Yemen en el limbo mundial

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Foto: Reuters

Hay días que piensas que no tenemos remedio. Observas el estado del mundo y sientes una punzada de rebelión contra tu propia especie. La guerra me empuja a ello. Acabo de repasar las portadas de los principales diarios españoles y veo que reflejan la masacre perpetrada hoy en Yemen como si fuera un suceso de otro planeta. Con distancia, frialdad y hasta resignación.

No defiendo el pacifismo porque la guerra es tan profunda como nuestra conciencia. No podemos escapar de ella. Está en nuestra naturaleza. Son los hechos, los hechos indiscutibles, que debemos aceptar si queremos vivir acordes al mundo. Pero quienes denuncian los motivos que empujan a unos contra otros con el fin de su aniquilación física no piensan que la vida es bella y el sol, agradable de mirar. Para nada. Simplemente saben que la guerra da rienda suelta a lo peor del hombre. Y Yemen es una vergüenza mundial.

Prestamos muy poca atención a lo que allí sucede pero dudo mucho que sus habitantes tengan resistencia para asimilar el castigo al que están siendo sometidos durante más tiempo.

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Maixabel Lasa

A punto de cumplirse 15 años del asesinato de su marido Juan María Jauregui, ex gobernador civil de Guipuzkoa, Maixabel Lasa sólo lamenta que ETA no haya desaparecido del todo. Y también que por su culpa, ella ya no pueda pasear por Tolosa cogida de la mano de su esposo. Le echa de menos, “sí, muchísimo”, dice pero el tiempo le ha permitido aceptar el vacío. Directora de la Oficina de Víctimas en Euskadi durante 11 años, Lasa (Legorreta, 1951) sabe que la cinta del horror terrorista en Euskadi no puede ser rebobinada. Por eso prefiere hablar del hoy y del mañana. De quienes ahora temen la estigmatización de abandonar la banda en prisión y de cómo se escribirá la historia de los años del plomo. Para esta histórica militante socialista, queda todavía un largo recorrido para reconciliar a los vascos con ese pasado terrible. Y censura sin ambages al Gobierno de Rajoy por impedir que víctimas y victimarios que así lo deseen puedan hablarse a la cara. Ella lo hizo con los asesinos de su marido y algo cambió para siempre.

Pregunta. Una vez contó que su marido le dijo que había soñado que ETA le asesinaba.

Respuesta. Sí. Me lo comentó el mismo día que le mataron. Bajé a abrirle la puerta del garaje porque tenía una cita en Tolosa y me lo soltó de golpe. Me quedé helada porque Juan Mari no era de exteriorizar sus miedos o preocupaciones. Le respondí que no pensara esas cosas porque eso no podía suceder Unas horas después me llamó mi hermana y me dijo escuetamente: No salgas de casa. Entendí inmediatamente lo que quería decirme y el mundo se derrumbó a mi alrededor. Desgraciadamente, hoy pienso en ello y me digo que algunos sueños se hacen realidad. Por lo menos, el de mi marido.

Una terrible coincidencia

Fue un cúmulo de extrañas coincidencias. Otra es que cuando estaba en un lugar público, por precaución, siempre se sentaba de cara a las puertas y las ventanas. Sin embargo, aquel día no lo hizo así.

Entrevista completa en Ctxt

Charlie Hebdo

Acaban de morir los presuntos autores de la masacre de Charlie Hebdo en París. Todo está resultando turbador, demasiado irreal, como una pesadilla que no termina de quedarse atrás, porque todo es cierto, está ocurriendo de verdad.

El unánime grito “Je suis Charlie” utilizado inicialmente como antídoto colectivo contra el mal que acompañó a esa matanza grotesca e inútil, ha comenzado a transformarse en no pocos foros en un “Je ne suis par Charlie” (Yo no soy Charlie). Hay una explicación al respecto

No le faltan razones al autor, José Antonio Gutiérrez D. para justificar la cochambre colosal de esta frágil civilización que habitamos, más preocupada por ahondar nuestra condición dividida, brutalmente a veces, que en conciliar estados de necesidad. Pero resulta turbador leer que el mal causado por los asesinos de 12 personas hinca sus raíces en la opresión manifiesta que Occidente practica contra muchos países musulmanes. Y, lo que es aún peor, que hay mucha hipocresía en el espanto causado por la matanza cuando ese mismo día en Yemen fueron asesinados medio centenar de ciudadanos ante la indolencia del mundo. Para cuadrar el círculo, este escritor considera que Charlie Hebdo es una basura grotesca cuyos éxitos más sonoros se sustentan en ridiculizar insolentemente al Islam. 

No comparto su opinión. 
Cierto es que en estas latitudes se lucha fieramente desde hace muchos años contra la obstinación de la política occidental por presentar a los musulmanes como la cantera mundial del terrorismo internacional y a Israel como su angustiada víctima.

Recuerdo que con motivo de los bombardeos israelitas en Gaza de 2008, el responsable de comunicación de la embajada hebrea en Madrid pidió al responsable de redacción del diario Público donde trabajaba la inmediata retirada de una viñeta en la que aparecía un soldado judío armado hasta los dientes pisoteando la cabeza de un palestino famélico. Su desairado argumento era la humillante utilización de todos los estereotipos lacerantes que los nazis manejaron contra su pueblo: nariz aguileña, brazalete con la estrella de David y barba blanca hasta el ombligo. 

Para nosotros aquello era una prueba de la enajenación que envolvía a un Gobierno obsesionado con un pasado espantoso incapaz de aceptar la crítica. No pasó nada y la caricatura, muy punzante por cierto, fue publicada del día siguiente aunque la presión contra el diario continuó durante varias semanas.
La realidad es que los israelíes han demolido miles de hogares palestinos en Cisjordania, han expulsado a miles de palestinos de sus tierras, han construido cientos de asentamientos ilegales en Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán; han perpetrado matanzas estremecedoras como la de Dueima, Sabra y Shatila; han bombardeado, destruido e invadido países limítrofes hasta el punto de que, en la actualidad, ocupan territorio libanés, sirio, además del palestino, contraviniendo la ley internacional. “¿Puede todo esto jugar algún papel en el ‘odio islámico’ que dicen combatir?”, se preguntó mil veces Edward Said, un pensador palestino de calibre largo. Pues sí.

Tanta ponzoña enraizada en Gaza, en Siria, Afganistán, Irak y otros tantos países confirman el avance de teorías que niegan todo principio ético del diferente. Como en los barrios marginales de toda Francia o en cualquiera de sus colonias, donde las autoridades galas jamás se han preocupado por la integración de sus hijos ni por el respeto a sus culturas. Sólo hace falta ir a Martinica, que parece más una réplica de Arcachon que un país caribeño.

Visto así tampoco soy Charlie Hebdo y no me gusta un pelo la dirección que nos señalan con el dedo los amos del universo.

Pero hay un elemento que aporta una cierta ventaja: El laicismo conquistado y que tantos muertos dejó en el laberinto de la Historia. Se trata de una frontera gruesa que cada día se apuntala ante los embates furibundos de unas religiones resentidas por ser arrinconadas a la privacidad del individuo. Gracias al laicismo podemos leer revistas de mal gusto, nos mofamos del cardenal, denunciamos al obispo por pederasta, hemos contenido una reforma prehistórica de la ley del aborto, retiramos los crucifijos de los centros oficiales y luchamos por imponer la ética ciudadana en los planes de estudio como alternativa a la religión.

Matar a Charlie Hebdo es atacar a esta realidad conquistada. En España, secuestraron una portada de El Jueves y todos pusimos el dibujo censurado en señal de protesta. Era una muestra de repulsa a los brotes censores que el sistema intenta imponer para frenar su miedo. Censurar, encarcelar, matar.

Con toda esta batería de presión en ebullición, lo lógico es que la situación navegue dramáticamente a peor, hacia el despeñadero, hacia la asfixia total. En Europa ya medra el fascismo por las hidras de la democracia. La misma cara de la moneda de quienes masacraron la revista francesa. Extremismos brutos. El islamismo no es radical ni todos los europeos somos arrogante. De hecho, una de las víctímas era musulmán 
En la plácida tarde de ayer, la policía detuvo en la entrada del Metro a unos chavales magrebíes para identificarlos. Según los agentes, había motivos sobrados para hacerlo: Se había colado sin billete. Según algunos usuarios los cazaron a lazo, porque su origen exhalaba una sospechosa imagen de ilegalidad, el recelo de ser un peligroso inmigrante. Después de media hora de registro, de preguntas y de espera, los chavales siguieron su camino. Es posible que llegaran tarde a una cita o a un trabajo. Pero eso era lo de menos. Identificarlos empieza a ser normal aunque a muchos nos parezca tan abstracto como la física cuántica.

Lo importante es que la razón de mierda que muchos pelagatos llevan dentro les asiste y justifica. Así nos va. Las llamas del enfrentamiento no retroceden. Avanzan. Hasta que todos quedamos ciegos y desdentados. La muerte hace unas horas de los presuntos autores de la matanza quizá pudo haber sido evitada. No lo sé. Por eso y porque considero que mi humor debe mejorar mucho, soy Charlie Hebdo. 

11 de marzo: La Candela.

La candela es la unidad mínima de la intensidad luminosa. A menudo nos alumbra las sombras. A menudo nos recuerda a los que un día se fueron. Hoy es 11 de marzo. Han pasado diez años de una de las gloriosas demostraciones que el hombre hizo de la sinrazón que acompaña a su existencia. Sirva esta mínima candela para calentar el gélido frío de los muertos. Para sacudirnos el recuerdo de aquel espanto grotesco e inútil. Una candela que afloje los sentidos que se resisten al envilecimiento de la escritura, que sigue negándose a aceptar que tras tantas muertes hubo una sola explicación. 
Cada 11-M la palabra debería estar de luto, enterrada en un desierto de hierros como si se tratara de la muerte misma de toda esperanza. Por eso, hoy, diez años después, sigue resultando turbador observar como algunos siguen tejiendo con aquel dolor banderas de división. En España, en Siria, en Ucrania, en Venezuela. Olvidan que cuando la rabia despierta bajo la piel, el hombre busca cobijo, espejos donde encontrar unión y sentirse, como esta candela, una parte ínfima de esta frágil civilización. 
Pero seguimos escuchando palabras que desgarran y queman, que ahondan nuestra condición dividida, brutalmente a veces. Palabras incapaces de vencer al mal, de extraer del hielo una lumbre que temple este invierno gélido que habitamos. ¿Qué pensarán los muertos? Que esta candela de la fotografía sirva, al menos, para iluminar sus tinieblas.

Texto escrito el 11 de marzo de 2011.

Euskadi song para fin de año

La casualidad detuvo la retórica poética de Bertold Brecht en Euskadi cuando trataba de concluir la letra del cabaret Happy end. El compositor Kurt Weill le puso música y nació el tema Bilbao song para que Marianne Faithfull lo cantara una octava por debajo de la escala tónica llorando como una magdalena: “Podías obtener placer y ruido por un dólar en Bilbao. En la pista de baile crecía la yerba y a través del techo, se veía la Luna verde. (…)  ¿Por qué me duele tanto? Aquí vivió mi amor y están mis recuerdos”. 
Suena bien la versión de Faithfull, salvo por un detalle: el color de la Luna ya no es verde, sino gris plomo. El matiz gélido y distante del terrorismo en una sociedad dolorida de tanto cruzar los dedos para que ETA desaparezca de una vez. Ahora viven a la espera de un comunicado por navidad. Envueltos en una serena calma. Siguiendo con la vida.
Así están las cosas. Sin embargo, puestos a buscar signos de normalidad con los que salir de este laberinto de mensajes muertos, la gran ventaja es que en esta tierra de mitos con tintes de tragedia griega sigue existiendo un aceptable sentido del humor. “¿Cuál es el secreto del espíritu guerrero de los vascos?”, se preguntaban en un programa televisivo en el que se parodia los tópicos cotidianos de Euskadi. “Pues creernos que a los romanos les echamos a pedradas cuando en realidad les vendíamos queso de Idiazábal”.
PD: Imposible encontrar la versión de Faithfull pero, de verdad, es desgarradora

Felipe X en el jardín del bien y del mal

“Las palabras son todo lo que tenemos”. Samuel Beckett

Felipe González quiere que todos acabemos celebrando la extinción de su culto. Como un becerro de oro, aparece de cuanto en cuanto en grandes titulares con frases pomposas y alambicadas para recordarnos que aún está aquí, que envejece como un humano y que, como Jesucristo en el desierto, sufre lo indecible ante las tentaciones de un mal que campa a sus anchas.
Pero Felipe sólo es una sombra que habita en un pasado ominoso. Demasiado oscuro y lejano aunque siga pensando que es el dueño de las palabras. Un oráculo que escupe letras como un muñeco roto.
Su entrevista de ayer en El País laminó mi conciencia. Logró que a partir de ahora me tape la nariz cuando abra la boca. Que mire hacia otro lado cuando le escuche dar consejos ante situaciones delicadas. En definitiva, que transformaré su nombre en alimento para mi indiferencia. 
Pero, ¿qué incidencia tienen los argumentos para un arrogante del poder?
Que Felipe miente más que habla es una moneda de curso legal para miles de ciudadanos, vascos y no vascos, desde hace muchos años. La deriva de su razón práctica haría partirse de risa a Kant. La entrevista de ayer fue el último capítulo de una esquizofrenia política tramposa. Felipe muerde la mano de aquellos que creyeron en sus intenciones de justicia social.  Pero es que además de ser más anacrónico que un dinosaurio en la era espacial, demuestra que traicionó a su propia causa. Sus palabras de ayer convirtieron al eslabón más débil de la guerra sucia que se practicó en Euskadi durante su reinado, Segundo Marey, en  cautivo postmortem de aquella estrategia beligerante y a un condenado por secuestro y asesinato como el general Enrique Rodríguez Galindo en una víctima del sistema.
Hace años que Felipe se fue de este mundo. Ya no sabe cómo es la ciudadanía, qué piensa, qué desea, qué quiere.  Pero él insiste en seguir ahí, colocando palabras-trampa para cazar despistados. Que sepa que muchos estamos en la otra orilla y que el ánimo nos impide mirar hacia atrás. Llevábamos demasiado tiempo equivocados. La esperanza no es conocer la verdad de lo que sucedió durante su mandato sino que Felipe González se mire de una vez por todas en el espejo del tiempo y se eche a llorar. De vergüenza, se entiende.

ETA, Chávez, el Papa y los amos del mundo

Quizá por el azar de haber nacido en Euskadi o por disfrutar de una profesión hoy tan devaluada como el periodismo, decidí en su día indagar en los raíces del terrorismo que se practica en mi tierra sin que ello me haya impedido contemplar con absoluta indignación lo que sucede en otros lugares del planeta.

A la hora de escribir sobre el laberinto de fantasmas en los que vivimos encerrados, siempre he pensado que la mejor forma de encarar el embrollo era mantenerse esterilizado frente dogmas, estereotipos o simpatías que pudieran restar efectividad al objetivo de comprender nuestra contradicción existencial, las razones que (nos) empujan a unos y otros a patrimonializar sobre el dolor, la verdad, la pertenencia, el poder y, como es el caso de este post, los hilos que mueven un mundo (el nuestro) con un nivel de vida alto y una autonomía sobresaliente.

Para lograrlo (ya desistí de ello) se requiere un compromiso inquebrantable con la honestidad porque el camino está salpicado de escollos perturbadores que parecen diseñados en el laboratorio del Dr. Mabusse. La experiencia puede llegar a ser frustrante. Con esto quiero decir que escribir sin prejuicios maniqueos sobre ETA, sobre Hugo Chávez o sobre el Papa, puede convertirse en una prueba decisiva para ser expulsado del paraíso. Precisamente por ello me pregunto tantas veces cuánto debo explicarme para no tener que dedicar un folio a tratar de justificarme. Pero el esfuerzo resulta tan incongruente como intentar saltar sobre tu propia sombra o jugar al ajedrez contra uno mismo.  

1.- ENEMIGOS. El odioso terrorismo que ha practicado ETA nos ha otorgado a miles de ciudadanos un gigantesco capital político y moral para reclamarles cuentas. A la vista está que los asesinatos que han cometido desde hace más de cuatro décadas han servido para acumular una ira que las instituciones democráticas están condenadas a enfriarlas porque si dejáramos que se desaten, dos de nuestras principales conquistas, la palabra y la justicia, pueden verse seriamente (o aún más) afectadas. Ya ha ocurrido en otros lugares. Muchos pensamos que contra ETA hay que tomar partido. No caben las medias tintas: ella o nosotros. Pero este axioma que nos une, también nos divide. Cuando hemos tratado de encarar la realidad compleja de su solución, surge una revelación visceral como ahora sucede con la abrupta gresca desatada por el ‘caso Cubillas’.

Presionar para forzar un cambio de relaciones con el Gobierno venezolano urdiendo un argumentario destinado a hundir aún más en el fango del descrédito a un político controvertido como Hugo Chávez -pero no por ello más espantoso que Álvaro Uribe o Felipe Calderón- es el origen de durísimas trifulcas dialécticas. De la misma manera, la reunión mantenida entre el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, y la abogada abertzale, Jone Goirizelaia, ha sido la preciosa gasolina que se necesitaba para avivar el fuego de los infiernos. Incluso con el aplauso sincrónico de personajes como José Blanco y el verbo incendiario del inefable Antonio Basagoiti. 

2.- PATRIMONIO DE LA VERDAD. Bajo el paraguas de la evidencia moral de que a la maldad, cualquiera que sea su naturaleza, sólo se le combate con la fuerza y leyes de emergencia como las que permiten privar de ciertos derechos civiles a quienes apoyan o justifican la brutal expresión de la violencia política (como en Euskadi), han ido apareciendo argumentos preciosos para empezar a laminar cualquier atisbo de disidencia.

No es mi intención lavarle la cara a nadie, especialmente a un Gobierno que no anda sobrado de talento ni de audacia. Pero sí me parece sangrante lo que este ruido ensordecedor genera en amplios sectores sociales. En el caso particular de las víctimas del terrorismo etarra, no es más víctima Irene Villa que Eduardo Madina por la capacidad de racionalización de su dolor, como tampoco era más honesto Álvaro Uribe que Hugo Chávez por el volumen de su grito. Desde luego, no me imagino a los supervivientes del Holocausto nazi discutiendo entre ellos por quien está más legitimado para hacer valer su testimonio por encima del de otras víctimas. Un juego fácilmente manipulable y perverso.

3.- SIMPLIFICAR LA REALIDAD. La bronca cansa a la gente y termina haciéndola insensible. Se aplauden rítmicamente calificativos infrahumanos para referirse a determinadas personas y se pide catalogar como actos de justicia lo que sospechosamente empiezan a parecer operaciones de venganza. Y eso no refuerza la legalidad sino que la erosiona. La elevación de importantes problemas (crisis económica, paro, inmigración, pobreza, radicalismos religiosos) a la categoría de peligros desestabilizadores es simplificar una realidad compleja y menospreciar la esencia de la democracia.

4.- LA PRENSA. La beligerancia, de la que la clase política es la principal responsable, ya ha provocado víctimas colaterales. Una de ellas es la prensa, la primera en dar el paso al frente en la cruzada  del “cambiemos todo para no cambiar nada” obviando que con ello se desertaba de su histórica función de contrapoder y de bastión intelectual. Si algún capítulo de nuestra biografía reciente sirviera para interiorizar los efectos devastadores de la verdad, la prensa vería hoy que toda manipulación es absurda.

De ahí que cuando los adalides de mantener tensas las bridas de la ética imperante se empeñan en repetir que se está cediendo al chantaje terrorista, o que Venezuela es socio del Eje del Mal, o que las advertencias del Papa (obviando sus perversiones) sobre la laicidad conlleva peligros colosales, uno ya no sabe a que carta quedarse: si con la de la ceguera calculada o con la de la confianza en unos dirigentes que ven en estos dislates una oportunidad histórica para que comulguemos con ruedas de molino. ¿Cuánto cinismo se oculta en quien plantea que o las cosas se hacen como yo quiero o no se juega?

5.- EPÍLOGO. Presiento que lo que ahora se solventa no es el futuro de la humanidad, ni la libertad individual, ni siquiera el rumbo de una economía maltrecha. Lo que se dirime en esta encrucijada es quien debe mandar ahora que los cimientos se tambalean. Y en ese escenario todos tienen su parte de culpa aunque algunos pensaremos que unos tengan más que otros. La retórica aterradora que llevan vendiéndonos como inevitable si nos salimos del carril marcado no se asienta en el vacío sino en una ansiedad que ha empezado a manifestarse entre yugos y flechas. Un pesado péndulo ha comenzado a mover la cordura hacia la periferia de nuestro particular mundo.