barrios, a los distritos, a otras calles, a la red. Estos foros deberán tomar el relevo para apuntalar el compendio de propuestas de todo signo y condición que han quedado en el tintero, muchas discutidas con rapidez y escasa precisión….

El reportaje completo en Estrella Digital

Plaza de Catalunya

 Cuando la imaginación conspira, el Poder se pone el uniforme
Observemos a esa joven sentada en la Plaza de Catalunya que levanta sus manos blancas en señal de paz, al chaval que pide a los Mossos un poco de piedad, a la señora indignada ante semejante brutalidad. Escuchemos los golpes secos de las porras contra los cuerpos indignados de tanto sol de agresividad. Miremos a esos policías huérfanos de sueños para que los que el nuevo Sol les impide comprender nada. Escuchemos también a su gélido comandante, al conseller Felip Puig, hablando de limpieza y de fútbol mientras una de sus bestias nos rompe la cara sin reparar en los estragos. 
Aturdido, un ciudadano anónimo trata de cubrirse el cuerpo en una posición inútil. Agredidos por el espanto, los acorralados se resisten al envilecimiento de su conducta, a aceptar el envite de que tras una carga policial ciega, tras esos brutales porrazos, siempre habrá una respuesta pareja. Craso error.
Despreciado conseller Puig y salvajes policías, hablemos pues de los golpeados, de los racimos de cuerpos tatuados que habéis desparramado por el asfalto con vuestras armas. Ellos, los heridos, y nosotros, los indignados, juzgaremos la envidia que acarrea vuestra violencia. Porque es rencor lo que os purga las entrañas, resentimiento corrosivo al ver cómo compartimos la vida de un sueño mientras vosotros os dedicáis a conservar a golpes los restos de un sistema que se hunde bajo los pies. 
No, repudiado conseller; no, humillados Mossos. Ahora no es el momento de hablar de fútbol ni de limpieza. Vuestra razón está enjaulada, encerrada tras una mordaza de servil vileza. Nihilismo es el lenguaje que utilizásteis, al fin de cuentas. ¿De qué sirve golpear a un padre y a su hija, a una pareja de enamorados que un instante antes se comía a besos?. Sois las sombras de un sistema donde los sueños intentan ser relegados. Teméis a las masas conscientes, a las manos silenciosas que se agitan al cielo, a perder vuestra porra. Tenéis pánico a la unión.
Y ustedes, ilustrísimos políticos ganadores en las urnas, los que guiáis tan felizmente nuestra condición de ciudadanos, ¿cómo podéis envolveros en banderas de división? Resulta turbador observar vuestra inquietud por el poder. Olvidáis que también vosotros necesitáis espejos donde encontrar unión en lugar de espesas sombras. 
No queremos cerrar filas entorno a gestos de afirmación porque el sueño de hoy no reclama líderes. ¿Qué pensarían vuestros abuelos que lucharon por recuperar la justicia y la libertad? A estas horas, de vuestras bocas sólo emanan palabras que queman. Luchas internas que ahondan vuestra condición de derrotados. Mensajes secos como porrazos. Palabras incapaces de vencer el desasosiego que habéis sembrado. Por eso golpeáis. Es el recurso de quienes no tienen respuesta.